viernes, julio 17, 2026
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Verano 2026 según CAME: 30,7 millones de turistas, casi 11 billones de pesos y estadías cada vez más cortas

Un informe de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) señala que el verano 2026 cerró con 30,7 millones de turistas y un impacto económico cercano a los 11 billones de pesos, con más movimiento que en 2025 pero estadías cada vez más cortas y rentabilidad ajustada para el sector.


De acuerdo con el relevamiento elaborado por la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), la temporada de verano 2026 mostró una dinámica de menor a mayor y terminó con un balance superior al del año pasado: viajaron más turistas, se generó mayor impacto económico y la agenda de eventos volvió a funcionar como un motor clave de la convocatoria en todo el país.

Según el informe, entre diciembre y febrero se contabilizaron 30,7 millones de turistas recorriendo distintos destinos argentinos, con un impacto económico cercano a los 11 billones de pesos en consumo vinculado a alojamiento, gastronomía, transporte, recreación y compras.

En comparación con la temporada 2025, la cantidad de personas que viajaron creció 9,5%, mientras que el gasto total real aumentó 4,5%, impulsado sobre todo por la mayor cantidad de turistas que pernoctaron al menos una noche fuera de su ciudad de origen.

Más turistas, pero estadías más cortas

El informe de CAME señala que el gasto diario por turista alcanzó los $97.101, cifra que resulta 28,2% superior en términos nominales frente al verano pasado, pero que representa una caída del 3,3% a precios constantes, una vez descontado el efecto de la inflación.

La estadía media se ubicó en 3,65 noches, apenas por debajo de las 3,7 noches registradas en 2025, pero bastante lejos de los niveles de años anteriores: en 2023 la media había sido de 4,15 días y en 2022 de 4,65 días.

En términos relativos, la permanencia promedio es hoy 12% menor que en 2023 y 21% más baja que en 2022.

Para la entidad, este comportamiento confirma un cambio estructural en los hábitos de viaje: ante un contexto de ingresos más ajustados, “el principal mecanismo de adaptación del turista no es dejar de viajar, sino reducir la duración de la estadía, mientras que el gasto diario se mantiene relativamente más firme en relación con la experiencia elegida”.

Temporada por “picos” y fuerte peso de eventos

La radiografía del verano muestra un comportamiento heterogéneo pero dinámico, con diferencias marcadas entre destinos.

Según CAME, la temporada se organizó cada vez más en torno a “picos” de demanda: fines de semana, festivales, carnavales y competencias deportivas actuaron como disparadores concretos del viaje, acelerando las reservas y elevando la ocupación incluso en destinos que habían comenzado con registros bajos.

En este esquema, los lugares que combinaron naturaleza, agenda cultural y eventos lograron altos niveles de ocupación, mientras que otras plazas tuvieron desempeños más moderados y sensibles al clima, al calendario y a la capacidad de generar propuestas diferenciadas.

La entidad destacó que se consolidó un nuevo perfil de turista, que decide con poca antelación, prioriza experiencias específicas y ajusta la duración de su estadía. En la mayoría de los destinos consolidados, la permanencia se mantuvo en torno a 3 o 4 noches, mientras que en plazas de paso o escapadas regionales fue aún más corta.

Gasto selectivo y producto diferenciado

El informe describe un gasto más selectivo pero todavía significativo. El consumo se concentró en productos y experiencias de mayor valor agregado, como excursiones, gastronomía de calidad, espectáculos y propuestas culturales, mientras que se moderaron los consumos accesorios o prescindibles.

Allí donde el producto turístico estuvo bien diferenciado —con propuestas claras, identidad local y buena organización— el impacto económico fue “contundente”. En cambio, en destinos menos competitivos o con oferta poco atractiva, la temporada se sintió más moderada.

Eventos + cultura + deporte se consolidaron como la fórmula más efectiva para sostener el movimiento turístico, permitiendo mantener niveles aceptables de actividad incluso en un contexto de mayor prudencia en el gasto.

Desafíos: rentabilidad ajustada e informalidad

En el capítulo de problemas, CAME advierte que el sector se enfrenta a una rentabilidad muy ajustada, en un escenario de costos operativos elevados, tarifas reguladas, presión fiscal y competencia creciente de la informalidad.

La entidad también menciona la dependencia del clima y de la agenda de eventos como factores que aportan volatilidad a la temporada y obligan a una planificación más flexible por parte de prestadores y destinos turísticos.

En síntesis, el verano 2026 dejó un balance con más turistas y mayor impacto económico que en 2025, pero ratificó una tendencia que ya se venía observando: estadías más breves, gasto más selectivo y un sector que necesita cada vez más profesionalización, creatividad y coordinación público-privada para sostener la actividad en un contexto de ingresos familiares condicionados.

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