El presidente estadounidense formalizó en el Foro de Davos la creación del Board of Peace, un organismo para gestionar la reconstrucción de Gaza y otros conflictos, con el apoyo de países aliados –entre ellos Argentina– y fuertes reparos de Europa y de organizaciones internacionales por su impacto sobre el sistema de la ONU.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, encabezó en Davos la ceremonia de firma de la carta fundacional del Board of Peace, un nuevo organismo internacional que se presenta como plataforma para “resolver conflictos” y coordinar la reconstrucción de Gaza, pero que ya genera controversia por su diseño, sus miembros y el alcance de sus poderes.
En el acto celebrado este jueves en el marco del Foro Económico Mundial, Trump firmó el documento que pone en marcha formalmente el Board of Peace y lo consagra como su presidente. Sobre el escenario lo acompañaron representantes de alrededor de 20 países, entre ellos Argentina, Qatar, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Turquía, Indonesia, Pakistán, Egipto, Jordania, Marruecos, Bahréin, Hungría, Kazajistán, Uzbekistán, Vietnam, Armenia, Azerbaiyán y Bielorrusia.
Según la Casa Blanca y funcionarios estadounidenses, en total unos 35 gobiernos habrían aceptado sumarse a la iniciativa sobre una lista de invitaciones que ronda los 50 países, con adhesiones especialmente concentradas en aliados de Washington en Medio Oriente y Asia.
Un organismo con vocación global y un costo de 1.000 millones de dólares
El Board of Peace nació como pieza central del plan de Trump para el “día después” en Gaza, luego de más de dos años de guerra y destrucción. Sin embargo, la carta de 11 páginas que se firmó en Davos apenas menciona el enclave palestino y define un mandato más amplio, vinculado a “promover estabilidad, paz y buen gobierno en zonas afectadas o amenazadas por conflictos”.
El diseño institucional coloca a Trump como presidente del organismo, acompañado por un “consejo ejecutivo fundador” en el que figuran el secretario de Estado Marco Rubio, el ex primer ministro británico Tony Blair, el enviado especial Steve Witkoff, el asesor y yerno presidencial Jared Kushner, el vicepresidente de Seguridad Nacional Robert Gabriel, el titular del Banco Mundial, Ajay Banga, y el empresario Marc Rowan, entre otros.
La carta prevé que los Estados miembros tengan mandatos de tres años, pero introduce la figura de la membresía permanente para aquellos que aporten 1.000 millones de dólares al fondo del Board of Peace. Ese monto se presenta como contribución para la reconstrucción de Gaza y otras intervenciones futuras. Funcionarios estadounidenses han aclarado que el aporte sería “voluntario”, aunque en los hechos funcionará como un filtro para el núcleo duro del organismo.
En paralelo, el texto otorga a la presidencia de Trump facultades ejecutivas amplias, incluido el poder de vetar decisiones y, bajo ciertas condiciones, remover miembros. Esa concentración de poder, sumada al peso político y financiero de Washington, alimenta las advertencias de diplomáticos y especialistas sobre el riesgo de construir una estructura paralela a la ONU.
Relación con la ONU y mandato sobre Gaza
El Board of Peace no nace completamente por fuera del sistema multilateral. En noviembre de 2025, el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó la resolución 2803, que “acoge con beneplácito” la creación del organismo como administración transitoria para Gaza hasta 2027, con la misión de coordinar fondos para la reconstrucción, supervisar una fuerza internacional de estabilización y reportar cada seis meses al propio Consejo.
En la práctica, ese paraguas formal se limita a Gaza. Más allá de ese escenario, sigue sin estar claro qué capacidad jurídica real tendrá el Board of Peace para actuar en otros conflictos ni cómo se coordinará con Naciones Unidas y con otros organismos existentes.
Esa ambigüedad aparece en el propio discurso de Trump, que en Davos celebró que, una vez completo, el Board of Peace podrá “hacer prácticamente lo que quiera” en materia de resolución de conflictos, al tiempo que aseguraba que “trabajará con muchos otros, incluida la ONU”. Críticos del plan interpretan esas frases como una señal de competencia directa con el sistema multilateral actual.
Países que se suman y países que se mantienen al margen
La foto de la firma en Davos estuvo dominada por gobiernos de Oriente Medio y Asia. Se sumaron oficialmente países como Arabia Saudita, Qatar, Egipto, Jordania, Emiratos Árabes Unidos, Turquía, Pakistán e Indonesia, además de Estados de Europa del Este y Asia Central como Hungría, Azerbaiyán, Kazajistán, Uzbekistán y Bielorrusia. También figuran Marruecos, Kosovo, Vietnam, Paraguay y Argentina, entre otros.
Más controvertida es la presencia de líderes cuestionados por violaciones a los derechos humanos o por su rol en conflictos activos. El presidente bielorruso Alexander Lukashenko aceptó la invitación de Washington, en un nuevo gesto de acercamiento con la Casa Blanca. El primer ministro israelí Benjamín Netanyahu también acordó sumarse, en paralelo a las negociaciones sobre el futuro de Gaza.
En el extremo opuesto se ubican varias democracias europeas. Noruega y Suecia ya comunicaron que no se sumarán al Board of Peace, mientras que Francia anticipó que no firmará y el gobierno italiano advirtió que integrarse a un organismo liderado por el presidente de otro país podría contradecir su Constitución. Canadá expresó su apoyo “en principio”, pero condicionó una adhesión plena a mayores precisiones sobre el mandato y la gobernanza del nuevo organismo.
Rechazo europeo y dudas sobre Putin
El caso del Reino Unido se convirtió en una de las repercusiones diplomáticas más claras tras la firma. La ministra de Relaciones Exteriores, Yvette Cooper, confirmó que Londres no será uno de los signatarios del tratado por ahora. Explicó que el gobierno británico respalda el plan de reconstrucción para Gaza, pero tiene “serias reservas” sobre la participación del presidente ruso Vladímir Putin en un órgano que pretende hablar de paz mientras continúa la guerra en Ucrania.
Otras capitales europeas comparten esas inquietudes. Gobiernos de Francia, Noruega, Suecia y Eslovenia han manifestado públicamente sus recelos frente a la invitación a Putin y a la posibilidad de que el Board of Peace erosione el papel del Consejo de Seguridad. Incluso dentro de la lista de países que aparecen en comunicados oficiales de Washington, se registran rectificaciones: Bélgica tuvo que aclarar que no firmó la carta fundacional pese a figurar inicialmente en un listado de la Casa Blanca, y pidió una posición europea coordinada antes de tomar una decisión.
Moscú, por su parte, mantiene una postura ambigua. Medios estatales rusos informaron que Putin evalúa enviar 1.000 millones de dólares al Board of Peace como contribución para el pueblo palestino, incluso explorando el uso de activos rusos congelados en el extranjero. El Kremlin, sin embargo, sigue “consultando con socios estratégicos” y no confirmó formalmente la adhesión.
Críticas desde Gaza y temores por el rol de la ONU
Mientras en Davos se firmaba el tratado, la recepción en Gaza fue notablemente más fría. Voces palestinas señalaron que el Board of Peace discute el futuro del enclave “como un problema a gestionar” más que como un territorio con derechos colectivos por reconocer.
Organizaciones y analistas recuerdan que, pese a tratarse de un plan centrado originalmente en Gaza, la carta del Board of Peace no menciona a los palestinos como sujetos políticos ni establece un camino definido hacia un Estado palestino. El diseño se enfoca en la seguridad, la desmilitarización y el desarrollo inmobiliario y turístico, con proyectos de nuevas ciudades y polos residenciales financiados por capitales externos.
En el campo académico y diplomático, varios especialistas interpretan el Board of Peace como un intento de construir una estructura paralela al sistema de la ONU, con fuerte impronta personalista y una gobernanza centrada en la figura de Trump y en un reducido círculo de aliados políticos y empresariales. La preocupación central es que decisiones clave sobre paz y reconstrucción se tomen en un ámbito con representación limitada de Europa, sin participación directa de la sociedad civil palestina y con incentivos económicos condicionados a aportes millonarios.
Impacto para la región y próximos pasos
Para Estados Unidos, el Board of Peace funciona como vitrina de una estrategia que mezcla diplomacia, negocios e infraestructura en una región atravesada por guerra y crisis humanitaria. Para los países que firmaron en Davos, la apuesta combina la posibilidad de incidir en el rediseño de Gaza, mejorar vínculos con Washington y participar de grandes contratos de reconstrucción.
Desde la perspectiva europea y de buena parte del sistema multilateral, en cambio, la firma del tratado abre un interrogante sobre el equilibrio de poder en la gobernanza global: hasta dónde el Board of Peace se limitará a gestionar la transición en Gaza bajo mandato de la ONU y en qué medida avanzará sobre otros conflictos, redefiniendo de hecho quién decide y financia los procesos de paz en los próximos años.
Por ahora, la firma de la carta fundacional en Davos marca el punto de partida formal del Board of Peace. El verdadero alcance de este nuevo organismo se jugará en los meses que vienen, en función de tres variables clave: la evolución del alto el fuego en Gaza, las decisiones de actores centrales como Rusia, China y la Unión Europea, y la capacidad de los palestinos de hacer oír su voz en un esquema del que, hasta ahora, quedaron prácticamente afuera.







































