Por Equipo La Jornada
“Es Santiago”, dijo Sergio Maldonado.
Y fue inevitable sentir un gran dolor. Porque lo queríamos con vida, porque lo necesitamos. Necesitamos de su lucha, de su compromiso solidario. Porque le dio carnadura a aquello de “sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo”.
80 días pasaron. Y realmente es difícil dimensionar la angustia que debe haber sentido su familia al no saber de él. Su mamá, su papá, sus hermanos, sus amigos. La desesperación que despierta la incertidumbre, la falta de respuestas, no se borra con la aparición de su cuerpo. La bronca que da el maltrato y la falta de respeto al que la familia fue sometida en estos 80 días por parte de los medios de comunicación hegemónicos.
Santiago Maldonado fue negado
Cuando se empezó a conocer que tras la represión que llevó adelante Gendarmería Nacional el 1 de agosto en la Pu Lof en resistencia Cushamen, había desaparecido uno de los manifestantes de nombre Santiago Maldonado, de inmediato los responsables políticos de dicho accionar y sus cómplices mediáticos pusieron en duda -cuando no directamente lo negaron- que Santiago hubiese estado allí ese día.
A medida que pasaban los días, Santiago no aparecía. Cuando se sumaban los testimonios de su presencia en esos hechos, no tardaron en montarse operaciones de prensa para instalar que había sido levantado en una ruta mesopotámica por un camionero, o bien por un matrimonio que juraba y perjuraba que lo habían llevado con ellos en un alejado camino del sur patagónico.
La impunidad con que se suelen manejar los había enceguecido. Al punto de llegar a sostener, como lo hizo Elisa Carrió, que existía un 20% de probabilidades de que Santiago se hallara en Chile. Sin dar ni una mínima explicación de dónde sacó ese porcentaje. Sin dejar de mencionar el repudiable chiste en torno al estado de conservación del cuerpo hallado el martes en el Río Chubut, comparándolo con el mito que existe en torno a los restos de Walt Disney.
Santiago Maldonado fue difamado
Nunca fue “Santiago” para esos actores del poder. Nunca utilizaron con él ese recurso retórico tan habitual de identificar al o la protagonista de una historia con su nombre de pila para lograr un efecto de empatía que nos solidarice y nos vincule directamente con él o ella. Santiago siempre fue el piquetero, el manifestante, el artesano, el hippie, el anarquista, el viajero sin rumbo… el subversivo.
Claramente se buscó –y con notable éxito en algunos sectores del pueblo argentino- deshumanizarlo, que no sintiéramos empatía con su lucha, con sus ideas.
Ese viejo y despreciable recurso de identificar a alguien a través de adjetivaciones cargadas de sentidos peyorativos se puso una vez más en práctica, como en la nefasta época de la dictadura cívico-militar en que los calificativos de “terroristas” y los “subversivos” servían para demonizar y, por ende, justificar, que alguien pudiese ser secuestrado y asesinado. Como afirman los “teóricos del etiquetamiento”, califica a alguien de bruja y puedes después quemarla.
Santiago Maldonado fue prohibido
Nadie debía mencionarlo. Hubo campañas para que el tema no se tratase en las escuelas. En los allanamientos a organizaciones sociales y políticas en Córdoba –previo a la marcha al cumplirse un mes de su desaparición forzada- la policía se llevó, entre otras cosas, las banderas, carteles y afiches que tuvieran el rostro o consignas que lo mencionaran.
A esto se suma el triste y repudiable episodio de censura que vivió la periodista Fabiana Bringas por parte del director de Radio Nacional Córdoba, Orestes Lucero. “No puedo entender por qué desde la producción o usted desde la conducción da entidad, en un día preelectoral, a un acontecimiento en un hecho que es evidentemente político a la madre de Jones Huala”, reclamó Lucero.
Santiago estaba el 1 de agosto del corte de la Ruta 40 pidiendo la liberación del lonko Facundo Jones Huala, acompañando la lucha del pueblo mapuche. La comunidad mantiene desde hace dos años una disputa por las tierras adquiridas por el grupo Benetton, que reclaman como propias. Y esa lucha continúa.
Nuevamente desempolvaron el discurso subversivo del enemigo interno, para demonizar a quienes luchan por las tierras que son parte de una identidad cultural que se forjó mucho antes que sus antecesores fuesen expulsados, perseguidos y aniquilados.
Lo negaron, lo difamaron y lo prohibieron. Superaron todos los límites éticos posibles. Vulneraron derechos y garantías que son la base de nuestro sistema democrático. Fundamentalmente, el derecho a la vida.
Te nombramos, Santiago Maldonado. Y en tu nombre, exigimos JUSTICIA.
Pedimos justicia por Santiago, porque queremos saber qué pasó con él. Pedimos justicia porque no sólo son culpables quienes provocaron directa o indirectamente su muerte, sino también los responsables políticos de esta violenta represión y su encubrimiento. Pedimos justicia porque dijimos NUNCA MÁS a toda violación de los derechos humanos por parte del Estado y lo seguimos manifestando cada día de nuestras vidas.
“Tu ser solidario te ha convertido en el hijo de todos”, decía uno de los carteles pegados en la morgue judicial. Eso sentimos. Abrazamos a su familia. Abrazamos a sus amigos. Abrazamos con el alma a todo aquel que se conmovió con la historia y con la lucha que emprendió Santiago.
Santiago Maldonado estará presente en cada uno de los soñadores que busque construir un mundo más justo.
Nota correspondiente a la edición n° 488 del semanario La Jornada, del 22 de octubre de 2017.






































