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Cuando se piden precisiones, cruje el balance oficial del verano en Villa Carlos Paz

Por Alejandro Gómez


En Villa Carlos Paz, los balances de temporada siempre fueron terreno sensible. No es nuevo. Desde siempre, cada verano deja una disputa conocida entre números oficiales, percepciones del sector privado y lecturas políticas interesadas. Podría decirse que forma parte del folklore local. Pero este año pasó algo distinto: dirigentes de la oposición decidieron contrastar los datos que el propio municipio difundió en distintos momentos de su historia reciente y cruzarlos, además, con cifras de la Agencia Córdoba Turismo. Y ese ejercicio dejó al descubierto una serie de inconsistencias que, más que cerrar la discusión, la reabrieron con fuerza.

El 4 de marzo, la Municipalidad presentó en el Hotel Pinares Panorama su balance oficial del verano 2026. Allí informó que más de 450 mil turistas visitaron la ciudad durante la temporada, que la ocupación promedio fue del 70% —con picos del 95% en Carnaval—, que la pernoctación promedio fue de 5,4 noches, que el impacto económico alcanzó los 449 mil millones de pesos y que el nivel de satisfacción de los visitantes llegó a 4,8 sobre 5. También destacó una tasa de fidelización del 68%, es decir, siete de cada diez turistas ya conocían el destino.

El intendente Esteban Avilés reforzó la lectura triunfalista que viene caracterizando a la comunicación oficial en materia turística. Habló de liderazgo provincial “por lejos”, de una ciudad ubicada entre las más importantes del país y de una comunidad que merece “el aplauso” por esos resultados. En esa escena, el municipio volvió a sostener el relato de una plaza siempre exitosa, con indicadores robustos y una experiencia turística casi sin fisuras.

El primero en reaccionar públicamente fue el ex candidato a defensor del Pueblo Santiago Juliá, que cuestionó el balance difundido por el municipio y sostuvo que, al compararlo con los datos oficiales de la Agencia Córdoba Turismo, el relato de un verano extraordinario empezaba a perder consistencia. Juliá resumió su planteo con una frase de alto voltaje: “el costo del Estado municipal está expulsando turistas de Carlos Paz y el sector comercial mira para otro lado”. A partir de esa idea, intentó mostrar que la ciudad aparece en los propios números oficiales como un destino más caro que el promedio provincial, sin que ese mayor costo se traduzca en una mejora real para el sector privado. En su lectura, Carlos Paz se volvió un destino caro no porque hoteleros o gastronómicos ganen más, sino porque el peso del Estado sobre la economía local es cada vez mayor, y ese costo termina trasladándose al turista. El cierre de su posición fue todavía más directo: “No habrá relato capaz de sostener la actividad”, advirtió, al plantear que la economía real no perdona las negaciones y que el mismo Estado que hoy construye el relato puede terminar dañando seriamente al sector privado local.

Después de esa primera reacción, el concejal Daniel Ribetti tomó esa línea de cuestionamiento, la profundizó y la llevó al terreno institucional. Presentó un pedido para interpelar al secretario de Turismo, Sebastián Boldrini, con el objetivo de que explicara en el Concejo la metodología utilizada para elaborar el balance oficial.

El eje central del planteo fue la comparación entre los datos de 2026 y un balance municipal difundido en 2017 para los meses de enero y febrero. Allí se hablaba de más de un millón de turistas, una ocupación hotelera promedio del 73,75%, una estadía de 5 días y un 76% de visitantes repetidores. La comparación con 2026 deja un contraste difícil de explicar de manera lineal: la ocupación y la estadía promedio aparecen relativamente estables, pero la cantidad de turistas se habría reducido más de un 55%.

Esa observación abrió la pregunta más incómoda del debate: ¿cómo puede ser que con niveles de ocupación similares se informe menos de la mitad de turistas? Las respuestas posibles no son tantas. O cambió drásticamente la capacidad hotelera de la ciudad, o cambió la metodología de medición, o ambas cosas. Pero si eso ocurrió, el municipio tiene la obligación política e institucional de explicarlo con precisión, porque se trata de estadísticas públicas sobre la principal actividad económica local.

La segunda inconsistencia apuntada por la oposición estuvo en el cálculo del gasto. Si se toma el impacto económico total informado por el municipio —449 mil millones de pesos—, se lo cruza con los 450 mil turistas y con una estadía promedio de 5,4 noches, el resultado arroja un gasto diario por persona cercano a los 184.773 pesos. En paralelo, desde el oficialismo se deslizó un valor de alrededor de 201 mil pesos diarios. La diferencia con el promedio provincial informado por la Agencia Córdoba Turismo —algo más de 120 mil pesos por persona y por día— es demasiado grande como para pasar inadvertida. No prueba por sí sola que el dato local sea falso, pero sí obliga a explicar con detalle qué rubros se están incorporando, qué universo de gasto se está midiendo y con qué criterio.

Hay un tercer punto que también golpea el relato del éxito permanente. Si la provincia informó 6.750.000 turistas durante la temporada y Villa Carlos Paz declaró 450 mil, la participación de la ciudad dentro del total provincial ronda apenas el 6,7%. Para una plaza que se presenta a sí misma como locomotora del turismo cordobés, el dato abre un interrogante sobre competitividad relativa, volumen real y capacidad de captación frente a otros destinos.

Lo que siguió fue, quizás, más revelador que las cifras mismas. El jueves 12 de marzo, en el Concejo de Representantes, la oposición intentó avanzar con la convocatoria a Boldrini para que explicara en el recinto la metodología utilizada. El oficialismo no respondió con una exposición sólida de datos ni con un desglose técnico que ayudara a despejar dudas. Se refugió, en cambio, en argumentos generales: que los instrumentos de medición habían cambiado, que no era lo mismo turistas que visitantes o excursionistas, y que la información ya había sido presentada en el Pleno de Gobierno que se desarrolló el 20 de febrero. Y expuso a Ribetti por no asistir a esta instancia institucional.

Sin embargo, ese argumento se desarmó durante la propia sesión. El concejal Fernando Revello, que sí había participado de ese Pleno, aclaró que allí no se expuso el balance completo de la temporada sino únicamente el de Carnaval. La precisión fue importante, porque mostró que el escudo institucional al que apelaba el oficialismo no alcanzaba para responder los cuestionamientos sobre los datos globales presentados recién el 4 de marzo.

Al final, Carlos Paz Unido hizo lo que suele hacer cuando una discusión se vuelve incómoda: usó su mayoría para mandar el pedido a comisión y enfriar el tema. La decisión evitó la interpelación, pero no disipó ninguna duda. Por el contrario, dejó una sensación todavía más fuerte de opacidad. Si el balance es sólido, si la metodología resiste y si los números son consistentes, no debería haber problema en explicarlos públicamente.

En ese punto se inscribieron también las críticas posteriores. Revello advirtió que cuando las estadísticas se manipulan —a favor del gobierno o de la oposición— se pierde algo esencial: la capacidad de planificar. Ribetti planteó que el oficialismo no pudo defender la política pública de promoción turística ni profundizar sobre la metodología utilizada. En lugar de responder con precisiones, eligió descalificar: a él lo trataron de “kirchnerista demagogo”, pero sin aportar datos que derribaran sus objeciones.

Ahí aparece el corazón de este debate. No se trata sólo de una pelea de concejales ni de una pulseada por instalar un titular. Se trata de cómo se construyen, comunican y defienden las estadísticas oficiales en una ciudad cuya economía depende de manera decisiva del turismo. Si el municipio quiere presentar cada verano como un éxito indiscutible, necesita algo más que frases grandilocuentes, palabras repetidas por turistas o un promedio de satisfacción difícil de auditar. Necesita números comparables, criterios claros y metodología accesible.

Lo que muestra ASHOGA: más ocupación, pero con márgenes ajustados

Mientras el municipio presentó una temporada de números fuertes y alta satisfacción, el balance de ASHOGA dejó una foto más matizada del verano 2026. La entidad informó que la segunda quincena de febrero cerró con una ocupación promedio del 67% en establecimientos formales, con un cierre de mes más flojo tras el arranque de clases y un Carnaval que había funcionado como gran pico de demanda.

En términos mensuales, ASHOGA reportó un promedio del 74% en enero y del 69,5% en febrero. El dato confirma una recuperación interanual en ocupación, pero el diagnóstico del sector formal fue más prudente que el relato municipal. La principal advertencia pasó por la rentabilidad: los costos operativos siguieron subiendo, la carga tributaria se mantuvo alta y muchos establecimientos optaron por sostener tarifas similares a las del año pasado para no perder competitividad.

El balance también subrayó otros rasgos del nuevo escenario turístico: reservas de último momento, estadías más breves, un consumidor más cauteloso y fuerte dependencia de estímulos puntuales como eventos y fines de semana largos. A eso se suma, según la entidad, la preocupación por el crecimiento del alojamiento informal, que genera competencia desleal y distorsiona precios. En síntesis: más movimiento, sí, pero con menos previsibilidad y márgenes cada vez más ajustados para el sector que invierte y genera empleo.

Nota correspondiente a la edición n° 621 del periódico La Jornada, del 25 de marzo de 2026.

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