La participación ciudadana se derrumba elección tras elección. De un 47% en 2013 a apenas el 17,2% en 2025. La desafección es profunda y pone en cuestión el sentido de la institución.
La elección de defensor del Pueblo en Villa Carlos Paz confirmó este domingo lo que ya no es una tendencia, sino un derrumbe: la participación ciudadana cayó al 17,2% del padrón, el nivel más bajo desde que se incorporó la figura en la Carta Orgánica Municipal. Apenas 10.212 carlospacenses acudieron a votar, en una jornada atravesada por el frío, sí, pero también —y sobre todo— por la indiferencia.
Víctor Curvino, actual defensor, fue reelecto con 3.046 votos, menos de la mitad de los que obtuvo en 2021. El dato, por sí solo, no alcanza para explicar la magnitud del fenómeno. Para dimensionarlo, hay que volver al inicio:
- En 2013, Alejandro Luchessi (UCR) fue electo con 8.042 votos en comicios donde votaron 25.022 personas, el 47% del padrón.
- En 2017, Daniel Mowszet (Crecer por Carlos Paz) ganó con 7.552 votos; la participación cayó al 36%.
- En 2021, Curvino obtuvo 6.106 votos y solo votó el 25,5%.
- En 2025, la caída fue libre: 17,2% de participación, con una victoria lograda con apenas el 5,15% del total del padrón.
La explicación no se encuentra únicamente en el desconocimiento de la función del defensor del Pueblo, ni puede atribuirse exclusivamente a la falta de campañas institucionales. Lo que estos números reflejan con crudeza es un proceso sostenido de desafección ciudadana, una pérdida de confianza en la capacidad real de la Defensoría para representar, intermediar o resolver los problemas concretos de los vecinos.
La crisis de legitimidad es evidente. ¿Qué representa un cargo electo con el voto de apenas uno de cada cinco ciudadanos? ¿Qué nivel de representación puede tener un defensor del Pueblo cuando ocho de cada diez carlospacenses optan por no participar?
La apatía es un síntoma, pero también una advertencia. En tiempos de fragilidad institucional, creciente descreimiento en la política y ausencia de mecanismos reales de rendición de cuentas, el resultado de este domingo interpela no solo a los candidatos, sino a todo el sistema político y social que sostiene —o deja caer— esta figura.
La Defensoría nació para ampliar derechos, proteger al ciudadano frente al poder y fortalecer la participación democrática. Lo que está ocurriendo hoy en Villa Carlos Paz es exactamente lo contrario: una desconexión cada vez mayor entre la institución y la comunidad, una fractura que, si no se atiende, amenaza con volverla irrelevante.
Es momento de asumir la gravedad del dato. No alcanza con celebrar un triunfo si el terreno bajo los pies se sigue desmoronando. Porque cuando el voto deja de ser la herramienta de transformación y se transforma en un trámite para pocos, la democracia pierde una parte de su esencia. Y eso debería preocuparnos mucho más que cualquier resultado.































