miércoles, febrero 11, 2026
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Bad Bunny hizo historia en el entretiempo del Super Bowl con un show latino, político y masivo

El puertorriqueño Bad Bunny encabezó el espectáculo del entretiempo del Super Bowl LX en el Levi’s Stadium, con un set casi íntegro en español, guiños a Puerto Rico, una boda en vivo, invitados de lujo y récord de audiencia, en medio de reacciones que fueron de la ovación a la polémica.


El entretiempo del Super Bowl LX tuvo este domingo un protagonista absoluto: Bad Bunny, que convirtió el campo de juego en una postal caribeña y firmó una de las presentaciones más comentadas de los últimos años. En poco más de 20 minutos, el artista puertorriqueño repasó sus mayores hits en español, homenajeó a su tierra, sumó invitados de talla mundial y dejó imágenes pensadas para circular durante semanas en redes sociales.

El show se montó sobre una escenografía que recreó paisajes y escenas de Puerto Rico, con una plantación de caña de azúcar, una “casita” sobre el campo y banderas de toda América, mientras las tribunas del estadio de los Seattle Seahawks y los New England Patriots seguían el espectáculo de pie. El concepto fue el de una gran fiesta latina a cielo abierto, cruzando reggaetón, trap y salsa ante la audiencia más grande de la TV estadounidense.

Un set en español y guiños al reggaetón clásico

El arranque fue con “Tití Me Preguntó”, uno de los himnos recientes de su discografía, que encendió al público desde el primer minuto. A partir de ahí, la lista de temas combinó éxitos como “Yo Perreo Sola”, “El Apagón” y “DtMF” con fragmentos de clásicos del reggaetón, incluyendo referencias a pioneros del género como Daddy Yankee y Don Omar, en un guiño explícito a la historia del movimiento urbano caribeño.

Visualmente, el campo se transformó en distintos “capítulos”: desde la zafra en la caña hasta una fiesta de barrio, con coreografías multitudinarias, pantallas que mostraban paisajes caribeños y un vestuario que jugó con blanco total, brillos y detalles bordados. El propio Bad Bunny lució una camiseta con su apellido, Ocasio, y el número 64, que generó especulaciones en redes sobre sus posibles significados.

Boda en vivo, invitados estrellas y un Grammy en manos de un nene

La lista de invitados fue otro de los puntos altos. En distintos momentos aparecieron Lady Gaga para una versión en clave salsa de “Die With a Smile” y Ricky Martin para un segmento que mezcló sus éxitos con el repertorio del anfitrión, reforzando la idea de puente entre generaciones del pop latino. También se sumaron figuras como Pedro Pascal, Cardi B, Karol G, Young Miko y Jessica Alba, en un desfile de celebridades que funcionó como guiño a la cultura pop global atravesada por raíces latinas.

Uno de los momentos más comentados fue la boda en vivo: una pareja real se casó sobre el escenario, con pastor, orquesta y testigos, en el centro del campo de juego. La escena, confirmada luego como un casamiento auténtico y no una puesta ficticia, reforzó el tono de celebración y el mensaje de diversidad con el que se presentó todo el espectáculo.

Minutos después, el cantante sorprendió al entregar su Grammy a un nene que lo observaba desde el escenario, gesto que luego fue presentado como un símbolo de esperanza y de lo que puede alcanzar una nueva generación de artistas latinos. Medios estadounidenses destacaron que el show buscó “compartir un mensaje de esperanza, incluyendo la esperanza de lo que una persona puede lograr”, en línea con esa escena.

El cierre llegó con fuegos artificiales y una frase proyectada que quedó como síntesis del mensaje de la noche: “The only thing more powerful than hate is love” (Lo único más poderoso que el odio es el amor).

Récord de audiencia y explosión en plataformas

En términos de impacto, el entretiempo de Bad Bunny ya se ubica entre los más grandes de la historia del evento. Datos difundidos en Estados Unidos indican que la transmisión del show alcanzó un pico de más de 142 millones de espectadores, superando marcas previas de la NFL para el entretiempo.

Del lado de Apple Music, que patrocina el espectáculo, se registró un aumento de siete veces en las escuchas de Bad Bunny inmediatamente después del show, con canciones como “DtMF”, “BAILE INoLVIDABLE” y “Tití Me Preguntó” liderando las reproducciones. La conferencia de prensa previa al partido, centrada en su “camino hacia el entretiempo”, se convirtió además en la más vista en la historia del evento, con decenas de millones de visualizaciones.

En paralelo, redes sociales se inundaron de fragmentos del espectáculo, análisis del setlist, memes sobre la boda en vivo y debates sobre el peso simbólico de que el show estuviera casi íntegramente en español en el evento deportivo más visto de Estados Unidos.

Repercusiones: orgullo latino, debate político y fake news desmentidas

Las primeras críticas especializadas coincidieron en calificar la presentación como “histórica”, “revolucionaria” e “inherentemente política”, por la manera en que llevó la historia y la cultura puertorriqueña al centro de la escena y por su decisión de cantar en español frente a una audiencia mayoritariamente angloparlante.

Figuras del deporte y del espectáculo norteamericano celebraron en redes el show, destacando la energía, la representación latina y la puesta en escena. Desde jugadores de la NFL hasta músicos y actores compartieron mensajes de apoyo, en un clima general de euforia que se replicó especialmente en Puerto Rico y en comunidades latinas de Estados Unidos.

En el otro extremo, el ex presidente Donald Trump volvió a cargar contra el espectáculo. En sus redes calificó el show como “absolutamente terrible” y lo presentó como una supuesta “afrenta” a los valores estadounidenses, en línea con las críticas que ya había lanzado cuando se anunció que el artista sería el elegido para el entretiempo.

Grupos conservadores también impulsaron un “halftime alternativo” transmitido por streaming, con Kid Rock como figura central y organizado por la organización Turning Point USA, que buscó capitalizar el rechazo de parte del electorado a la elección de Bad Bunny para el Super Bowl.

La performance además se cruzó con el debate migratorio en Estados Unidos. Días antes del partido, circuló la versión de que un niño que había estado detenido por autoridades migratorias aparecería en escena junto al artista, pero luego se aclaró que el chico que participó del show no era Liam Ramos, el menor cuyo caso se había viralizado meses atrás. Paralelamente, se difundieron toallas con consignas críticas hacia el accionar de ICE, distribuidas de manera silenciosa entre el público que ingresaba al estadio.

Entre el orgullo de buena parte del público latino, el entusiasmo por la dimensión estética del show y las críticas de sectores conservadores, el entretiempo de Bad Bunny terminó de consolidar al artista como una figura global capaz de trasladar su universo —idioma, códigos, referencias y reivindicaciones— al escenario más masivo del deporte estadounidense. Para la historia del Super Bowl y de la música latina, el capítulo de Santa Clara quedará como la noche en la que el reggaetón tomó el centro del campo y no pidió traducción.

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