El pacto establece un alto el fuego, la reapertura del estrecho de Ormuz y una negociación de 60 días sobre sanciones, fondos congelados y el programa nuclear iraní. La firma formal está prevista para el 19 de junio en Suiza, aunque todavía persisten tensiones en la región.
Estados Unidos e Irán anunciaron un acuerdo preliminar para poner fin a la guerra que durante más de tres meses sacudió a Medio Oriente, alteró el comercio internacional y elevó la tensión global por el control del estrecho de Ormuz, una de las rutas energéticas más sensibles del mundo.
El entendimiento fue comunicado tras una mediación encabezada por Pakistán, con participación diplomática de Qatar, Turquía y Egipto. La firma formal del pacto está prevista para el viernes 19 de junio en Suiza, donde las partes deberán sellar un memorando de entendimiento que servirá como base para una negociación más amplia.
El acuerdo contempla un alto el fuego inmediato y permanente entre Washington y Teherán, además del cese de operaciones militares en los distintos frentes vinculados al conflicto. También establece la reapertura progresiva del estrecho de Ormuz, que había quedado bloqueado o restringido durante la escalada bélica.
Ese punto es clave para la economía internacional. Por Ormuz circula una parte central del comercio mundial de petróleo y gas natural licuado, por lo que su cierre o limitación había disparado la preocupación de los mercados energéticos y de los países importadores.
Según los términos difundidos hasta ahora, Estados Unidos levantaría el bloqueo naval sobre puertos iraníes y congelaría la aplicación de nuevas sanciones. En paralelo, se abriría una etapa de conversaciones de 60 días para definir el futuro de las sanciones vigentes, la liberación de fondos iraníes congelados en el exterior y los límites al programa nuclear de Irán.
Teherán, por su parte, asumiría el compromiso de no producir ni adquirir armas nucleares y de congelar el avance de su programa nuclear mientras dure la negociación. Los aspectos más complejos, como el tratamiento del uranio enriquecido, la infraestructura nuclear y los mecanismos de verificación, quedarán para la mesa diplomática que se abrirá después de la firma.
El pacto también prevé que Irán pueda retomar parcialmente sus exportaciones de petróleo bajo condiciones específicas. Para el régimen iraní, la liberación de fondos congelados y la flexibilización de sanciones aparecen como dos de los puntos centrales para avanzar hacia una salida política del conflicto.
Pese al anuncio, el acuerdo todavía no despeja todas las incertidumbres. Las partes mantienen versiones diferentes sobre algunos puntos sensibles, especialmente en torno al control operativo de Ormuz, los tiempos para levantar restricciones económicas y el alcance real de las obligaciones nucleares.
También pesa el rol de Israel, que participó de la ofensiva inicial junto a Estados Unidos y no quedó completamente integrado en la comunicación del entendimiento. En las últimas horas, nuevos ataques en Beirut reavivaron la tensión regional y dejaron en evidencia que el camino hacia una paz estable seguirá condicionado por múltiples actores.
El secretario general de la ONU, António Guterres, saludó los esfuerzos diplomáticos y pidió evitar cualquier acción que pueda hacer fracasar la tregua. La comunidad internacional observa el acuerdo como una oportunidad para detener la escalada, pero también como un proceso todavía frágil.
La guerra comenzó a fines de febrero, con ataques de Estados Unidos e Israel contra objetivos iraníes, en medio de negociaciones inconclusas sobre el programa nuclear de Teherán. Desde entonces, el conflicto se extendió a distintos frentes de Medio Oriente, afectó el tráfico marítimo y volvió a instalar el temor a una guerra regional de mayor escala.
Con el anuncio del acuerdo preliminar, la prioridad inmediata será sostener el alto el fuego hasta la firma en Suiza. Luego comenzará la etapa más difícil: convertir el memorando en un pacto duradero que permita normalizar la navegación en Ormuz, contener el programa nuclear iraní y reducir el riesgo de una nueva escalada militar.




































