Fuente: Télam
Por Federico Dambrine
El Parque Nacional El Palmar, sitio Ramsar con importancia y protección internacional que recibe a más de 150.000 visitantes por año, se erige como reservorio de historia y de ecosistemas únicos y especiales, que fuera de sus límites prácticamente desaparecieron en los últimos siglos por el avance de la agricultura, la cría de ganado que se alimentaba de palmeras jóvenes y la tala indiscriminada.
Con hasta 600 palmeras por hectárea, la reserva cuida a las ejemplares de yatay, que llegan a vivir siete siglos y medir 18 metros de altura, y que hace unos 400 años colmaban las actuales provincias de Chaco, Corrientes, Santa Fe, Entre Ríos, y el país Uruguay.
Sus troncos y copas son el refugio de más del 25% de las especies de aves que existen en el país; y los frutos de las palmeras, carnosos y agridulces, convocan a gran cantidad de animales que se cruzan constantemente por los senderos y caminos.
En sus 8.213 hectáreas confluyen miradores con paisajes y atardeceres únicos e inolvidables; arroyos, bosques y selvas a los que se puede llegar en auto, moto o bicicleta, ya que aún no hay transporte público hasta el lugar.
Ubicado a 40 kilómetros de Colón, 65 de Concordia, a unos 320 de Rosario y a 350 de Ciudad de Buenos Aires, las palmeras al borde de la ruta nacional 14 confirman, como en un cuento que invita a seguir conociendo, que el ingreso al Parque está cerca.
Por un camino de ripio a unos 6 kilómetros de la entrada, se presenta un desvío al mirador “La Glorieta” y a otros dos senderos entre bosques con un “rabión”, donde por la pendiente y las rocas aumenta la velocidad y turbulencia del arroyo El Palmar, que sintoniza con los cantos de las aves.
Al regresar al camino principal, otra caminata invita a conocer entre palmeras la historia de la región y recorrer pastizales muy importantes para los ñandúes, animal clave ya que comen las semillas, fomentan la siembra de palmeras y equilibran el ecosistema.
Es muy común ver de cerca todo tipo de animales, principalmente carpinchos y vizcachas, por lo que recomiendan no alimentarlos ni perturbar su ambiente, y también avanzar a menos de 40 kilómetros por hora por los caminos, y a 20 por los paseos.
Más adelante, otro sendero especial para guardar paisajes en la memoria desemboca en una escalera natural de piedras que continúa por debajo del agua; y un desvío del camino principal lleva hasta un observatorio, al que anualmente arriban cientos de aficionados de todo el mundo.
En silencio, logran observar a más de 250 especies que conviven en el parque y que representan al 25% de las familias que existen en Argentina, entre unas 100 especies de aves migratorias y más de 200 aves residentes, que construyen nidos de hasta dos metros de diámetro.

A casi 12 kilómetros de la entrada se ubica el camping de 7 hectáreas, con un costo de $1.000 para recorrer hasta las 18, o de $3.600 para dormir en una parcela con bancos, mesa, enchufes, parrillas y un área de servicios en la antigua casa de peones.
También es el punto de partida de un sendero que muestra la invasión de especies vegetales exóticas y va hasta el arroyo Los Loros, con sus excursiones en canoa; mientras otra senda recorre los edificios, jardines y el casco histórico de una vieja estancia .
“La Calera del Palmar” es uno de los más elegidos y, al cruzar una gran selva en galería, surgen ruinas con diferentes historias.
En la zona conviven vestigios de las comunidades originarias del 1200, como un viejo cementerio del siglo XVIII; las expediciones españolas y asentamientos jesuitas con sus construcciones; el paso de Urquiza; una empresa que se instaló en 1955; y el inicio del Parque, en 1966.
Al finalizar el camino, un mirador natural funciona como punto panorámico con paisajes mágicos e inolvidables entre los colores del río y sus peces, la arena rubia, y la mezcla de bellezas y colores de pájaros, árboles y flores.
Las playas están habilitadas desde el 1 de diciembre hasta el domingo de Semana Santa, y próximamente se agregará un banco de arena llamado “el paraíso entrerriano”.
El último sendero, el de la Selva, es el más dificultoso y se recomienda completar un registro antes de iniciarlo, y llevar gorro o sombrero, protector solar, repelente y mucha agua.
Según Nahuel Abdala, responsable del área de Uso Público de El Palmar, donde trabaja hace más de 11 años, se puede recorrer todo el año pero la mejor época es “primavera, fines de verano y principios de otoño”.
Las entradas se pueden adquirir en https://ventaweb.apn.gob.ar/reserva/parques, o en el ingreso, en efectivo, débito o con Previaje.
Jubilados, personas con discapacidad y menores de 6 años pueden recorrer sin costo; estudiantes terciarios, universitarios, entrerrianos y menores de entre 6 y 16 años pagan $1.000; argentinos mayores de 17, $1.500; y extranjeros $5.500.
Las opciones de hospedaje cercano son el refugio de vida silvestre “La Aurora del Palmar”, frente al ingreso al Parque; y las cabañas “Mirador del Palmar”, dos kilómetros al sur de la entrada; además de hospedajes tradicionales, y no tanto, en colonias y pueblos de la zona que abrazan al visitante con amabilidad.
El Parque es uno de los atractivos de “Tierra de Palmares”, microrregión entre varias ciudades del este de Entre Ríos y sobre la costa del río Uruguay, con playas, arroyos, caminatas por la naturaleza y complejos termales, y una agenda de actividades durante todo el año.
Historia y rescate del refugio natural entrerriano
El Parque Nacional El Palmar, testigo de diversas culturas a lo largo del tiempo, es un refugio natural que ha sufrido transformaciones en su bioma durante la historia, principalmente producto de la acción del hombre, la utilización y explotación de los recursos naturales de las más de 2.000 hectáreas de extensión.
Hace más de ocho siglos, por el año 1200, la región estaba habitada por la comunidad originaria de los “yaros”, valientes cazadores que llegaron a las orillas del río Uruguay en busca de los recursos naturales.
Según el historiador, escritor y poeta entrerriano Roberto Romani, los yaros eran conocidos por su coraje y valentía, pero debieron fusionarse con los charrúas para luchar contra los españoles, que, con armas, ganados y enfermedades desconocidas en América, diezmaron a la comunidad originaria.
Para 1750, la “Compañía de Jesús” -conocidos comúnmente como jesuitas- se había instalado para utilizar su ubicación estratégica que les permitía acceso al río Uruguay y, finalmente, al océano Atlántico.
También aprovecharon la abundante madera de palmeras, tala, espinillos y ñandubay; la piedra caliza que utilizaban para producir cal y pelar cueros; las pasturas para animales y la fertilidad y características ideales para cultivos.
El rey español Carlos III expulsó a los jesuitas, pero en 1778 nombró a Manuel Antonio Barquín, quien volvió a producir en el lugar con el trabajo de esclavos negros y originarios, y aún hoy quedan las ruinas de sus casas, almacenes, un oratorio y un cementerio.
El Palmar sirvió como “fortaleza con puerto” para los ejércitos que lucharon tanto en la época colonial como en la de Independencia, en el desarrollo de las provincias y en la Guerra de Brasil.
Entre 1820 y 1920, naturalistas y científicos de todo el mundo alertaron que la agricultura redujo significativamente la población de palmeras, e inspirados por la belleza y la importancia ecológica de El Palmar invitaron a convertirlo en una reserva.
Urquiza compró las tierras con ese objetivo, pero La Calera fue abandonada varios años, pasó por empresas británicas y multinacionales que explotaron la región.
En 1966, Entre Ríos declaró a la palmera especie protegida, y para la década de 1970 el Estado argentino expropió las tierras a la última empresa explotadora.
Fue “el primer paso para el salvataje de esta zona tan rica e importante para el paisaje de Entre Ríos y su cultura, porque muchos poetas se han inspirado en la palmera Yatay y muchos hombres y mujeres han trabajado para protegerla”, señaló Romani a Télam.
La conservación de El Palmar sigue siendo un desafío ante la aparición de especies exóticas, la pesca y caza ilegal, y los fuegos y reuniones en áreas no habilitadas.
Ante ello, existe un compromiso de los entrerrianos y de la Administración de Parques Nacionales (APN) para la conservación continua de su biodiversidad “no por obligación, sino porque aman el encanto de El Palmar”, concluyó.
Crearán otro sendero, un descanso de ruta y un sector de artesanías y regionales
El responsable del área de Uso Público del Parque Nacional El Palmar, Nahuel Abdala, destacó que durante octubre se inaugurará un nuevo sendero dentro del parque y avanzarán en la creación de un sector de cafetería en el ingreso, con un descanso de ruta, un espacio para niños y niñas, venta de artesanías y productos regionales.
A través del Ministerio de Obras Públicas de la Nación, el objetivo es “desarrollar fuertemente el área de portada y entrada, que está a la vera de la ruta nacional 14”, explicó Abdala, ya que la autovía es un corredor que permite acercarse a otros parques nacionales de Corrientes y Misiones.
Durante los últimos años, el Parque se vio beneficiado con la construcción de nuevos sanitarios, sala de primeros auxilios, y en la mejora de sectores y caminos específicos.
Asimismo, en junio pasado se firmó un contrato de concesión del camping por 20 años, y un plan de obra de cinco años que agregará parcelas de acampe y vehículos; dormis para cuatro personas; proveeduría; kiosco; refugios y salones; hornos de barro; sanitarios con duchas al aire libre; y espacio para hamacas paraguayas, entre otros.
En diálogo con Télam, Abdala resaltó que el nuevo sendero se ubicará “en la zona de entrada”, para desarrollar más esa región del Parque.
Allí también se instalarán módulos para crear un sector de cafetería, otro de ventas de artesanías, un espacio para niños, otro como descanso de la ruta, y una parte para ventas de productos orgánicos y caseros a cargo de una cooperativa de la región.
La entrada al Parque está ubicada a la vera de la ruta nacional 14, que permite dirigirse a otros parques de Corrientes y Misiones, por lo que también trabajan para “crear una conexión estratégica entre las áreas protegidas de las provincias”, completó.
Por otro lado, explicó que “es una necesidad y una de las metas de trabajo” gestionar un transporte público que llegue a El Palmar y a las ciudades cercanas para “quienes no cuentan con transporte propio y tienen los mismos derechos de conocer el parque”.
Otro de los avances previstos es la habilitación de un banco de arena ubicado frente a la orilla del río Uruguay, conocido como “el paraíso entrerriano”, que se sumará a las playas ubicadas al final de las ruinas históricas.
Actualmente, más de 50 personas trabajan en el Parque Nacional El Palmar, entre trabajo administrativo, guardaparques y la brigada de incendios que en temporada de verano evitan los peligros de posibles incendios y fuera de temporada trabajan en quemas controladas, mantenimiento de senderos y nuevos caminos.





































