Más de 7,3 millones de ciudadanos están convocados a elegir un nuevo Parlamento en los primeros comicios desde los ataques de Hamás de 2023 y la guerra en Gaza. El primer ministro enfrenta al exjefe militar Gadi Eisenkot en una elección ajustada, marcada por las divisiones internas, las responsabilidades por los fallos de seguridad y una elevada concurrencia a las urnas.
Israel celebra este martes 27 de octubre unas elecciones legislativas decisivas para el futuro político del primer ministro Benjamin Netanyahu, quien busca prolongar su permanencia en el poder después de casi dos décadas acumuladas al frente del Gobierno. La votación transcurre con una participación excepcionalmente alta y en un escenario de profunda división política y social, marcado por las consecuencias de los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023 y las guerras que sacudieron a Medio Oriente durante los últimos tres años.
Unos 7,3 millones de israelíes están habilitados para elegir a los 120 integrantes de la Knéset, el Parlamento nacional, del que surgirá la mayoría necesaria para conformar el próximo Gobierno.
La principal disputa enfrenta al Likud, encabezado por Netanyahu, y a un conjunto de fuerzas opositoras cuyo referente más destacado es Gadi Eisenkot, exjefe del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa de Israel y líder del partido centrista Yashar.
Las encuestas previas anticipaban una competencia ajustada entre los bloques, sin una mayoría parlamentaria asegurada para ninguno. Por eso, más allá de los resultados individuales de cada partido, la elección también definirá las posibilidades de construir alianzas para alcanzar las 61 bancas necesarias para gobernar.
Una participación excepcionalmente alta
La jornada electoral comenzó a las 7 de la mañana, hora de Israel, con largas filas en numerosos centros de votación.
Según los datos difundidos por el Comité Electoral Central, a las 14 ya había votado el 44,9% del padrón, equivalente a aproximadamente 3,3 millones de personas.
El porcentaje supera ampliamente el 38,9% registrado a la misma hora en las elecciones de 2022 y representa la participación más elevada para ese momento de la jornada desde 1973.
La elevada concurrencia refleja la importancia que distintos sectores de la sociedad israelí asignan a estos comicios, aunque todavía no permite establecer qué fuerzas políticas resultarán beneficiadas.
Netanyahu votó cerca del mediodía en Jerusalén y llamó a sus simpatizantes a concurrir masivamente a las urnas. En declaraciones posteriores, advirtió sobre la fuerte movilización de los votantes árabes israelíes y sostuvo que sus seguidores debían responder con una participación igualmente alta.
Por su parte, Eisenkot inició la jornada recorriendo comunidades del sur de Israel atacadas por Hamás en octubre de 2023, entre ellas el kibutz Nir Oz. Desde allí volvió a cuestionar la actuación del Gobierno frente a aquellos acontecimientos y reclamó un cambio de conducción política.
Durante la votación también se registraron denuncias de irregularidades. El partido Yashar informó sobre boletas faltantes, dañadas o mal colocadas en distintos establecimientos, mientras otras fuerzas presentaron reclamos similares.
Sin embargo, el Comité Electoral Central aclaró que no había encontrado indicios de maniobras sistemáticas destinadas a alterar la votación y aseguró que estaba interviniendo ante cada incidente denunciado.
Netanyahu enfrenta el juicio político de las urnas
La elección representa una prueba particularmente importante para Netanyahu, de 77 años, quien gobernó Israel entre 1996 y 1999, regresó al poder en 2009 y, salvo una interrupción de aproximadamente un año y medio, se mantuvo al frente del Ejecutivo desde entonces.
Su figura domina la política israelí desde hace décadas, pero los ataques del 7 de octubre de 2023 marcaron un punto de inflexión en su trayectoria.
Aquella ofensiva encabezada por Hamás dejó alrededor de 1.200 muertos en Israel y provocó el secuestro de 251 personas, desencadenando una guerra en Gaza que causó decenas de miles de víctimas palestinas y una destrucción de enorme magnitud.
Las consecuencias del conflicto, las negociaciones por los rehenes y el reclamo de una investigación independiente sobre las fallas de seguridad previas al ataque ocuparon un lugar central en el debate público.
Las fuerzas opositoras cuestionan la negativa del Gobierno a constituir una comisión nacional de investigación con las características que reclaman las familias de las víctimas y distintos sectores de la sociedad.
Netanyahu, en cambio, ha concentrado su campaña en la respuesta militar israelí, los enfrentamientos con Irán y sus aliados regionales y la necesidad de mantener una conducción que, según sostiene, pueda garantizar la seguridad del país.
También destacó su relación con el presidente estadounidense Donald Trump, quien respaldó públicamente su continuidad y volvió a manifestarle su apoyo durante los últimos días de campaña.
Eisenkot, de 66 años, presenta una alternativa basada en su experiencia militar y en la promesa de impulsar una investigación sobre lo sucedido en 2023. Aunque cuestiona la conducción de Netanyahu y sus alianzas con la ultraderecha, mantiene posiciones firmes en materia de seguridad y también rechaza, en las condiciones actuales, la solución de dos Estados para el conflicto palestino-israelí.
El exjefe militar integró inicialmente el gabinete de guerra constituido después de los ataques de Hamás, pero renunció meses más tarde por sus diferencias con el primer ministro.
El servicio militar y las divisiones internas
Además de la guerra, la campaña estuvo atravesada por fuertes tensiones sobre el carácter religioso y democrático del Estado israelí.
Uno de los asuntos más conflictivos es la exención del servicio militar obligatorio para amplios sectores de la comunidad judía ultraortodoxa.
Mientras buena parte de la población cumple períodos prolongados de servicio y numerosos reservistas fueron movilizados durante los últimos años, los partidos religiosos que integran la coalición de Netanyahu defienden excepciones para los estudiantes de instituciones religiosas.
La controversia se convirtió en una fuente de malestar social y de enfrentamientos políticos, especialmente entre sectores laicos y religiosos.
También reaparecieron las discusiones sobre la independencia del Poder Judicial, después de las reformas impulsadas por el Gobierno en 2023, que provocaron multitudinarias protestas antes del comienzo de la guerra.
A estas diferencias se suman el futuro de Gaza, las operaciones militares en Líbano, las tensiones con Irán y el creciente aislamiento internacional de Israel por su actuación en los territorios palestinos ocupados.
El escenario muestra una sociedad atravesada por preocupaciones compartidas sobre la seguridad, pero profundamente dividida respecto de la conducción política y de las decisiones adoptadas durante los últimos años.
Una mayoría difícil de construir
El sistema electoral israelí se basa en la representación proporcional: los ciudadanos votan listas partidarias y las bancas se distribuyen de acuerdo con los resultados obtenidos.
Esto significa que el partido más votado no necesariamente consigue formar gobierno. Para alcanzar la mayoría parlamentaria se necesitan al menos 61 de las 120 bancas, generalmente mediante acuerdos entre varias fuerzas.
Netanyahu aspira a reconstruir una coalición integrada por el Likud, partidos nacionalistas de derecha y agrupaciones religiosas y ultraortodoxas.
Del lado opositor, Eisenkot busca reunir apoyos entre fuerzas centristas y de derecha contrarias al actual primer ministro, aunque las diferencias políticas entre ellas también dificultan la conformación de una mayoría estable.
Otros dirigentes relevantes son los ex primeros ministros Naftali Bennett y Yair Lapid, que integran una alianza electoral, y el exministro de Defensa Avigdor Lieberman, antiguo aliado de Netanyahu y actualmente uno de sus principales críticos.
Las agrupaciones que representan a los ciudadanos árabes israelíes también podrían desempeñar un papel importante en la distribución de las bancas. Sin embargo, los principales referentes de los bloques encabezados por Netanyahu y Eisenkot descartaron, hasta ahora, incorporarlas formalmente a sus coaliciones.
La fragmentación parlamentaria abre la posibilidad de que las negociaciones se prolonguen durante varias semanas, incluso si alguno de los espacios consigue una ventaja importante en cantidad de votos.
A qué hora se conocerán los primeros resultados
Los centros de votación tienen previsto cerrar este martes a las 22 de Israel, las 17 de Argentina.
No obstante, las autoridades electorales aclararon que los establecimientos deberán permitir votar a todas las personas que hayan llegado antes del horario límite, aunque deban permanecer abiertas las mesas durante más tiempo.
Al finalizar la votación, las principales cadenas de televisión israelíes difundirán sus primeros sondeos a boca de urna, que ofrecerán una estimación de la distribución de bancas.
Esas proyecciones no constituyen resultados oficiales y podrán modificarse a medida que avance el recuento de votos, que comenzará durante la noche.
Una vez completado el escrutinio, el presidente israelí, Isaac Herzog, deberá consultar a los partidos representados en la Knéset y encomendar la formación del Gobierno al dirigente que considere con mayores posibilidades de reunir una mayoría.
Si los acuerdos fracasan, podrían abrirse nuevas rondas de negociación e incluso convocarse otra elección.
Por ahora, la única certeza es que Israel vota en una de las elecciones más trascendentes de los últimos años, con la continuidad de Netanyahu en discusión y un escenario parlamentario que podría resultar tan complejo como la propia competencia electoral.





































