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Modesto López: “En mis documentales trato de hacer un canto a la vida”

Por Evelina Ramírez

 

“El ser humano está pensado para vivir y para morir. Todos somos conscientes, en un parámetro cultural determinado, que vamos a morir. Muchas cosas diferencian al ser humano de los animales. Y una de ellas es la conciencia de la muerte, que es un dato tan importante en la vida de un ser humano que distintas culturas, en distintos momentos de la historia, desde distintos marcos ideológicos, con distintas narraciones tratan de contemplar qué hacer con la muerte, cómo trabajarla, cómo asimilarla, cómo despedir a nuestros muertos, la importancia que tienen nuestros muertos.

Lo que ocurre con la desaparición forzada es romper con ese parámetro cultural. Se interrumpe la lógica natural de la vida y de la muerte. Se incorpora una instancia que nunca tendría que existir ni tendría que haber existido. Por eso es tan tremenda. Nadie merece estar en una sepultura como NN, en un pueblo remoto al cual uno no tiene ningún tipo de pertenencia. Además, negarle a la familia la posibilidad de un duelo, de saber qué ocurrió con ese ser querido”.

Pablo Gallo – antropólogo forense (“El caído del cielo”)  

 

Tomás Francisco Toconás. Nos gustaría que quienes estén leyendo estas páginas, recuerden ese nombre. Porque la represión ilegal que se inició antes del golpe de Estado de 1976 pretendió eliminarlo de todas las formas posibles. De cuerpo, de rostro, de historia, de nombre. Ni una fotografía de él se ha conservado. 

Tomás Francisco Toconás. 41 años, hachero y cortador de cañas. Nació el 2 de abril de 1934 en Santa Lucía (departamento Monteros, Tucumán). Allí vivía junto a su esposa y sus seis hijos, en una casa al lado del río. Cuando los militares mataron a su amigo “El Zurdo” Giménez, decidió sumarse a las filas del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), donde fue reconocido como abanderado de la Compañía de Monte.

En pleno Operativo Independencia, en julio de 1975, Toconás fue capturado, torturado y posteriormente arrojado al vacío desde un helicóptero militar. En este punto bien vale mencionar que el viernes pasado concluyó el juicio por el Operativo Independencia en Tucumán. Allí, el Tribunal Oral Federal de Tucumán condenó sólo a 10 de los 17 acusados por delitos cometidos desde febrero de 1975.

No solo las agrupaciones políticas y sociales mostraron su descontento, sino también los abogados querellantes y los fiscales. Sin embargo, valoraron que quedó acreditado que durante el Operativo Independencia hubo terrorismo de Estado; es decir, un plan sistemático de exterminio de la población y que, en esa línea, las condenas fueron por crímenes de lesa humanidad.

El cuerpo de Toconás cayó en Pozo Hondo, Santiago del Estero, donde comenzó a ser venerado como un “santo popular”. “Cuando el santiagueño siente algo por intuición, por un latido humano, lo mistifica. Pero no lo hace así nomás, sino con alta sensibilidad”, relata Juan Saavedra (más conocido como “El bailarín de los montes”) en el documental “El Caído del Cielo” del cineasta Modesto López.

Y agrega: “La fe, la mística y la intuición de un pueblo rescata a este querido hermano desconocido. Por eso, posiblemente sea más hermano todavía, porque es un desconocido. Ahí se muestra la humildad y la fe del santiagueño. No le importa, no pregunta ni su nombre ni su apellido. Lo siente. La intuición del pueblo tenía razón. Era un hermano. Era un hermano que ha luchado, desde su corta edad, por la vida. Siendo un gran trabajador, se une a los reclamos y desde ahí pasa a integrar una guerrilla por la sed de justicia que la siente profundamente.

“Cuando lo arrojan, el pueblo transforma ese vuelo, esa caída, en algo angelical. Cuando cae, él vive. En vez de morir, vive. Vive en la fe de un pueblo, vive en la creencia. De esa manera, se lo reivindica. Da vuelta esa realidad macabra y la pone sublime”.    

Los restos de Toconás permanecieron enterrados como NN durante más de 30 años. En 2010, el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) los identificó y fueron restituidos a su familia.

La sensibilidad y la agudeza del cineasta Modesto López permitieron sacar del olvido esta increíble historia, que le implicó tres años de trabajo en la investigación y el rodaje de este documental. “Lo que traté de mostrar a través de la historia de Toconás es la vida de esos seres anónimos que dieron la vida por transformar la sociedad y sin pedir nada a cambio”, expresó a VillaNos Radio.

Sostuvo que en la tarea de recopilación de los testimonios, fue muy difícil romper con la “matriz del miedo” que el terrorismo de Estado generó y que hoy sigue vigente. “No fue solamente el daño de la desaparición y matanza de la gente, sino el daño psicológico que pro

 

dujo en la población para que, al día de hoy, la gente todavía sienta miedo. No fue fácil encontrar a la gente que quisiera hablar”, reconoció.

En esa línea, el cineasta recalcó que el Operativo Independencia fue la antesala de lo que luego se extendió a nivel nacional, a partir del golpe de 1976. “Prácticamente fue una masacre, porque el Ejército lo que hizo fue aprovechar la coyuntura. Las famosas guerrillas nunca pasaron de ser más de 100 hombres. Y era una base militar de 5 mil hombres, que además reprimió a los estudiantes, a los obreros. Fue la justificación de la represión masiva en Tucumán y fue la prueba piloto para lo que se dio después del golpe de marzo de 1976. Tucumán fue la prueba piloto de esos asesinos”, recalcó.

“El caído del cielo” fue exhibido en la Cooperativa Integral en el marco del ciclo “Ojos Abiertos”. Allí también se proyectó el documental  “Todavía Cantamos” que cuenta cómo nació y creció el coro “Quiero Retruco”,  compuesto por expresos políticos que traen al presente sus historias de vida y su recorrido militante, incluyendo sus recuerdos del canto individual o colectivo durante el cautiverio.

López participó de las proyecciones, donde mantuvo intercambios con el público presente. Estuvo acompañado por el historiador y poeta local, Aldo Parfeniuk con quien comparte una amistad de varios años. En esa línea, el carlospacense definió a Modesto López como un exponente del arte bien entendido. “Sus trabajos nos ayudan a no perder la memoria y a saber que hay una dimensión en la cual podemos encontrarnos”, expresó. 

En el documental “Todavía cantamos”, el cineasta encuentra un ángulo singular desde el que revisa la historia argentina entre 1975 y 1988, los convulsionados años en que los protagonistas estuvieron detenidos en Córdoba, Chaco, Tucumán, La Plata, Bahía Blanca, Devoto, Formosa y Rawson. “En ese documental trate de encontrar esa unidad de criterio en las distintas ideologías y formas de pensar. Y traté de reflejar eso a través del canto”, relató López.

El coro actúa con regularidad en actos solidarios y de derechos humanos y fue creado en 2008 cuando, a través de relatos compartidos, sus fundadores descubrieron que durante los años de presidio habían tenido en común el canto como un asidero posible para la esperanza.

“En mis documentales trato de hacer un canto a la vida”, reconoció. 

Y añadió que también existe un trabajo riguroso de documentación para “no acusar por acusar”.

Desde ese lugar, fue muy crítico respecto de lo que hoy se ve en los grandes medios de comunicación. “Hoy en día es muy común que se escuchen historias no documentadas, frases que son repetidas y se largan por televisión y por radio que en lugar de informar, desinforman. De esa manera, se toma como verdad la mentira. En los documentales que hago trato de ser respetuoso de las historias”.

Insistió en la idea de que es importante hacer un ejercicio permanente de la memoria “para saber hacia dónde vamos”. “Ahora uno lee cosas como ‘que los indios mapuches se regresen a Chile, que es el lugar donde pertenecen’. Y uno se pregunta ¿de dónde sacan esta información con ese nivel de ignorancia?   

“Y claro, cuando ciertos medios de comunicación dan información tan distorsionada de la historia, la gente termina creyendo en la mentira, como Goebbels (ministro de propaganda nazi). En la Alemania nazi se hacía, y no sé por qué sospecho que aquí está pasando algo similar. Se largan mentiras y se distorsiona la historia. Y esto es terrible”. 

Modesto López tiene una extensa trayectoria de trabajo cultural. Entre 1972 y 1973 fue actor en “Operación Masacre” de Jorge Cedrón; “Los traidores” de Raymundo Gleyzer; y “Los Velázquez” de Pablo Szir, que nunca se estrenó porque fue secuestrada por los militares.

En 1979 López se fue a vivir a México, exiliado. En 1981 creó Ediciones Pentagrama, una verdadera alternativa en el ámbito musical de América Latina, que se ha propuesto difundir principalmente aquella música y poesía que contribuya a enriquecer el pensamiento del ser humano.

A pesar de la distancia, mantiene un vínculo permanente con nuestro país. Al ser consultado sobre cómo ve a Argentina respondió: “Yo vivo en una realidad muy violenta que es México. La situación allí es extrema. No se le ve salida por ningún lado. En Argentina yo veo que frente a todo este andamiaje de la mentira instalada en el poder, hay una expectativa que no la veo en México.

“Veo que la gente, a pesar de todo, sigue peleando, sigue luchando por la verdad, por una vida mejor y se organiza, cosa que en México es imposible. Me da mucho orgullo ver gente de vieja data que sigue y sigue peleando, que no se ha doblegado. Y también veo muchos jóvenes que también se han incorporado”.  

Consideró, además, que la cultura popular sigue siendo una herramienta genuina de expresión de los pueblos. “El pueblo tiene su propio gusto y a lo largo de la historia lo termina definiendo. En el movimiento cultural de argentina hay un fenómeno que es importante. A pesar de los gobiernos de turno, como el que está hoy, que intenta aniquilar la cultura, reprimir la expresión y quitar fondos de apoyo a la cultura, no lo van a poder impedir. Uno transita por los barrios y diferentes lugares,  la cultura popular argentina está vigente. Y eso no se puede parar”.

 

Nota correspondiente a la edición n° 483 del semanario La Jornada, del 17 de setiembre de 2017.

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