Un móvil en vivo de A24 desde el principal ícono turístico de Villa Carlos Paz mostró el reloj fuera de servicio por reparaciones y una fuente visiblemente sucia. En pocos minutos, la imagen de ciudad ordenada y cuidada que el Municipio busca instalar con costosas campañas quedó contradicha por la realidad.
El móvil televisivo debía mostrar uno de los principales atractivos de Villa Carlos Paz durante las vacaciones de invierno. Terminó convirtiéndose, en cambio, en una exposición nacional de aquello que el Gobierno municipal no había atendido a tiempo.
La cronista de A24 se encontraba frente al Reloj Cucú, el punto turístico más reconocible de la ciudad, cuando el conductor Antonio Laje advirtió que el mecanismo no estaba funcionando.
La circunstancia tenía una explicación: el reloj atravesaba una reparación que lo mantuvo fuera de servicio durante un par de días. Una contingencia posible para una estructura histórica que requiere tareas periódicas de mantenimiento.
El problema fue lo que apareció alrededor.
A pedido del conductor, la cámara recorrió el sector y mostró la fuente sucia y un espacio que no parecía estar preparado para recibir a los miles de visitantes que, precisamente durante el receso invernal, pasan por allí para obtener una de las fotografías más tradicionales de su estadía.
“Mostrame la fuente, está toda sucia”, señaló Laje desde el estudio. Y enseguida dirigió su cuestionamiento al intendente Esteban Avilés: “No es tan difícil, Esteban, que el reloj esté funcionando”.
La frase pudo resultar simplificadora frente a una reparación ya iniciada. Pero el paneo posterior le otorgó al reclamo una dimensión mucho más difícil de relativizar.
La diferencia entre comunicar y gestionar
La Municipalidad de Villa Carlos Paz destina importantes recursos a promocionar la ciudad como un destino asociado con sus paisajes, su infraestructura, sus espectáculos y una imagen de orden, limpieza y crecimiento.
Esa inversión forma parte de cualquier política turística seria. Una ciudad que vive en gran medida de recibir visitantes necesita comunicar su propuesta, competir con otros destinos y sostener presencia en los medios y las plataformas digitales.
Pero ninguna campaña puede reemplazar el mantenimiento cotidiano.
La publicidad puede atraer al turista hasta el Cucú. Lo que encuentra al llegar depende exclusivamente de la gestión.
Cuando el principal símbolo de la ciudad aparece en televisión nacional con su fuente sucia y su entorno descuidado, el problema no es de comunicación. Tampoco puede reducirse a la supuesta mala intención de un conductor o a la mala suerte de que el móvil coincidiera con una reparación.
El problema es que la cámara mostró algo que estaba allí.
Con el presupuesto que administra Villa Carlos Paz y con la centralidad que tiene el turismo dentro de su economía, mantener en buenas condiciones el entorno inmediato del Cucú debería formar parte de las tareas más elementales.
No se trata de una obra estructural, de una inversión extraordinaria ni de un proyecto sujeto a complejos procesos administrativos. Se trata de limpiar, controlar y conservar uno de los pocos lugares de la ciudad que cualquier visitante reconoce antes de llegar.
Hacer como que se hace
El episodio vuelve a poner en discusión una característica cada vez más visible de la gestión municipal: la preocupación por construir la imagen de que las cosas se hacen, aun cuando la realidad cotidiana no siempre acompañe ese relato.
La comunicación oficial multiplica anuncios, campañas, consignas, actos y presentaciones. Cada intervención es narrada como una transformación y cada temporada llega acompañada por piezas publicitarias que muestran una ciudad impecable, dinámica y preparada.
Pero gobernar no es solamente producir imágenes de gestión.
También es revisar el estado de una plaza, controlar una fuente, anticiparse a la temporada y asegurarse de que el principal paseo turístico no llegue a un móvil nacional en condiciones que habiliten una crítica tan sencilla como contundente.
La escena del Cucú condensó esa contradicción. Mientras el Municipio invierte millones para mostrar Villa Carlos Paz en distintos puntos del país, una transmisión gratuita terminó difundiendo exactamente la imagen contraria.
Y el alcance ya no quedó limitado a la señal que originó el móvil. En tiempos de recortes, redes sociales y contenidos virales, el fragmento se reprodujo en medios y plataformas de distintos lugares del país.
La ciudad consiguió así una campaña publicitaria nacional que nadie hubiera querido contratar.
Una exposición completamente evitable
Toda ciudad puede atravesar una reparación, sufrir una rotura o enfrentar un imprevisto. Pretender que nunca ocurra sería poco razonable.
Lo que no resiste demasiadas explicaciones es que el entorno del principal atractivo turístico llegue descuidado al momento de mayor exposición.
El Municipio conocía la temporada, sabía que el Cucú recibiría visitantes y podía prever que los medios buscarían imágenes reconocibles de Villa Carlos Paz. Incluso si la reparación del reloj resultaba impostergable, el resto del espacio debía encontrarse en condiciones impecables.
La fuente sucia no apareció de un minuto para otro. Tampoco requería una respuesta extraordinaria. Bastaba con que alguien la observara antes de que lo hiciera una cámara de televisión.
Ese es, quizás, el aspecto más preocupante del episodio: no revela únicamente una falencia de limpieza, sino una pérdida de atención sobre las cosas básicas.
Villa Carlos Paz no necesita solamente grandes anuncios, renovaciones presentadas como históricas o campañas que repitan sus virtudes. Necesita una gestión capaz de cuidar de manera constante aquello que ya tiene.
El turismo empieza por lo cotidiano
El Reloj Cucú no es un rincón secundario. Es una de las imágenes con las que Villa Carlos Paz se presenta ante el país desde hace décadas.
Miles de familias se detienen allí cada año, aunque sea durante algunos minutos, para llevarse una fotografía. Para muchos visitantes, ese espacio es parte inseparable de la experiencia de conocer la ciudad.
Por eso, cuidarlo no debería depender de una advertencia televisiva ni de la posibilidad de que una imagen negativa se vuelva viral.
La mejor política turística no comienza en una agencia de publicidad. Empieza en el espacio público, en la limpieza, en los servicios y en la atención de los detalles que definen la experiencia real del visitante.
El Gobierno municipal podrá cuestionar el tono de Laje, explicar la reparación o intentar restarle importancia al episodio. Pero el debate de fondo seguirá presente.
La cámara no inventó la suciedad de la fuente ni eligió una escenografía desfavorable. Simplemente mostró el lugar más emblemático de Villa Carlos Paz tal como se encontraba ese día.
Y, a veces, unos pocos segundos de televisión alcanzan para quitar el maquillaje que llevó meses y millones construir.


































