miércoles, mayo 27, 2026
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Esperá sentado: el transporte urbano, entre colectivos 0 km y usuarios varados

Por Alejandro Gómez


En Villa Carlos Paz, la imagen de un sofá instalado en una parada de barrio La Cuesta terminó funcionando como una síntesis involuntaria del transporte urbano actual: si el colectivo no pasa, al menos habrá que esperar sentado. La escena, tan absurda como elocuente, apareció sobre calle Roque Sáenz Peña y circuló en redes como una postal difícil de rebatir. Más allá de la humorada, expuso una sensación extendida entre usuarios: demoras, frecuencias reducidas, recorridos alterados y paradas sin la infraestructura prometida.

La foto del sillón no apareció en el vacío. Llegó después de meses de reclamos y de una nueva prórroga de la emergencia del transporte urbano, aprobada en enero por el oficialismo de Carlos Paz Unido. Aquella ordenanza extendió por un año el régimen excepcional, con posibilidad de otra prórroga, y otorgó al Ejecutivo amplias facultades para rediseñar recorridos, modificar frecuencias, revisar tarifas y adoptar medidas extraordinarias.

La emergencia original había sido sancionada en febrero de 2024, tras el retiro de subsidios nacionales al transporte del interior. Desde entonces, el municipio sostiene que necesita herramientas flexibles para garantizar la prestación. Pero a casi dos años de aquel primer esquema, la pregunta de fondo es otra: qué se hizo con la emergencia y por qué el servicio sigue acumulando reclamos cotidianos.

En aquel momento, el oficialismo defendió la prórroga como una decisión de gestión responsable. La concejala Raquel Merlino sostuvo que el municipio no se retiró ni miró para otro lado y remarcó que cubre más del 50% del costo del boleto con recursos propios. Desde ese argumento, la emergencia sería el modo de evitar que todo el costo recaiga sobre los usuarios o que el servicio se deteriore aún más.

La oposición, en cambio, leyó la medida como una nueva delegación de facultades al Ejecutivo, sin controles suficientes ni resultados visibles. Carlos Quaranta advirtió que el Concejo pierde participación en cada nueva emergencia. Daniel Ribetti fue más duro: sostuvo que las frecuencias bajaron, los colectivos estaban deteriorados y el municipio seguía aportando alrededor de 150 millones de pesos mensuales. Para el concejal, no se trataba de un subsidio con sentido social, sino de una especie de “sociedad de beneficencia con la empresa”.

Cuatro días después de aquella prórroga, el municipio presentó nuevas unidades 0 km junto a directivos de Car Cor Urbano. La comunicación oficial destacó la renovación total de la flota, la incorporación de GPS, cámaras internas, menor impacto ambiental y unidades adaptadas para personas con movilidad reducida. El mensaje fue contundente: Villa Carlos Paz aparecía como una ciudad con colectivos modernos, tecnología y un servicio a la altura de las necesidades cotidianas.

El contraste con la experiencia de muchos usuarios no tardó en aparecer. Porque una unidad nueva puede mejorar condiciones de viaje, pero no resuelve por sí sola el problema central si no pasa con regularidad, si los horarios no se cumplen o si los recorridos se reducen. Esa contradicción quedó resumida meses después por Ribetti en el Concejo: “Tenemos los colectivos más lindos del país que no pasan y que no cumplen la función que tienen que cumplir”.

Desde mayo, además, el boleto pasó a costar $1.670. El aumento llegó junto con la actualización de horarios y el recordatorio oficial de nuevas formas de pago, como tarjeta, billeteras virtuales, QR y aplicaciones. También se mencionó la posibilidad de seguir las unidades en tiempo real a través de Comunidad Conectada VCP. Sin embargo, los reclamos vecinales siguieron apuntando a que la aplicación no siempre refleja el funcionamiento real del sistema, que las unidades “aparecen y desaparecen” y que en la práctica hay horarios municipales, horarios de la empresa y horarios que maneja cada chofer.

El caso de Altos del Valle volvió a poner el problema en términos concretos. Vecinos reclamaron por la caída de frecuencias, la afectación de la línea L1 y del servicio nocturno LN “hasta nuevo aviso”, según una respuesta recibida a través del 147 municipal. La pregunta de un usuario resumió la gravedad del cuadro: cómo hace el vecino que trabaja de noche para volver a su casa.

También apareció otra postal de la crisis: vecinos organizados en un grupo de WhatsApp para coordinar viajes en Uber, ante la falta de respuestas del transporte urbano. La ironía es evidente: cuando el servicio público falla, quienes no pueden esperar indefinidamente ni pagar un viaje individual buscan una salida comunitaria para abaratar costos.

Las quejas no se limitan a trabajadores. Se denuncian casos de estudiantes que salen de la escuela y deben esperar hasta una hora y media porque el colectivo pasa antes del horario de salida. Si hay un público que debería estar especialmente contemplado por el sistema, son los chicos que dependen del transporte para volver a sus casas. Más aún cuando muchos de esos pasajes cuentan con subsidio provincial.

El problema también alcanza a adultos mayores que disponen de boletos gratuitos, pero con limitaciones diarias que no siempre responden a sus necesidades reales. Según el planteo opositor, pueden tener 60 pasajes mensuales, pero solo utilizar dos por día, lo que complica trámites o estudios médicos que requieren más de un traslado en una misma jornada.

En este contexto, Ribetti presentó un proyecto para convocar al Concejo a la responsable del área de Transporte, con el objetivo de discutir cantidad real de unidades en circulación, frecuencias, recorridos, GPS, aplicación, subsidios, boletos vendidos, gratuidades y plan de reorganización del sistema. El pedido buscaba abrir una conversación institucional sobre un servicio esencial.

El oficialismo rechazó el tratamiento sobre tablas y envió la iniciativa a comisión sin dar explicaciones en el recinto. Así, la discusión volvió a quedar bloqueada por la mayoría automática de Carlos Paz Unido.

La consecuencia es clara: mientras el municipio exhibe unidades nuevas y sostiene el discurso de un servicio moderno, usuarios de distintos barrios siguen denunciando esperas prolongadas, líneas afectadas, recorridos recortados y falta de respuestas. La emergencia, que debía ser una herramienta excepcional para ordenar el sistema, terminó convertida en estado permanente.

Por eso el sofá en la parada funciona tan bien como imagen de tapa. No solo por lo pintoresco. También porque expresa, con una contundencia que ningún informe técnico logra igualar, la distancia entre la propaganda oficial y la vida cotidiana del usuario. En Villa Carlos Paz, el transporte urbano tiene colectivos 0 km, aumentos autorizados, subsidios millonarios y aplicaciones digitales. Pero para muchos vecinos, la consigna sigue siendo la misma: esperá sentado.

Nota correspondiente a la edición n° 623 del periódico La Jornada, del 27 de mayo de 2026.

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