De paseo gratuito a acceso pago: polémica por el cobro en el cerro La Banderita en La Falda

Los propietarios del cerro La Banderita, uno de los principales atractivos naturales de La Falda, comenzarán a cobrar una tarifa de ingreso a partir de este jueves, en plena temporada turística. La medida pone fin a décadas de acceso gratuito, generó protestas vecinales y llevó al municipio a aclarar que el predio es privado y está fuera del ejido, por lo que no puede frenar el cobro aunque respalda el reclamo de los usuarios habituales.


El tradicional cerro La Banderita, emblema de La Falda y punto clásico de trekking, caminatas y running en el Valle de Punilla, dejará de ser gratuito. Desde este jueves, quienes quieran subir deberán abonar una entrada definida por los propietarios de las tierras donde se ubica el sendero de acceso.

Hasta ahora, el lugar figuraba en la promoción oficial de la ciudad como un circuito sin costo, accesible desde la zona del Hotel Edén y utilizado durante todo el año por vecinos, grupos de trekking y turistas que buscaban hacer cumbre a más de 1.400 metros de altura para disfrutar de las vistas del valle.

Según informaron distintos medios provinciales, las nuevas tarifas prevén un esquema diferencial: valores de referencia de alrededor de $4.000 para residentes de La Falda y unos $8.000 para turistas, mientras que algunas versiones mencionan actividades o servicios específicos que podrían trepar hasta cerca de los $12.000. Más allá de los matices, el dato coincidente es que, por primera vez, el acceso quedará atado al pago de una entrada.

Desde el municipio confirmaron que se trata de un emprendimiento privado, en tierras ubicadas fuera del ejido municipal, por lo que el cobro no requiere habilitación local. El cerro fue concesionado a un tercero, que decidió avanzar con el esquema pago a partir de esta temporada de verano.

Vecinos, runners y usuarios habituales del cerro expresaron su malestar, sobre todo porque el sendero formaba parte de la rutina cotidiana de entrenamiento y recreación, más allá de la circulación turística de fines de semana y temporada alta.

En los últimos días se realizó un abrazo simbólico en la zona de acceso y se anunciaron nuevas acciones de protesta. Entre los carteles se pudieron leer consignas como “La montaña no se alquila”, “La naturaleza no paga peaje” y “El cerro no es un shopping”, en rechazo a la mercantilización de un espacio que, recuerdan, fue históricamente de libre uso recreativo.

La Municipalidad de La Falda emitió un comunicado en el que lamentó la decisión de los dueños del cerro, recordó que durante años el Estado local colaboró con tareas de limpieza, señalización, cartelería y rescates en la zona, y expresó su apoyo al reclamo de vecinos, grupos de trekking y deportistas. Al mismo tiempo, aclaró que no tiene competencia directa para intervenir, justamente por la ubicación del predio fuera del ejido urbano.

El intendente Javier Dieminger subrayó que “el uso y la costumbre” de la ciudad siempre fue subir al cerro sin pagar, y advirtió que las quejas más fuertes no provienen tanto de los turistas —que muchas veces llegan predispuestos a abonar por un atractivo— sino de los residentes de La Falda y de localidades cercanas, que utilizan el sendero todo el año.

La decisión se inscribe en una discusión más amplia sobre el uso recreativo de espacios serranos en manos privadas, similar a la que se dio en su momento con el cerro Uritorco en Capilla del Monte, donde también se cobra por el ingreso. Para sectores ambientalistas y vecinales, el caso de La Banderita vuelve a poner sobre la mesa la tensión entre propiedad privada, derecho de uso público y rol del Estado a la hora de garantizar el acceso a los paisajes naturales emblemáticos del valle.

Por ahora, el comienzo del cobro en el cerro La Banderita abre un escenario de conflicto en plena temporada de verano: los dueños avanzan con el esquema pago, el municipio acompaña el reclamo pero admite que tiene las manos atadas desde el punto de vista legal, y los vecinos organizan nuevas acciones para visibilizar su rechazo y defender un cerro que consideran parte de la identidad cotidiana de La Falda.

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