Con una historia que empezó en los años 50 y se hizo realidad el 25 de diciembre de 1955, la Aerosilla celebra siete décadas como ícono turístico. Eduardo Nicollier, presidente de Aerosilla S.A.I.C., repasa mejoras, desafíos, el vínculo emocional con los visitantes y el pulso de la temporada de verano.
Hay postales que no necesitan presentación. En Villa Carlos Paz, una de ellas es esa hilera de sillas subiendo el cerro, con la ciudad desplegándose abajo como un mapa en movimiento. La Aerosilla es eso: un paseo, una vista, un ritual de vacaciones… y también una historia larga, de esas que se construyen con décadas de trabajo, decisiones, riesgos, momentos difíciles y, cada tanto, una racha buena que se siente como aire fresco.

“70 años, sí señor… Son muchos, son muchos, muchos años. Hubo muchos años malos, pero por suerte ahora estamos en una racha bastante buena, ya de hace unos 15 años más o menos, o un poco más”, resume Eduardo Nicollier, presidente de Aerosilla S.A.I.C., al hablar del aniversario que se cumplió el 25 de diciembre de 2025, a siete décadas de la apertura al público de la primera telesilla privada del país y de Sudamérica.
La frase suena a alivio y a orgullo al mismo tiempo. Porque cuando un atractivo turístico se vuelve “clásico”, desde afuera parece eterno. Pero por dentro, la permanencia tiene algo de maratón: cuidar, arreglar, actualizar, ordenar, y volver a empezar.
“Tratando de mantener todo, de hacer cosas dentro de lo que podemos, y seguir brindándonos con altura y tratando de lo mejor posible”, dice Nicollier, con una idea que atraviesa todo: sostener el lugar, cuidarlo y que el visitante se lleve una buena experiencia.
Un aniversario con mejoras que se ven
Para los 70 años, la Aerosilla sumó una obra que cambia la cara del predio cuando cae el sol: “Inauguramos toda una iluminación nueva, que ha quedado muy linda, se ve mucho desde toda la ciudad”.
Y en esa misma línea, sostiene que el objetivo es mantener el estándar sin perder de vista la realidad del bolsillo: “Por el momento seguimos manteniendo todo en orden, la atención, la dedicación, tratamos de mantener precios dentro de lo posible. Y bueno, se está trabajando más o menos bien”.
De la telesilla original al complejo de hoy
La Aerosilla nació como idea en los años 50, impulsada por un grupo de inmigrantes —principalmente austriacos— que vivían en Carlos Paz, entre ellos el ingeniero Rodolfo Witner, que conocía estos sistemas de elevación y tenía contactos en Austria. Con el aspecto técnico encaminado, faltaba lo más difícil: armar la sociedad y reunir el capital.
En septiembre de 1954 se formó Aerosilla S.A.I.C., con un grupo accionario inicial y un capital social que permitió poner en marcha el proyecto. Un año después, llegó el hito: el 25 de diciembre de 1955 se inauguró la primera instalación, con sillas monoplazas, torres intermedias y un sistema accionado por motor a explosión. Luego vendrían la confitería superior y, con el tiempo, más infraestructura en la base y en la cima.

La transformación grande llegó con la modernización. Nicollier marca un punto clave: “La parte de infraestructura se agrandó. Lo fundamental fue el cambio de silla, que se hizo en el año 80. Se puso toda la tecnología nueva —nueva de esa época—, hoy ya está atrasada de nuevo, pero dentro de todo aún todavía tenemos tecnología moderna”.
A fines de 1980, la instalación se renovó con un sistema más moderno (motor eléctrico, nueva configuración de torres y mayor capacidad), y ese salto abrió la puerta a algo más ambicioso: convertir la Aerosilla en un complejo integral. Con los años se sumaron espacios y servicios, y en 2005, en el 50° aniversario, hubo otra actualización importante, con inversión en nuevas sillas y cable.
Nicollier también menciona mejoras que fueron reconfigurando la experiencia en la base: “Se han cambiado todas las estructuras de los negocios de acá abajo, el tema de la pileta que se fue mejorando cada vez más”.
Subir, caminar, mirar: cuidar el cerro para que siga siendo cerro
En un paseo de estas características, la conservación del entorno deja de ser un tema “extra” y pasa a ser parte del corazón del proyecto. Nicollier recuerda una etapa en la que el uso del cerro empezó a degradar el suelo: “En toda la parte de arriba se hicieron paseos por pasarela, porque se estaba arruinando mucho. Sobre todo en la época que se hicieron descensos de bicicleta, se degradó mucho el camino”.
La decisión fue clara: permitir el recorrido, pero sin seguir lastimando el terreno. “Entonces decidimos hacer todo pasarelas, para que la gente pueda andar por el cerro pero conservando el suelo”.

El resultado, para el visitante, se vive como una caminata en altura entre vegetación y miradores. Para la empresa, es una manera de que la experiencia sea disfrutable sin hipotecar el paisaje.
Seguridad: incendios, emergencias y “tranquilidad” para el turista
La palabra “seguridad” en una aerosilla no es un detalle: es un pilar. Nicollier enumera avances concretos de los últimos años, especialmente vinculados a prevención de incendios: “En estos últimos años instalamos toda una línea contra incendios debajo de las sillas, con una bomba grande”.
Y suma lo más reciente: “Y el año pasado una línea contra incendio en todo lo que es de la confitería hasta el fondo, también con bomba y sistema de manguera, para estar cubiertos”.
Además, destaca un acuerdo que apunta a responder rápido ante una eventual emergencia médica: “Ahora tenemos un acuerdo con el SAMU, hicimos un área que está protegida cardiológicamente, y tenemos los equipos desfibriladores”.
Lo define como esas mejoras que no siempre se ven en una foto, pero hacen la diferencia en la experiencia: “Son pequeñas, grandes cosas que van dando un poco de tranquilidad y seguridad al turista”.
El vínculo emocional: volver, comparar fotos y sentir que el paseo sigue ahí
Si hay algo que la Aerosilla tiene —y que no se compra con publicidad— es memoria. Nicollier lo cuenta con una escena que se repite: “Mucha gente vuelve con la foto que se sacó cuando vino hace años. Así que tiene las dos fotos”.

Ese gesto, simple y hermoso, explica por qué el lugar no es solo un atractivo: también es una especie de rito familiar. “Nos sentimos muy cómodos y muy halagados de que realmente el turista vuelva”, dice.

Y remarca el objetivo de que la experiencia sea buena de punta a punta: “Tratamos en todo lo posible de que el turista se sienta muy cómodo, en todo sentido, desde el momento que entra en la boletería y en adelante”.
Sin negar lo inevitable, también lo aterriza: “No siempre se puede conformar a todo el mundo, eso ya lo sabemos, es medio imposible, pero por lo menos tratar de que sea lo mejor”.
Crecer no siempre depende de querer: el límite de la normativa y los trámites
Cuando se habla de futuro, Nicollier plantea una idea que aparece como tensión: hay base sólida y capacidad, pero también restricciones. “El momento de la Aerosilla es el de una empresa consolidada, con muy buena base, pero tendríamos que tener la posibilidad de hacer más cosas”.

El freno, explica, tiene nombre: “Tendríamos capacidad de inversión, nada más que la ordenanza de área protegida nos ha restringido mucho”.
Temporada de verano: “más o menos bien” y mirada puesta en carnaval
Consultado por la marcha del verano, Nicollier se ubica en un punto realista: “Estamos trabajando más o menos bien. No es ninguna locura, pero casi, casi que al nivel del año pasado”.
Reconoce que siempre se puede aspirar a más, pero no lo pinta como un mal escenario: “Podría ser mejor, por supuesto, pero dentro de todo es bueno”.
Y proyecta un cierre típico para la ciudad: “Yo calculo que hasta pasado carnaval (16 y 17 de febrero) vamos a trabajar bien. Después me parece que se termina el verano, porque las clases empiezan muy temprano”. Tras ese bajón, anticipa la siguiente estación fuerte: “Después de carnaval habrá que esperar la Semana Santa (29 de marzo al 5 de abril)”.
Aerosilla y Villa Carlos Paz: dos nombres que viajan juntos
En el fondo, la Aerosilla no es solo un paseo: es parte del “nombre” de la ciudad. Nicollier lo dice como quien habla de algo que se volvió inseparable: “La Aerosilla está como incorporada, viene junto con el nombre de Carlos Paz”.
Y explica cómo se fue construyendo esa marca compartida: “Eso viene a través de los años y de las promociones. Fuera de la provincia de Córdoba siempre se habla de Carlos Paz y de la Aerosilla”. Incluso recuerda el orden de aquellas campañas: “Inclusive las primeras promociones eran primero Carlos Paz y después la Aerosilla. Eso ayudó a consolidar las dos cosas juntas”.
Qué se puede hacer hoy en el complejo
Además del viaje en aerosilla y las vistas panorámicas desde el mirador, el complejo ofrece distintas actividades y propuestas para completar la salida:

Aerosilla, Alfombra Mágica, Parque Acuático, Realidad Virtual, Escape de la Ciudad Perdida, Tirolesa, Parque Aéreo y Arquería. También hay restobar y senderos en altura para recorrer entre vegetación autóctona.
Setenta años después de aquella primera telesilla que abrió un 25 de diciembre, la escena se repite —y no se gasta—: una familia sube, la ciudad se hace pequeña, el lago se asoma, el viento cambia la conversación y, por un rato, Carlos Paz se mira desde arriba como si fuera la primera vez.




































