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A 11 años del crimen de Andrea Castana, una causa sin respuestas y la herida abierta del Cerro de la Cruz

Este 11 de marzo se cumple un nuevo aniversario del asesinato de Andrea Castana en Villa Carlos Paz. La causa sigue sin responsables identificados, mientras las últimas medidas conocidas apuntan al análisis de ADN en el exterior, una recompensa de 10 millones de pesos y la hipótesis de un agresor serial que habría actuado en la misma zona durante años.


Este 11 de marzo se cumplen 11 años del crimen de Andrea Castana, uno de los casos más conmocionantes y dolorosos en la historia reciente de Villa Carlos Paz. Más de una década después, la investigación judicial sigue sin responsables identificados y la principal causa que sacudió a la ciudad en 2015 continúa atravesada por la impunidad.

Andrea tenía 35 años. La mañana del 11 de marzo de 2015 dejó a sus hijos en el colegio y comenzó una caminata hacia la cima del Cerro de la Cruz. Cuando inició el descenso por el sendero, fue atacada. Su cuerpo fue hallado dos días después, a pocos metros de la estación 9 del Vía Crucis, con signos de agresión sexual.

Desde entonces, el expediente atravesó cambios de abogados, de instructores y distintas líneas investigativas, pero sin una resolución concreta. A once años del hecho, el asesino de Andrea no fue identificado.

Entre las últimas medidas de peso que se conocieron en la causa aparece el envío, en mayo de 2024, de muestras de ADN extraídas del cuerpo de Andrea al FBI en Estados Unidos. El objetivo de esa intervención fue buscar relaciones parentales en bancos genéticos internacionales para intentar avanzar en la identificación del autor del crimen.

A eso se sumó la actualización de la recompensa oficial. En diciembre de 2024, el Gobierno de Córdoba elevó a 10 millones de pesos el monto para quien aporte datos fidedignos que permitan esclarecer lo ocurrido.

La línea del agresor serial

Con el paso de los años, una de las hipótesis que cobró mayor fuerza en la investigación es la que apunta a un agresor serial que habría actuado en el Cerro de la Cruz desde 2004.

De acuerdo con los datos incorporados en la causa, antes del asesinato de Andrea hubo al menos cuatro denuncias de ataques sexuales en la misma zona, con un patrón similar en el modo de actuar del agresor y descripciones físicas coincidentes. En todos esos episodios, el sector señalado fue el de las estaciones 8 y 9 del Vía Crucis. En el caso de Andrea, ese ataque llegó al extremo del asesinato.

La querella viene sosteniendo desde hace tiempo que esa línea debió haberse investigado con mayor profundidad mucho antes y que allí podría estar una de las claves centrales para identificar al responsable del crimen.

A once años del hecho, esa hipótesis sigue siendo una de las más relevantes dentro de un expediente que, pese al tiempo transcurrido, no logró aún dar una respuesta definitiva.

Una causa que marcó a Carlos Paz

El crimen de Andrea provocó una conmoción profunda en la ciudad. Hubo marchas, intervenciones públicas, reclamos de justicia y una movilización social que con el paso del tiempo fue perdiendo volumen, aunque nunca desapareció del todo el reclamo de su entorno más cercano.

Durante estos años, la familia y las personas que acompañaron desde el inicio el pedido de justicia debieron atravesar no solo el dolor por la pérdida, sino también la falta de certezas, la lentitud judicial y la ausencia de resultados concretos.

A once años, el caso Andrea Castana sigue siendo una herida abierta para Villa Carlos Paz: por la brutalidad del crimen, por el tiempo transcurrido sin condenados y por la sensación de que una ciudad entera todavía espera una respuesta.

El caso de Hernán Sánchez, otra causa atada al mismo cerro

La historia de Hernán Sánchez quedó ligada para siempre al caso Castana por una circunstancia tan fortuita como estremecedora. Su cuerpo fue encontrado el 13 de marzo de 2015, durante el operativo montado para buscar a Andrea en el Cerro de la Cruz.

Hernán tenía 32 años, era fotógrafo, oriundo de Tanti y estaba radicado en Villa Carlos Paz. Había desaparecido el 19 de diciembre de 2014. Su familia reclamó durante meses que se activara una búsqueda, pero ese operativo nunca tuvo la magnitud que el caso requería. Su cuerpo apareció tres meses después, en un cañadón boscoso de difícil acceso, en medio del rastrillaje por Andrea.

La causa tampoco encontró una resolución. Hasta hoy no está determinado con precisión qué día murió ni qué ocurrió con él. La investigación fue caratulada como “muerte de etiología dudosa” y, en 2017, el entonces fiscal Ricardo Mazzuchi intentó cerrarla bajo la hipótesis de suicidio. La familia apeló esa decisión y quedó a la espera de una respuesta del Tribunal Superior de Justicia de Córdoba.

Ambos casos quedaron grabados en la memoria de la ciudad no solo por el impacto que generaron, sino también por lo que representan hasta hoy: dos historias atravesadas por la ausencia de respuestas judiciales y por un reclamo de verdad que sigue pendiente.

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