La referente de derechos humanos tenía 95 años y fue una de las figuras más queridas de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora. Convirtió la búsqueda de su hijo Alejandro, desaparecido en 1975, en una vida entera de militancia por Memoria, Verdad y Justicia.
Murió Taty Almeida, histórica referente de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora y una de las voces más reconocidas de la lucha por los derechos humanos en la Argentina. Tenía 95 años y su fallecimiento fue confirmado este domingo por la organización que integró durante décadas.
Su nombre completo era Lidia Stella Mercedes Miy Uranga, pero para varias generaciones fue simplemente Taty: la Madre de pañuelo blanco, voz firme y trato cercano que transformó una tragedia personal en una causa colectiva.
La vida de Almeida cambió para siempre el 17 de junio de 1975, cuando su hijo Alejandro Almeida, de 20 años, fue secuestrado por la Triple A. Desde entonces permaneció desaparecido. A partir de esa búsqueda, Taty comenzó un camino que la llevó a sumarse en 1979 a las rondas de las Madres de Plaza de Mayo.
Con el paso de los años, se convirtió en una referencia central de la lucha por Memoria, Verdad y Justicia. Participó en marchas, actos, charlas con estudiantes, campañas de organismos de derechos humanos y actividades vinculadas a los juicios por delitos de lesa humanidad.
A diferencia de otras referentes del movimiento, Taty solía contar que provenía de una familia vinculada al ámbito militar y que durante años había estado alejada de la militancia política. La desaparición de Alejandro modificó por completo su mirada sobre el país y la empujó a una búsqueda que ya no abandonaría.
En 1986, tras la división del movimiento, Almeida se integró a Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, el espacio desde el que sostuvo su militancia durante la mayor parte de su vida pública. Allí se consolidó como una de las figuras más queridas del movimiento de derechos humanos.
Su estilo combinaba firmeza política, ternura y una enorme capacidad para dialogar con las nuevas generaciones. En escuelas, universidades y espacios culturales, Taty insistía en la importancia de mantener viva la memoria y de asumir la militancia como una forma de compromiso colectivo.
El recuerdo de Alejandro fue siempre el motor de su lucha. En 2008 publicó el libro Alejandro, por siempre… amor, donde reunió recuerdos, testimonios y poemas hallados en una agenda de su hijo. Ese material tuvo para ella un valor íntimo y político: le permitió reconstruir parte de la vida, los ideales y la sensibilidad de Alejandro.
Almeida recibió numerosos reconocimientos institucionales y académicos. Fue declarada Personalidad Destacada de los Derechos Humanos por la Legislatura porteña y distinguida por universidades nacionales. En abril de 2026, la Universidad de Buenos Aires le otorgó el título de doctora honoris causa, en una de sus últimas apariciones públicas.
En esa oportunidad volvió a dejar un mensaje dirigido especialmente a los jóvenes, a quienes consideraba continuadores de la lucha de las Madres y Abuelas. “La única lucha que se pierde es la que se abandona”, repetía como síntesis de una vida marcada por la búsqueda, la memoria y la resistencia.
La muerte de Taty Almeida despide a una de las grandes referentes éticas de la democracia argentina. Su historia queda unida a la de las Madres que, frente al terror y al silencio, ocuparon la Plaza de Mayo y convirtieron el dolor en una demanda colectiva de justicia.
Con su partida, queda también una herencia política y humana: la de una mujer que nunca dejó de buscar a su hijo, que abrazó a miles en nombre de esa búsqueda y que ayudó a sostener, durante casi medio siglo, una de las luchas más profundas de la historia argentina.


































