Trum Malambo renueva su energía en el Teatro Libertad. El director Facundo Lencina cuenta cómo se construye un espectáculo “de alto impacto” desde la autogestión y el trabajo en equipo.
Hay espectáculos que vuelven cada verano. Y hay otros que vuelven creciendo: con más oficio, más riesgo y más ganas de sorprender. Trum Malambo entra en ese segundo grupo. En su cuarta temporada consecutiva en Villa Carlos Paz, el show sostiene su corazón folclórico —ese pulso que arranca en el bombo y se te mete en el cuerpo— pero llega con renovaciones visibles: escenografía nueva, más trabajo musical y una coreografía diferente, con una idea clara como norte: sostener la esencia de las raíces, pero mostrar algo fresco.
La producción conjunta de Pardo Producciones y Vaira Producción apuesta fuerte a una temporada con “salto de calidad” para un espectáculo que ya se convirtió en un clásico del verano, combinando folclore, humor y una puesta escénica de alto impacto.
Una incorporación que cambia el color del escenario
Entre las novedades más marcadas de esta edición aparece la llegada de Andrés Teruel, que suma carisma y veta humorística, en diálogo con la potente voz de Jonatan Bisotto.

El resultado es un Trum más “teatral” en su recorrido, con momentos de respiro y otros de explosión, y una energía que se construye cuadro a cuadro hasta el final.

Dirigido por Facundo Lencina, el espectáculo cruza tradición y modernidad: malambo como idioma principal, potencia vocal como motor emotivo y humor como puente para que nadie se quede afuera.
El “detrás de escena” de una compañía que hace de todo
En diálogo con La Jornada, Lencina se corre de la pose y explica algo que muchas veces el público no ve: la autogestión como parte del espectáculo. Cuenta que en este tipo de compañías independientes suelen multiplicarse los roles para sostener el proyecto: dirección, coreografía, vestuario, estar en escena y también vender entradas.
Ese esfuerzo, dice, se justifica cuando llega el momento más esperado: el cierre de cada función y la devolución del público. En esa emoción, agradece especialmente a la gente de Carlos Paz por acompañar y volver: no solo quienes llegan por primera vez, sino quienes repiten dentro de la misma temporada.
De un proyecto chiquito a una apuesta grande
Lencina repasa el recorrido de Trum Malambo como una historia de crecimiento por etapas. Explica que el proyecto empezó “muy chiquito” y que el primer verano asumieron el riesgo con la sensación de que podían ir por más. El segundo año, vuelve a señalar, fue clave para que más público conociera la propuesta. Y el tercer verano marcó un cambio de escala: la puerta que se abrió para trabajar con Pardo Producciones.
Esta cuarta temporada, en cambio, llegó con un desafío mayor: asumir una inversión más grande y sostenerla en escena. Lencina menciona el trabajo sobre el vestuario, la idea general, el hilo conductor, la técnica y la incorporación de recursos que potencien el impacto, incluidos efectos especiales pensados desde el movimiento mismo del show.
“Un sueño cumplido todos los días”
Cuando define qué representa Trum en lo personal, Lencina elige una frase que vuelve una y otra vez: “Trum Malambo es un sueño cumplido todos los días”. Y en esa definición mete también la realidad del contexto: la incertidumbre de cada noche, el arranque con pocas entradas vendidas y la alegría de ver la sala llena al final.
En ese punto, la palabra “familia” aparece como síntesis: Trum como grupo, como identidad compartida, como un proyecto que se sostiene en equipo y se valida en el encuentro con el público.
Qué es Trum en términos de espectáculo
Si hay que bajarlo a tierra, Lencina lo explica como malambo folclórico moderno y lo dice sin vueltas: “No es un espectáculo para venir a vivirlo sentado y a escuchar”. La propuesta, remarca, es de alto impacto visual y sonoro, pero con matices y una línea narrativa que guía al público: una “historia” que arranca en el sonido del bombo y va construyendo el ritmo del malambo como un viaje.

Esa estructura, sostiene, hace que los cuadros no sean solo demostraciones de destreza, sino escenas que contagian y empujan hacia un final arriba.
Romper el prejuicio: “no es ‘un show folclórico’ y listo”
Lencina también apunta a un prejuicio habitual: la idea de que, si es folclore, solo convoca a quienes ya están en ese mundo. Para él, Trum rompe ese límite: aunque mantiene la esencia del malambo, está pensado para que lo disfrute también gente que no se considera “folclorera”.

Y ahí aparece una clave de la puesta: no se trata solo de zapatear, sino de interpretar una historia. En una parte del show —explica— hay un contrapunto, una pelea, una “jefa” campeona que aparece, tensión y dramaturgia. “El zapateo es una excusa”, resume, para hablar de algo más grande: adrenalina, competencia, clima, emoción compartida.
El público como parte de la historia
Trum funciona cuando la platea entra en ese código. Lencina lo describe como un fenómeno físico: la gente se va con adrenalina, “tensionada” en el buen sentido, como si hubiera vivido el impulso del escenario desde su butaca. Y lo define con una idea que, por sencilla, es potente: si el público se suma a esa historia, “es mágico”.
Funciones y entradas
Trum Malambo se presenta de miércoles a domingo a las 23:45 en el Teatro Libertad. Entradas anticipadas en boletería (Libertad 70) y a través de Autoentrada.






































