El ministro de Economía sostuvo que la Argentina “no está en recesión”, aunque admitió que la actividad crece a un ritmo menor. También vinculó la suba del riesgo país con el escenario internacional y con la incertidumbre electoral, mientras defendió las perspectivas de recuperación a partir de salarios, crédito e inversión.
El ministro de Economía, Luis Caputo, reconoció este sábado que la economía argentina atraviesa una desaceleración, aunque rechazó que el país se encuentre actualmente en recesión.
“Estamos creciendo menos que antes”, afirmó durante una charla con periodistas en París, al cierre de la Argentina Week, y atribuyó la pérdida de velocidad de la actividad a una combinación de factores internacionales y domésticos.
Caputo mencionó entre ellos la suba del precio de la energía, las tasas internacionales y la incertidumbre política interna de cara a las elecciones de 2027.
La definición introduce un reconocimiento oficial sobre el enfriamiento de la actividad después de varios meses en los que el Gobierno había puesto el énfasis principalmente en la continuidad del crecimiento.
El ministro sostuvo, sin embargo, que el Ejecutivo observa para sus análisis la serie de tendencia-ciclo del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE), que busca suavizar las variaciones más bruscas de corto plazo, y aseguró que ese indicador continúa mostrando una trayectoria positiva.
Qué muestran los últimos datos de actividad
Los datos oficiales reflejan, de todos modos, una pérdida de impulso.
El Producto Interno Bruto cayó 0,6% en el segundo trimestre de 2026 respecto de los primeros tres meses del año, según la medición desestacionalizada del INDEC, aunque se mantuvo 2% por encima del mismo período de 2025.
El deterioro se profundizó en julio. El EMAE registró una baja mensual desestacionalizada del 2,9% y quedó 1,4% por debajo de julio de 2025.
En los primeros siete meses del año, la actividad todavía acumula un crecimiento interanual del 1,7%.
La serie tendencia-ciclo, en cambio, mostró una mejora mensual del 0,2% en julio. Es ese indicador el que Caputo tomó como referencia para sostener que el proceso de crecimiento no se interrumpió.
Los datos, por lo tanto, permiten dos lecturas diferentes: la economía mantiene una mejora acumulada respecto del año pasado, pero los indicadores más recientes muestran una desaceleración marcada y una fuerte caída mensual en julio.
Caputo espera una recuperación en agosto y septiembre
El ministro sostuvo que los próximos datos deberían mostrar una mejora y anticipó que espera mejores registros para agosto y septiembre.
Entre los elementos que mencionó aparecen la evolución de los salarios, determinados indicadores de consumo, las inversiones anunciadas y la expansión de algunos segmentos del crédito.
Los últimos datos disponibles muestran que el índice de salarios aumentó 2,8% en julio y acumuló una suba interanual del 36,2%.
El crédito, en cambio, presenta una evolución más dispar. Según el Banco Central, los préstamos en pesos al sector privado cayeron 1% en términos reales y desestacionalizados durante agosto, aunque continuaron creciendo algunas líneas específicas, particularmente los créditos hipotecarios.
Caputo puso especial énfasis en ese segmento y sostuvo que su expansión puede impulsar nuevos desarrollos inmobiliarios y la construcción.
También mencionó como factor positivo el inicio de obras vinculadas con concesiones viales y los anuncios de inversión surgidos durante la Argentina Week en París.
El propio ministro aclaró que buena parte de esos proyectos son de largo plazo y se ejecutarán durante los próximos años, por lo que no deben interpretarse como desembolsos inmediatos sobre la actividad actual.
El riesgo país volvió a niveles máximos del año
Caputo también buscó explicar la reciente suba del riesgo país, que durante las últimas ruedas volvió a ubicarse en la zona más alta de 2026.
El viernes, el índice elaborado por JP Morgan terminó alrededor de 650 puntos básicos, después de una semana de fuerte presión sobre los bonos argentinos.
El ministro estimó que aproximadamente la mitad de esa suba puede atribuirse al deterioro del escenario internacional, especialmente al aumento de las tasas de los bonos estadounidenses y a la evolución de los precios energéticos.
También reconoció un componente político interno.
Caputo señaló que algunos inversores comienzan a incorporar en sus decisiones la incertidumbre sobre las elecciones presidenciales de 2027 y la posibilidad de un eventual cambio de rumbo económico.
La evaluación coincide con señales observadas durante las últimas semanas en los mercados, donde el aumento del riesgo país se produjo simultáneamente con una mayor aversión global al riesgo y con interrogantes locales sobre la continuidad del programa económico.
Entre la desaceleración y la expectativa oficial
El Gobierno mantiene una lectura optimista sobre los próximos meses.
Caputo aseguró que espera una aceleración de la actividad, una mejora progresiva del crédito y un mayor impacto de las inversiones y las obras de infraestructura.
Los últimos indicadores disponibles, sin embargo, todavía muestran un escenario mixto: la economía conserva crecimiento acumulado frente a 2025 y la serie tendencia-ciclo permanece positiva, pero el PBI retrocedió en el segundo trimestre y la actividad sufrió en julio su caída mensual más fuerte desde 2020.
La discusión de los próximos meses pasará precisamente por determinar si ese retroceso fue transitorio, como sostiene el Gobierno, o si marca una desaceleración más persistente de la economía.



































