El gobierno reconocido internacionalmente anunció operaciones para recuperar los territorios controlados por los rebeldes respaldados por Irán. Arabia Saudita aporta apoyo militar y Estados Unidos inteligencia, mientras el control del estratégico estrecho de Bab el-Mandeb vuelve a poner bajo presión las rutas comerciales y petroleras.
El gobierno de Yemen reconocido internacionalmente anunció este domingo el inicio de una ofensiva militar de gran escala contra los hutíes, en un intento por recuperar los territorios que el movimiento respaldado por Irán controla desde hace años y revertir sus recientes avances sobre la costa del mar Rojo.
El presidente del Consejo de Liderazgo Presidencial, Rashad al-Alimi, aseguró que las operaciones continuarán hasta recuperar las zonas que permanecen bajo dominio hutí y restablecer la autoridad del Estado.
El anuncio marca una nueva escalada en una guerra civil que había reducido considerablemente su intensidad desde la tregua alcanzada en 2022 y que volvió a recrudecer durante los últimos meses.
El escenario es especialmente sensible porque los hutíes consiguieron en septiembre avanzar unos 150 kilómetros sobre la costa del mar Rojo, tomar la estratégica ciudad portuaria de Mokha y extender su control sobre el estrecho de Bab el-Mandeb, una de las principales rutas marítimas del mundo.
A la ofensiva terrestre se suman ataques aéreos contra posiciones hutíes. Las fuerzas yemeníes respaldadas por Riad informaron que alcanzaron objetivos en Saná, la capital controlada por los rebeldes, y en la provincia septentrional de Saada.
Bab el-Mandeb, el principal objetivo estratégico
Uno de los puntos centrales de la ofensiva es el control del Bab el-Mandeb, el estrecho que conecta el mar Rojo con el golfo de Adén y, desde allí, con el océano Índico.
Por esa vía circula aproximadamente el 12% del comercio mundial, además de cargamentos de petróleo, gas y mercaderías que conectan Asia con Europa a través del Canal de Suez.
El avance hutí sobre la zona durante septiembre modificó el equilibrio militar dentro de Yemen y amplió su capacidad para amenazar la navegación.
Los rebeldes también ocuparon islas estratégicas del mar Rojo y, según organismos de vigilancia marítima, aumentaron los incidentes alrededor de embarcaciones comerciales.
Este domingo, el centro británico UK Maritime Trade Operations informó que un buque mercante reportó explosiones en sus inmediaciones unos 110 kilómetros al sur de Mokha. La tripulación resultó ilesa y las causas del episodio permanecían bajo investigación.
La posibilidad de combates prolongados alrededor del estrecho representa un nuevo riesgo para compañías navieras que ya han debido modificar rutas durante períodos anteriores de ataques hutíes.
Arabia Saudita vuelve al centro del conflicto
La ofensiva cuenta con respaldo directo de Arabia Saudita, principal aliado del gobierno yemení.
Fuentes regionales y occidentales citadas por Reuters habían adelantado esta semana que el plan contemplaba fuerzas yemeníes sobre el terreno apoyadas por ataques aéreos saudíes.
Riad intervino militarmente en Yemen en 2015 al frente de una coalición regional, pero no consiguió derrotar a los hutíes y posteriormente redujo sus operaciones mientras avanzaban negociaciones para terminar con la guerra.
El escenario cambió durante 2026 tras nuevos ataques con misiles y drones contra territorio saudí y el rápido avance rebelde hacia Bab el-Mandeb.
Estados Unidos, por su parte, está proporcionando información de inteligencia a Arabia Saudita, pero hasta ahora no está confirmado que fuerzas estadounidenses participen directamente de la nueva ofensiva terrestre o aérea.
Washington había rechazado pedidos saudíes para incorporarse de manera directa a las operaciones, según funcionarios citados por Reuters.
En cuanto a Emiratos Árabes Unidos, actor central en etapas anteriores de la guerra y con vínculos con distintas fuerzas del sur de Yemen, hasta este domingo no había una confirmación independiente de una participación militar directa en la nueva campaña anunciada por Al-Alimi.
Combates alrededor de Taiz
Otro frente crítico se encuentra en torno a Taiz, la tercera ciudad más grande de Yemen.
Durante las últimas 48 horas, los hutíes avanzaron sobre posiciones elevadas cercanas a la ciudad y se aproximaron a la última ruta que conecta Taiz con Adén, sede del gobierno reconocido internacionalmente.
Si esa carretera quedara bajo control rebelde, la ciudad podría quedar prácticamente sitiada.
Taiz lleva más de una década atravesada por el conflicto y alberga a cientos de miles de civiles, además de miles de soldados de las fuerzas gubernamentales.
La presión sobre ese corredor es uno de los motivos inmediatos detrás de la decisión del gobierno de lanzar la contraofensiva.
Ataques contra instalaciones petroleras
En paralelo al anuncio militar, los hutíes aseguraron haber lanzado misiles balísticos y drones contra instalaciones de Saudi Aramco en Riad y en la zona de Khurais, uno de los principales centros petroleros saudíes.
El grupo afirmó haber causado incendios importantes, aunque Arabia Saudita no confirmó inmediatamente el alcance de los daños.
Associated Press verificó que durante el sábado se registró un incendio en una instalación de Aramco, pero hasta el momento no existe confirmación independiente de que haya sido provocado por el ataque reivindicado por los hutíes.
La sola posibilidad de interrupciones en la producción saudí ya generó reacción en los mercados internacionales: el petróleo Brent comenzó las operaciones asiáticas con una suba cercana al 0,8%, por encima de los US$103 por barril.
El impacto potencial es significativo porque Arabia Saudita sigue siendo uno de los mayores exportadores mundiales de crudo y el conflicto coincide con tensiones sobre otras rutas energéticas de Medio Oriente.
Una guerra cada vez más regional
Los hutíes controlan Saná y buena parte del norte y noroeste de Yemen, las zonas más pobladas del país, desde 2014.
El gobierno reconocido internacionalmente mantiene su principal base en Adén y controla regiones del sur y el este, aunque sus fuerzas están integradas por distintas facciones y grupos locales.
Irán respalda políticamente y militarmente a los hutíes, mientras Arabia Saudita sostiene al gobierno yemení. Estados Unidos participa principalmente con inteligencia y apoyo a sus aliados regionales.
La nueva escalada ocurre además en un escenario de fuerte tensión entre Washington, Israel e Irán, lo que aumenta el riesgo de que el conflicto yemení vuelva a convertirse en otro frente de una confrontación regional más amplia.
Las Naciones Unidas vienen intentando evitar ese escenario. Su enviado especial para Yemen, Hans Grundberg, mantuvo durante los últimos días contactos con negociadores hutíes y autoridades saudíes para intentar contener la escalada.
Según datos de la ONU, los enfrentamientos de las últimas semanas ya dejaron al menos 838 muertos, más de 3.600 heridos y alrededor de 145.000 desplazados internos.
El desafío ahora será determinar hasta dónde llega realmente la ofensiva anunciada por el gobierno yemení. La recuperación de Bab el-Mandeb aparece como uno de los objetivos militares más urgentes, pero una campaña destinada a retomar todos los territorios hutíes implicaría avanzar sobre Saná y buena parte del norte del país, un escenario que podría devolver la guerra civil a niveles de intensidad no vistos en varios años.








































