martes, febrero 3, 2026
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Soledad y una noche épica en Cosquín: lluvia, invitados y 30 años de historia

Foto: Comisión Municipal de Folklore de Cosquín.

En la octava luna del Festival Nacional de Folklore, la artista de Arequito coronó tres décadas de historia con un concierto conceptual, invitados de lujo y una plaza colmada.


Treinta años después de aquel debut adolescente con poncho al viento, Soledad Pastorutti volvió a la Plaza Próspero Molina como dueña absoluta de la octava luna de Cosquín 2026. La noche del sábado 31 de enero encontró la plaza colmada, con entradas agotadas y un clima de celebración que mezcló nostalgia, gratitud y fiesta popular, en el marco de la 66ª edición del Festival Nacional de Folklore.

La fecha no fue una más: se cumplieron tres décadas de aquella primera presentación en el escenario mayor en 1996, cuando una joven de 15 años irrumpió en Cosquín y cambió para siempre el mapa del folklore argentino. Tres décadas después, la celebración tomó forma de espectáculo especial titulado “30 Años en Cosquín”, pensado como un repaso de su recorrido artístico y de la relación que fue tejiendo con el festival y con el público a lo largo de todo este tiempo.

Una jornada “de sol a sol”

El festejo empezó varias horas antes de que se encendieran las luces del escenario Atahualpa Yupanqui. Desde las 18.30, en la Plaza San Martín de Cosquín, se montó “La Peña de La Sole”, un encuentro abierto con fans que incluyó música en vivo, juegos, entrevistas, DJs y una puesta especial que hasta propuso buscar el “ponchazo” más grande del mundo. Todo se transmitió por plataformas digitales, ampliando la celebración mucho más allá de la plaza.

A las 21.30 llegó “La previa de La Sole”, una cobertura en vivo desde distintos rincones de la Próspero Molina y sus alrededores, que mostraba el detrás de escena, los preparativos y la expectativa antes de un concierto anunciado como histórico, tanto por la propia artista como por la organización del festival.

Entrada desde la luna y lluvia como postal

El momento central de la jornada comenzó alrededor de las 0.30, ya en la madrugada del domingo, cuando la artista apareció sobre una enorme luna que sobrevoló el escenario mayor. El recurso escénico funcionó como guiño directo al imaginario del festival y como marco para un arranque cargado de simbolismo, ante una plaza que estalló en ovaciones.

La otra gran protagonista fue la lluvia. Un diluvio se desató en plena presentación y obligó a desplegar pilotos y paraguas en las plateas y las tribunas. Lejos de opacar la noche, el agua terminó reforzando el tono épico del concierto: la multitud se quedó en su lugar, cantando y aplaudiendo bajo el aguacero, mientras la artista siguió adelante con el show sin bajar la intensidad.

Invitados, poncho y clásicos compartidos

El repertorio estuvo organizado como un viaje por las distintas etapas de su carrera, con espacio para los grandes éxitos que la convirtieron en referencia del folklore popular, y también para cruces con nuevas generaciones. Sobre el escenario se sumaron invitados que terminaron de darle carácter de celebración colectiva a la noche: su hermana Natalia Pastorutti, Cazzu, Nahuel Pennisi, Ivonne Guzmán, integrantes de La Delio Valdez y otros artistas que aportaron matices urbanos, populares y de raíz a lo largo de la lista de temas.

Uno de los pasajes más emotivos fue el reencuentro en escena de las hermanas Pastorutti, que compartieron clásicos como “A don Ata” y recrearon, ante una generación nueva de espectadores, el clima de aquel debut de 1996 que marcó sus carreras. El poncho volvió a convertirse en símbolo: ondeó en distintos momentos del show, reforzando la imagen que, hace treinta años, quedó asociada a la figura de la cantante de Arequito.

Familia, emoción y un mensaje para Cosquín

La celebración tuvo también un componente íntimo. En un tramo del concierto, la artista invitó a su familia a subir al escenario y compartió canciones y anécdotas frente a una Próspero Molina colmada. Las imágenes de ese momento se multiplicaron luego en redes y en las coberturas audiovisuales de la noche.

En sus cuentas oficiales, Soledad resumió el sentimiento que la atravesó en esta octava luna con una frase que rápidamente se viralizó: “Soy esa niña… Soy esa mujer… Gracias Cosquín!!! #30AñosDeSoledad”. El mensaje condensó la idea que sobrevoló todo el espectáculo: la continuidad entre aquella adolescente que se paró por primera vez en el escenario mayor y la artista consagrada que hoy sigue identificándose con ese origen.

Caravana al amanecer y futuro de proyecto federal

Tras el cierre del show en el escenario Atahualpa Yupanqui, la noche todavía guardaba un último gesto simbólico. Junto a sus seguidores, Soledad encabezó la “Caravana de La Sole”, un recorrido desde la Plaza Próspero Molina hasta la Plaza San Martín que reconstruyó el camino que hizo por primera vez hace 30 años, cuando llegó a Cosquín acompañada por su familia y un pequeño grupo de músicos. El festejo se prolongó hasta el amanecer, como epílogo de una jornada que unió pasado, presente y proyección de futuro.

La celebración en Cosquín se inscribe, además, en un horizonte más amplio. En los días previos, la artista lanzó la campaña “Está llegando el Huracán”, un guiño a uno de los apodos que la acompañan desde sus inicios, y presentó el proyecto “30 Pueblos”, una serie de contenidos audiovisuales y encuentros con comunidades de todo el país que busca poner en valor historias locales y raíces musicales.

Con esta octava luna, Cosquín reforzó su vínculo histórico con una de sus figuras emblemáticas y Soledad ratificó que el festival no es solo el lugar donde nació su carrera profesional, sino también un escenario desde el cual sigue dialogando con nuevas generaciones, cruzando géneros y ampliando los límites del folklore popular argentino.

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