“La Yordano” (Cárcano y San Roque – Villa Carlos Paz – 7 de agosto de 2017)
Así, en femenino… en femenino y con YE: La Yordano.
Porque hay esquinas que tienen nombre propio y no hay cartel o voluntad política que las pueda rebautizar…y esta esquina es y será siempre: La Yordano.
Hacé la prueba, subite a un taxi con un chofer que tenga al menos un par de canas y decile:
– “Cabeza, llevame a La Yordano!!!
Y vas a ver.
Puede cambiar de dueño, podría cambiar de petrolera, pero seguirá siendo La Yordano… del Cacho… y en cordoobé se pronuncia con YE.
Francisco “Cacho” Giordano la levantó en esta cuña de tierra, casi un triangulo, a poco de nacer la Cárcano, debe ser al 150 masomenos, la ruta que va al sur, en un terrenito donde solían aparcar los circos, que luego se tuvieron que ir con sus carpas, payasos y bichos (aún tenían animales) más al sur aún.
La Yordano era, para su momento, una obra faraónica. Aún lo es, con el aggiornamiento de las YPF, sigue luciendo poderosa.
Pero no es lo único que hizo el Cacho.
Cacho Giordano corrió en autos, tumbó un par de ellos, vio que su hermano Lalo era mucho mejor, se bajó del auto y lo subió a él. Se convirtió así en mánager deportivo y salieron campeones argentinos con un Renol que les preparó un tal Oreste Berta. Después lo hizo con el boxeo, armó Stadium y lo llevó a Santos Laciar a ganar tres coronas mundiales. Sí, sí, tres coronas del CMB. Manejó parte de la noche con Zorba con la música más popular de Córdoba… y de Córdoba también buscó una leyenda, eligió actores con toonada, y armó una obra: La Papa de Hortensia… con la que pulverizó todos los records. La cola de entrada de La Papa, en el Teatro Yolanda (hoy Galería La Strada) llegaba hasta la esquina del centro donde casi se encontraba con la cola del Negro Cava que tenía unos pibes santafecinos bastante graciosos: Los Midachi… y en el medio estaba el Negro Olmedo… y mas allá Susana. Era el big bang del Teatro… y Cacho formó parte de eso.
Tuvo por suerte a La Mary al lado, con la que tuvo tres hijos que mamaron todo lo que les enseñó: Eduardo (el Ganso), Roberto (el Tano, mi amigo) y Pablito… que eran bastante menos lindos que las tres hijas del Lalo (Maru, Flor y Ceci)… pero cosechadores de amigos como pocos.
Con el Tano compartí muchos de los mejores momentos de mi vida. Fútbol, boliches, viajes… y las anécdotas me desbordan. Muchas de esas anécdotas brotaron ahora, como suele pasar en los velatorios, en la vereda de Brandalise, entre risas contenidas por el dolor; con el Colo, el Negro, el Churqui, el Chaco (ya te voy a pagar… bromeó el Tano al funebrero del grupo)… y luego se fueron sumando otros pendejos de… cincuenta.
Dije velatorio.
Sí.
El lunes 7 de agosto se fue de esta vida, de esta pelea terrenal el Cacho, y su legado es enorme… en lo familiar y en lo empresarial, que siempre están un poco mezclados en los Giordano (ahora sí, con G). Ese legado lo continúan hoy sus hijos y sus nietos con Keops… con el Luxor… con Zorba.
El Cacho ya descansa en paz… lo que es una forma de decir, porque seguro que está allá arriba organizando algo… algo picante.
Y matate que esta esquina, la de la foto de hoy… se seguirá llamando: La Yordano.
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Nota correspondiente a la edición n° 478 del semanario La Jornada, del 13 de agosto de 2017.


































