El Municipio cuestionó que el establecimiento haya suspendido temporalmente el alojamiento nocturno, aunque sigue brindando asistencia alimentaria y contención social. El aporte de alrededor de $1,1 millón mensual se destina principalmente al alquiler de la sede, donde la nueva conducción trabaja para recuperar los servicios. La decisión llega en medio de reiterados pedidos de diálogo que siguen sin respuesta.
La relación entre el Gobierno de Esteban Avilés y el Refugio Nocturno y Hogar de Tránsito Cura Brochero sumó un nuevo capítulo de tensión. Esta vez, la Municipalidad de Villa Carlos Paz dejó sin pagar el subsidio correspondiente a septiembre, un aporte de aproximadamente $1,1 millón mensual que la institución destina fundamentalmente al alquiler del inmueble donde desarrolla sus actividades solidarias.
La decisión se conoció a partir de una nota fechada el 14 de octubre y remitida al Concejo de Representantes, en la que el Ejecutivo cuestiona que el Refugio haya dejado de alojar personas durante la noche y sostiene que esa modificación en su funcionamiento obliga a revisar la correspondencia entre el subsidio y las prestaciones efectivamente brindadas.
El planteo introduce una nueva dificultad para una institución que, después de atravesar una crisis que la colocó al borde del cierre definitivo, renovó anticipadamente su conducción, reorganizó sus servicios y decidió continuar asistiendo a personas en situación de vulnerabilidad.
La suspensión del alojamiento nocturno forma parte de ese proceso de reorganización. Mientras se realizan tareas de mantenimiento y acondicionamiento del edificio, el Refugio continúa ofreciendo comidas, viandas, elementos de higiene, ropa y otros servicios de asistencia, con la intención expresa de recuperar progresivamente la posibilidad de recibir personas para pernoctar.
Sin embargo, para el Municipio esa continuidad de la tarea solidaria no alcanza, al menos por ahora, para despejar los cuestionamientos sobre el destino del aporte económico.
El argumento municipal: sin alojamiento, el subsidio queda bajo evaluación
La comunicación enviada al Concejo, presidido por Alejandra Roldán, reconstruye inicialmente los conflictos que durante los últimos meses enfrentaron al Refugio con parte de los vecinos y comerciantes del sector de avenida Cárcano.
Luego recuerda que las anteriores autoridades de la institución habían anunciado el cese de las actividades de alojamiento desde el 31 de agosto y la intención de restituir el inmueble a sus propietarios a fines de septiembre.
Ese escenario, sin embargo, cambió con la renovación de la comisión directiva y la decisión de mantener abierto el establecimiento.
El propio Ejecutivo reconoce que la institución continúa funcionando, aunque pone el foco en las características de los servicios que prestó durante septiembre.
Según la nota, del análisis de la documentación presentada por el Refugio surge que las actividades de ese mes “se limitaron a la prestación del servicio de comedor determinados días de la semana, sin registrarse personas alojadas en el establecimiento”.
A partir de esa constatación, el Municipio considera que existe una modificación sustancial respecto de las condiciones que justificaron originalmente la ayuda económica.
La comunicación recuerda que el subsidio, establecido en el marco de la Ordenanza 4859, se encuentra vinculado especialmente con el alojamiento nocturno y la asistencia a personas en situación de tránsito o vulnerabilidad.
En consecuencia, plantea la necesidad de evaluar el destino de los fondos públicos y las prestaciones efectivamente realizadas.
El Ejecutivo informa además que solicitó a las autoridades del Refugio precisiones sobre su funcionamiento actual y las previsiones para restablecer el alojamiento nocturno.
La institución respondió que se encuentra reacondicionando el inmueble y que pretende recuperar ese servicio, aunque todavía no puede establecer una fecha concreta.
La asistencia continúa, aunque las personas no puedan quedarse a dormir
El argumento municipal abre una discusión que va más allá del cumplimiento administrativo de las condiciones del subsidio.
¿La suspensión temporal del alojamiento nocturno alcanza para justificar que se retenga el aporte a una institución que sigue brindando asistencia a personas vulnerables?
La respuesta del Ejecutivo parece concentrarse exclusivamente en una de las prestaciones históricas del Cura Brochero, dejando en segundo plano el trabajo que todavía sostiene su equipo de voluntarios.
En una extensa entrevista publicada por La Jornada, el nuevo presidente de la asociación civil, Lucas Gabutti, explicó que la institución actualmente abre lunes, martes y miércoles, con servicios de merienda, cena, entrega de viandas, ropa, medicamentos y elementos de higiene. También ofrece acceso a baños y espacios de acompañamiento.
Los sábados se mantienen actividades recreativas y de contención.
Según Gabutti, alrededor de 50 personas concurren por jornada a recibir alguna de esas prestaciones, entre ellas personas en situación de calle, trabajadores informales y jubilados cuyos ingresos no alcanzan para cubrir necesidades básicas.
El Refugio sigue ofreciendo, por lo tanto, una respuesta concreta a situaciones de vulnerabilidad social que no desaparecieron con la suspensión del alojamiento.
La nueva conducción tampoco decidió abandonar definitivamente ese servicio. Por el contrario, uno de sus objetivos es “aunque sea empezar a retomar paulatinamente los días de alojamiento”.
Para conseguirlo necesita resolver problemas de infraestructura, incorporar voluntarios que puedan cubrir las guardias nocturnas y recuperar cierta estabilidad financiera.
Y es precisamente sobre ese último aspecto donde la falta del subsidio municipal introduce una dificultad adicional.
Un aporte insuficiente que ahora tampoco llega
El subsidio que la Municipalidad destina al Cura Brochero ronda los $1,1 millón mensuales, una cifra que desde hace tiempo resulta insuficiente para afrontar las distintas necesidades del establecimiento.
Buena parte de ese dinero se utiliza para pagar el alquiler de la sede de avenida Cárcano 224, mientras que los alimentos, los servicios, los elementos de higiene y otros gastos cotidianos requieren de donaciones y recursos adicionales.
La institución ya había solicitado durante el año una actualización del aporte, especialmente después de los incrementos en el costo del inmueble.
La gestión municipal no accedió a ese pedido.
Ahora, además, quedó sin pagar la asistencia correspondiente a septiembre.
La secuencia plantea una contradicción difícil de soslayar: el Municipio cuestiona que el Refugio no esté ofreciendo alojamiento nocturno, pero al mismo tiempo retiene una parte fundamental de los recursos que necesita para sostener el edificio donde pretende recuperar esa prestación.
El problema se agrava porque la institución también perdió otra fuente de financiamiento cuando decidió abandonar la actividad de reciclado, uno de los aspectos que habían generado conflictos con vecinos y comerciantes del sector.
Aquella medida contribuyó a modificar el funcionamiento del establecimiento y reducir los motivos de tensión con su entorno, pero también significó resignar ingresos.
Una nueva conducción que busca diálogo, sin respuestas del Municipio
La decisión municipal se produce, además, en un momento particularmente sensible de la historia del Cura Brochero.
Después de 28 años de trabajo solidario, la asociación estuvo muy cerca de cerrar sus puertas durante agosto. Las dificultades económicas, el agotamiento de sus responsables y los conflictos institucionales habían llevado a una situación que parecía difícil de revertir.
Sin embargo, un grupo de voluntarios decidió anticipar la renovación de autoridades y asumir la responsabilidad de mantener la institución en funcionamiento.
En septiembre, Lucas Gabutti pasó a encabezar una nueva comisión directiva que se propuso reorganizar las tareas, distribuir responsabilidades y reconstruir gradualmente los servicios.
Entre sus prioridades también apareció la necesidad de recomponer el vínculo con el Gobierno municipal.
La relación arrastraba meses de enfrentamientos, declaraciones públicas del intendente Avilés contra aspectos del funcionamiento del establecimiento y pedidos de audiencia que no obtuvieron respuestas.
La nueva conducción intentó abrir otra etapa. Comunicó formalmente sus autoridades y proyectos al Concejo de Representantes y manifestó su disposición a trabajar de manera articulada.
Pero tampoco consiguió hasta ahora una reunión que permita discutir personalmente el futuro de la institución, sus necesidades y las condiciones para restablecer el alojamiento.
El contraste resulta significativo: mientras las solicitudes de diálogo continúan sin respuesta, el Ejecutivo sí formalizó ante el Concejo sus cuestionamientos sobre el funcionamiento del Refugio y el destino del subsidio municipal.
Una política que agrega obstáculos en lugar de facilitar soluciones
La retención del aporte de septiembre difícilmente pueda analizarse como un episodio aislado.
Se incorpora a una relación que durante los últimos meses estuvo marcada por cuestionamientos públicos del intendente, la negativa a mejorar el financiamiento y la falta de respuestas a las gestiones institucionales del Cura Brochero.
El Gobierno municipal tiene facultades para controlar el destino de los subsidios y exigir las rendiciones correspondientes. Pero también tiene responsabilidades frente a una problemática social que la organización viene atendiendo desde hace casi tres décadas.
En ese contexto, condicionar el financiamiento a la prestación de un servicio que la institución intenta recuperar, sin acompañar ese proceso de reorganización, termina dificultando precisamente el objetivo que se invoca para revisar el aporte.
La nueva comisión no está planteando dejar de alojar personas de manera definitiva. Está intentando recuperar las condiciones necesarias para volver a hacerlo.
Mientras tanto, sigue asistiendo a vecinos que necesitan alimentarse, higienizarse o encontrar un espacio de contención.
La decisión de dejar sin pagar el subsidio, lejos de facilitar esa recuperación, profundiza la fragilidad económica de la institución y agrega incertidumbre sobre la continuidad de su sede.
El conflicto deja así planteada una cuestión de fondo sobre las prioridades de la gestión de Avilés: si el Municipio reconoce que el Refugio continúa prestando asistencia social y conoce su decisión de recuperar el alojamiento nocturno, ¿por qué elige retenerle recursos en lugar de trabajar junto a sus nuevas autoridades para reconstruir ese servicio?
La pregunta adquiere todavía más peso cuando se observa que, después de meses de tensiones y de una crisis que casi terminó con el Cura Brochero, sus voluntarios decidieron seguir adelante.
La institución está haciendo su parte para sostener una tarea solidaria de 28 años. La respuesta municipal, por ahora, agrega un nuevo obstáculo.



































