El economista presentó este lunes su dimisión como titular del organismo estadístico, tras más de seis años en el cargo y a días de que se difunda el primer dato de inflación con la nueva metodología. El Gobierno aún no anunció a su reemplazante.
La salida de Marco Lavagna del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) se formalizó este lunes 2 de febrero de 2026, cuando el economista presentó su renuncia a la dirección del organismo y la decisión fue comunicada internamente, según confirmaron fuentes oficiales. El movimiento se produce después de más de seis años al frente del Indec y en la antesala de un dato clave: el primer Índice de Precios al Consumidor calculado con la nueva canasta y la actualización metodológica que empieza a aplicarse desde enero.
Por el momento, el Gobierno nacional no informó quién ocupará la conducción del Indec ni fijó una fecha para anunciar al sucesor, por lo que el organismo queda transitoriamente con una vacante en su cúpula en pleno proceso de cambio de metodología. La renuncia llega, además, en un contexto en el que la medición de la inflación y la redefinición de los índices oficiales se encuentran en el centro del debate público y político, con discusiones sobre el diseño de la nueva canasta y el impacto que tendrá en la lectura de la suba de precios.
Lavagna había asumido la conducción del Indec a fines de 2019, durante el gobierno de Alberto Fernández, en continuidad con el proceso de “normalización” estadística iniciado por Jorge Todesca tras la intervención del organismo en la década pasada. Economista de origen peronista y vinculado al Frente Renovador, fue uno de los pocos funcionarios que se mantuvo en su cargo tras el cambio de signo político en la Casa Rosada, cuando Javier Milei decidió ratificarlo y le prometió avanzar hacia la autarquía del Indec como señal de resguardo institucional para las estadísticas oficiales.
La renuncia se conoce pocos días antes de que el organismo difunda, el martes 10 de febrero, la inflación de enero, que será el primer dato elaborado con la nueva base del IPC. El esquema incorpora una canasta de consumo actualizada, ponderadores tomados de la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares 2017/18 y una clasificación compatible con Coicop 2018, además de un relevamiento de precios más extendido y digitalizado. El rediseño, que Lavagna impulsó desde 2024, busca acercar las mediciones a los patrones reales de consumo, al tiempo que analistas advierten que los cambios en la ponderación de tarifas y servicios pueden modificar la dinámica del índice en un contexto de recomposición de precios regulados.
La salida del ahora exdirector también se inscribe en una serie de tensiones internas que vienen afectando al Indec. En agosto de 2025 renunciaron el responsable de las estadísticas de condiciones de vida y la directora de Índices de Precios de Consumo, en la antesala de la nueva metodología de inflación; oficialmente se habló de “diferencias de criterios y formas en la gestión de equipos”, aunque las salidas reavivaron sospechas sobre la independencia técnica del organismo. Meses más tarde, el Indec quedó bajo fuego cruzado por la corrección del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE), que opositores y economistas criticaron como un cambio orientado a evitar que se confirmara una “recesión técnica”; frente a esas acusaciones, la conducción de Lavagna tuvo que salir a dar explicaciones públicas.
En este escenario, la renuncia de Lavagna abre interrogantes sobre el rumbo inmediato del Indec, en especial en dos frentes: la implementación sin sobresaltos del nuevo IPC y el cumplimiento de la promesa de dotar al organismo de mayor autonomía frente al poder político. Con la inflación y los indicadores de pobreza y actividad económica bajo la lupa, la definición de quién será la nueva cabeza del instituto —y con qué margen de maniobra técnica— será clave para sostener la credibilidad de las estadísticas oficiales en un año en el que los datos tendrán un fuerte impacto en la discusión económica y social.
































