Argentina venció 3-0 a Benín en el último partido de Lionel Messi con la Selección. El capitán participó de los tres goles, lloró desde el Himno, recibió el homenaje de un Monumental colmado y cerró una historia de 21 años con un discurso cargado de emoción.
Había un partido por jugar, pero desde mucho antes de que empezara estaba claro que la noche iba a ser otra cosa. Lionel Messi se despidió este martes de la Selección Argentina y lo hizo como tantas veces durante más de dos décadas: siendo decisivo.

Argentina venció 3-0 a Benín en el estadio Monumental y el capitán participó de los tres goles: asistió a Nicolás Otamendi para abrir el marcador, habilitó a Nico Paz en el segundo y convirtió de penal el tercero, el número 126 de su carrera internacional.
Fue su partido 208 con la camiseta argentina. El último.
La emoción había comenzado mucho antes. Messi salió al campo acompañado por sus hijos Thiago, Mateo y Ciro y se quebró durante la interpretación del Himno Nacional. A su lado también lloró Lionel Scaloni. En las tribunas, más de 85 mil personas entendieron desde ese instante que estaban asistiendo al cierre de una época.
Benín resistió durante un tiempo
Argentina dominó desde el comienzo, aunque durante el primer tiempo chocó con una defensa cerrada y con una buena actuación del arquero Marcel Dandjinou.
Scaloni dispuso a Emiliano Martínez; Agustín Giay, Cristian Romero, Nicolás Otamendi, Nicolás Tagliafico; Rodrigo De Paul, Enzo Fernández, Alexis Mac Allister; Lionel Messi; Julián Álvarez y Lautaro Martínez.
La Selección manejó la pelota, acumuló llegadas y obligó a Benín a retroceder, pero no encontró precisión en los metros finales.
Messi se movió con libertad detrás de los delanteros, buscó permanentemente asociaciones cortas y tuvo varias intervenciones cerca del área. El equipo africano logró sostener el cero hasta el descanso y el primer tiempo terminó sin goles.
Messi empezó a escribir el cierre
Todo cambió apenas comenzó el complemento.
A los 48 minutos, Messi ejecutó una pelota detenida y Nicolás Otamendi apareció para convertir el 1-0. Fue también un momento especial para el defensor, que disputó su último partido con la Selección y pocos minutos después dejó el campo para recibir su propia ovación.
Scaloni empezó entonces a mover el banco. Ingresaron Lisandro Martínez y Facundo Medina a los 52 minutos, y poco después llegaron Nico Paz y Nicolás González.
El cambio de Paz tuvo efecto inmediato.
A los 61 minutos, Messi volvió a encontrar un espacio y asistió al mediocampista, que definió para el 2-0 apenas dos minutos después de haber ingresado.
Argentina ya dominaba por completo y el Monumental comenzó a esperar el momento que faltaba.
Llegó a los 71 minutos.
El árbitro chileno Fernando Véjar sancionó penal y Messi tomó la pelota. Hubo silencio, teléfonos levantados y una expectativa que excedía largamente el resultado.
El capitán convirtió el 3-0 y quedó rodeado inmediatamente por sus compañeros. Fue su último gol con la camiseta argentina.
Su número 126.
Una última función completa
Messi permaneció en cancha hasta el final. Scaloni decidió no reemplazarlo y le permitió completar los 90 minutos.
Argentina cerró el partido con amplio dominio: terminó con cerca del 65 por ciento de posesión, 19 remates y 12 disparos al arco, frente a siete intentos y apenas dos tiros entre los tres palos de Benín.
También tuvieron minutos Giovani Lo Celso, Exequiel Palacios, Franco Mastantuono y Leonel Flores, dentro de una noche que funcionó al mismo tiempo como despedida y como una imagen del recambio que deberá asumir la etapa siguiente.
Cuando llegó el pitazo final, el partido quedó definitivamente en segundo plano.
Luces, drones y un Monumental que no quería irse
La ceremonia comenzó apenas terminó el encuentro.
El estadio se apagó parcialmente y un espectáculo de drones, luces, pirotecnia y proyecciones repasó distintos momentos de la carrera del capitán.
Después llegaron las actuaciones de Soledad Pastorutti y Ulises Bueno, mientras Messi permanecía en el campo junto a su familia, compañeros y personas cercanas.
Durante toda la jornada habían pasado por el escenario diferentes artistas, en una programación especialmente montada por AFA para acompañar la despedida.
El propio Messi recibió reconocimientos y volvió a abrazarse con compañeros que compartieron con él buena parte del ciclo más exitoso de la historia de la Selección.
“Jugar en la Selección es lo más lindo que te puede pasar”
El último momento quedó reservado para sus palabras.
Messi tomó el micrófono y habló durante varios minutos, visiblemente emocionado. Su primera referencia fue para su padre, Jorge Messi, fallecido dos meses atrás.
“Es muy difícil decir algo hoy, son muchas emociones. Lo primero que pienso es en mi viejo”, comenzó.
Después repasó el camino recorrido, los años difíciles y la etapa de títulos.
“No venir más va a ser un dolor muy grande”, reconoció, antes de dejar una de las frases que resumió mejor su vínculo con la camiseta: “Jugar en la Selección Argentina es lo más lindo que te puede pasar”.
También agradeció a sus compañeros y al público, recordó las derrotas que precedieron a las conquistas y reivindicó la fortaleza del grupo que terminó ganando la Copa América, la Finalissima y el Mundial.
Y dejó un pedido para lo que viene: mantenerse cerca del equipo cuando aparezcan las dificultades y acompañar a las nuevas generaciones.
Messi terminó admitiendo que no quería irse.
Después abrazó a su familia y recorrió por última vez el césped del Monumental como jugador de la Selección.
Una carrera que atravesó 21 años
El recorrido había comenzado el 17 de agosto de 2005, frente a Hungría en Budapest, con una expulsión apenas segundos después de ingresar.
Terminó 21 años más tarde en Buenos Aires.
Entre ambos partidos quedaron 208 presentaciones y 126 goles, dos récords absolutos para la Selección Argentina.
Con la Mayor conquistó cuatro títulos: la Copa América 2021, la Finalissima 2022, el Mundial de Qatar 2022 y la Copa América 2024.
Si se incorporan las categorías juveniles y olímpica, también aparecen el Mundial Sub 20 de 2005 y la medalla dorada de Beijing 2008.
Atravesó seis Mundiales, finales perdidas, renuncias, regresos, críticas y finalmente el período de mayor consagración colectiva.
La última imagen futbolística quedará perfecta para esa historia: una asistencia a Otamendi, otra a uno de los jóvenes que representan el futuro y un penal convertido frente a un Monumental rendido a sus pies.
Después ya no hubo más partido.
Solo una despedida que Argentina sabía que algún día llegaría y que, incluso preparada durante semanas, nadie parecía dispuesto a terminar.




































