Empezaron siendo apenas ocho parejas y en su tercera edición ya llegaron a 20. La Liga Carlospacense de Pádel combina competencia, autogestión y un fuerte espíritu social, con partidos, premios, redes y un tercer tiempo que se convirtió en parte esencial de la propuesta.
Todo empezó como empiezan muchas buenas historias: un grupo de amigos, varios partidos de pádel por semana y alguna discusión inevitable sobre quién venía jugando mejor.
De esos amistosos surgió una especie de ranking informal. Marcos y Franco fueron quienes dieron el puntapié para convertir aquella competencia entre amigos en algo un poco más organizado.
“Somos fanáticos del pádel. Empezamos a tener muchos amistosos, muchos por semana, y los chicos empezaron a hacer una especie de puntaje. Hasta que dijimos: ‘Che, armemos una liga’”, cuenta Fran, uno de sus organizadores.
Así nació la Liga Carlospacense de Pádel.
La primera edición reunió apenas ocho parejas. Después comenzaron a sumarse jugadores, conocidos de conocidos y gente que llegó desde afuera del grupo original. En la tercera experiencia ya fueron 20 duplas.
El número creció. El espíritu, aseguran, sigue siendo el mismo.
Competir, pero también encontrarse
La liga está pensada principalmente para jugadores ubicados entre una séptima categoría “tranqui” y una sexta fuerte.
Se juega para ganar, naturalmente. Hay tabla, clasificación, eliminación y campeones. Pero alrededor de eso construyeron otra cosa.
“El núcleo de la liga es un grupo de amigos que empezó a aceptar gente de afuera. Y más allá de que todos quieren ganar, la idea fue jugar al pádel, compartir un asado, pasarla bien. Creo que eso se diferencia de otras ligas”, explica Charly.
Fran lo resume con menos vueltas: “Lo que importa más que nada es que la pasemos bien”.
Ese componente social fue ganando terreno al mismo ritmo que la competencia. Los partidos son la excusa inicial, pero después aparecen las reuniones, las bromas, las redes y el encuentro fuera de la cancha.
Una liga hecha entre todos
La propuesta tiene además una fuerte impronta de autogestión.
Toda la coordinación de los partidos, la gestión de las canchas y la organización general de la competencia se realiza ad honorem por parte del grupo que lleva adelante la liga.
La inscripción incluye en cada edición una remera personalizada con sponsors, además de un tubo de pelotas y un grip para los participantes.
Los fondos recaudados se destinan a los premios de la competencia y al ya tradicional asado de festejo de fin de liga, otro de los momentos que terminaron convirtiéndose en parte de su identidad.
Cada edición tiene así también su propia camiseta, que queda como recuerdo y va construyendo, torneo tras torneo, una pequeña historia de la liga.




Oro, Plata y Bronce
La tercera edición reunió a 20 parejas, divididas en cuatro grupos de cinco, con partidos todos contra todos durante la primera etapa.
Los dos primeros de cada zona avanzan a la Copa Oro, mientras que quienes terminan terceros y cuartos disputan la Copa Plata.
Los quintos de cada grupo, en tanto, juegan la Copa Bronce.
El formato permite que todos continúen compitiendo después de la clasificación y que prácticamente cada pareja mantenga un objetivo hasta las últimas instancias.
El partido también sigue en Instagram
La vida de la liga tampoco termina cuando se apagan las luces de la cancha.
En su cuenta de Instagram, @liga_carlospacense, los organizadores desarrollaron una dinámica cada vez más participativa, con fotografías, videos y distintos momentos de los partidos que ayudan a sostener el clima de comunidad que rodea a la competencia.
Además, todas las semanas se realizan sorteos con importantes premios entre quienes participan de las propuestas en las redes.
Instagram terminó convirtiéndose así en otro escenario de la liga, donde continúan las cargadas, los recuerdos y la interacción entre jugadores aun después de terminado cada partido.
De ocho parejas a pensar en nuevas ligas
Las finales de Oro y Plata marcarán el cierre de esta tercera edición. Después habrá aproximadamente un mes de descanso antes de comenzar a preparar la siguiente.
Y las ideas ya empiezan a aparecer.
Entre los proyectos que vienen tomando forma figuran la posibilidad de crear una liga femenina de séptima categoría y también incorporar una competencia mixta.
La intención es seguir abriendo el juego y sumar participantes sin perder aquello que dio origen a todo.
Porque cuando Marcos y Franco comenzaron a darle forma a aquel ranking entre amigos difícilmente imaginaran que, tres ediciones después, habría 20 parejas, camisetas propias, sponsors, premios, sorteos y nuevos formatos en estudio.
Pero detrás del crecimiento sigue apareciendo la misma explicación.
“¿Por qué lo hacemos? Por pasión al pádel”, dice Fran.
Y posiblemente también porque encontraron una fórmula bastante sencilla: competir en serio durante el partido y recordar, apenas termina, que todo comenzó para tener una buena excusa para seguir juntándose.







































