El presidente de APYME, Julián Moreno, advirtió que las pequeñas y medianas empresas no tienen margen para esperar una eventual recuperación mientras siguen cayendo el mercado interno y la actividad industrial. Reclamó medidas de emergencia para frenar nuevos cierres, pero planteó una discusión de fondo: reconstruir un modelo basado en industria, empleo, salarios, crédito productivo, ciencia y tecnología y un Estado capaz de orientar el desarrollo.
Para Julián Moreno, presidente de la Asamblea de Pequeños y Medianos Empresarios (APYME), el problema de las pymes argentinas ya no puede describirse como una mala coyuntura que simplemente haya que atravesar hasta que llegue una recuperación. Su diagnóstico es mucho más severo: considera que el deterioro industrial, la contracción del mercado interno y la desaparición de empresas forman parte de la lógica del modelo económico en marcha y advierte que cada cierre deja daños que no se revierten automáticamente cuando vuelven a crecer las ventas.
“La empresa que hoy cierra, después no abre”, sintetizó durante una extensa entrevista con VillaNos Radio.
La frase condensa la preocupación que APYME expresó también en el documento difundido por el Día de la Industria, bajo otra definición igualmente contundente: “O cambiamos de rumbo o nos resignamos a desaparecer”.
Detrás de esas advertencias hay una idea que Moreno repitió a lo largo de la conversación: cuando una pyme industrial baja definitivamente sus persianas no desaparece solamente una razón social. Se pierden años de conocimiento, trabajadores capacitados, proveedores, clientes, tecnología incorporada y una red de vínculos productivos cuya reconstrucción puede demandar décadas.
Por eso, APYME plantea dos discusiones simultáneas. Una urgente, para evitar que más empresas lleguen al cierre. Y otra estructural, destinada a discutir qué modelo productivo debería reemplazar al actual.
“No es un efecto colateral”
Moreno cuestiona de raíz la idea de que la caída de la actividad productiva sea el costo transitorio de un programa de estabilización cuyos beneficios llegarán más adelante.
“Queremos dejar claro que no es un efecto colateral el que estamos viviendo. El deterioro del entramado pyme, del entramado industrial y del mercado interno es parte del modelo”, sostuvo.
Desde la mirada de APYME, la orientación económica actual reduce deliberadamente el peso del consumo interno y desplaza el centro hacia actividades primarias, grandes proyectos exportadores y sectores financieros.
“Este modelo necesita que consumamos menos, necesita que fabriquemos menos, necesita una sociedad más primarizada, más pobre”, afirmó.
Moreno no desconoce que puedan existir sectores con buenos niveles de actividad, particularmente en petróleo, minería, algunos segmentos agroexportadores o grandes inversiones. Su planteo es que ese crecimiento puede coexistir perfectamente con una realidad mucho más crítica para miles de empresas que viven de lo que compran los hogares argentinos.
“El resto, todos los que vivimos del mercado interno, estamos en agonía permanente”, describió.
Ahí aparece una de las diferencias centrales que APYME intenta introducir en la discusión económica: la mejora de determinados indicadores macroeconómicos no necesariamente significa una recuperación del entramado productivo que abastece al mercado doméstico.
Esperar también tiene un costo
Moreno apuntó especialmente contra la expectativa de que las pymes simplemente resistan hasta que la economía vuelva a crecer.
Según señaló, parte de la dirigencia empresaria propone “esperar un poco más, aguantar un poco más, resistir” bajo la promesa de que después llegará una mejora.
Para una empresa pequeña, sin embargo, el tiempo no es una variable neutra.
“Esperar un año y medio es una locura para muchos”, advirtió.
La referencia le permitió recuperar una vieja frase asociada a Álvaro Alsogaray: “Hay que pasar el invierno”.
El problema, planteó Moreno, es que una enorme cantidad de empresas no tiene espalda financiera para atravesar indefinidamente meses de baja demanda, costos elevados, dificultades para financiar capital de trabajo y ventas insuficientes.
“Hay muchos que no tienen la espalda para esperar ese año y medio”, sostuvo.
La objeción va más allá de la situación particular de cada empresario. APYME advierte que, si durante la espera desaparece una porción significativa de la estructura productiva, una eventual recuperación encontrará al país con menos capacidad para responder.
“Una empresa pyme industrial que cierra, que viene con un capital de no saber cuántas décadas detrás para que se pudiera construir, una vez que cierra, eso ya no se puede recuperar más”, explicó.
Durante la entrevista, Moreno habló de alrededor de 30 mil empresas desaparecidas en los últimos dos años. Más allá de la dimensión exacta del universo al que refiere esa cifra, el dato fue utilizado para poner escala a una preocupación que atraviesa todo el planteo de APYME: los cierres de hoy condicionan también las posibilidades productivas del futuro.
Cuando la deuda empieza antes del cierre
La fragilidad empresaria no se expresa solamente en las persianas que bajan.
Antes suele aparecer una etapa de endeudamiento creciente, postergación de obligaciones y pérdida de capacidad financiera.
“Las empresas también se endeudan”, remarcó Moreno.
Una de esas formas, explicó, aparece cuando la caída de las ventas impide cumplir normalmente con las obligaciones tributarias.
“Una forma simple o sencilla, si querés, de endeudarse, es con los planes de pago de la AFIP”, señaló, utilizando la denominación con la que históricamente se conoció al organismo recaudador.
La secuencia puede volverse cada vez más difícil de administrar: una empresa ingresa a un plan porque no pudo cumplir una obligación, posteriormente acumula nuevos compromisos y, si la actividad no mejora, comienza a superponer deudas.
Cuando aparecen embargos sobre las cuentas, la situación puede transformarse directamente en una amenaza para la continuidad operativa.
“Te empiezan a embargar la cuenta y directamente te fuerzan al cierre”, sostuvo.
Es en ese punto donde APYME reclama una emergencia pyme.
La entidad propone medidas que permitan ganar tiempo: alivios sobre tarifas, revisión o suspensión de embargos, facilidades tributarias y otros mecanismos destinados a sostener empresas y preservar empleo mientras la actividad continúe deprimida.
Moreno no presenta esas herramientas como una solución estructural.
“Son medidas paliativas”, reconoció.
Su objetivo es evitar que una empresa todavía viable desaparezca antes de que existan condiciones económicas diferentes.
“Toda empresa que logremos sostener hasta que cambie este gobierno, vamos a necesitarla y mucho en la próxima gestión”, afirmó.
La frase expone con claridad el alcance político del planteo: APYME no está reclamando solamente correcciones dentro del esquema actual. Propone otro rumbo.
Volver a poner a la industria en el centro
Para Moreno, cualquier alternativa económica capaz de generar empleo masivo debe necesariamente recuperar el peso de la industria.
“No existe un país en el mundo que tenga casi 50 millones de habitantes que pueda generar trabajo digno para su población sin industria”, sostuvo.
Su planteo no contrapone necesariamente industria con producción primaria. La discusión pasa por la capacidad que tiene cada estructura económica para generar empleo, incorporar tecnología, desarrollar proveedores, agregar valor y articular distintas actividades.
Desde esa perspectiva, una economía apoyada exclusivamente en grandes explotaciones primarias puede generar divisas y fuertes inversiones, pero difícilmente produzca por sí sola la cantidad y diversidad de puestos de trabajo necesarios para una población del tamaño de la argentina.
La industria aparece así como un articulador: detrás de una fábrica existen trabajadores, técnicos, universidades, proveedores, empresas de servicios, transporte, investigación, innovación y cadenas regionales enteras.
Y esa estructura necesita un mercado que compre lo que produce.
Por eso Moreno vincula directamente la recuperación industrial con otra variable que atraviesa toda la discusión: el ingreso de los trabajadores.
Para las pymes que producen para el consumo doméstico, salario y rentabilidad no aparecen necesariamente como intereses opuestos. Un trabajador con mayor capacidad de compra también es un consumidor que vuelve a mover comercios y fábricas.
La reconstrucción del mercado interno, entonces, requiere recuperar empleo, salarios, consumo y demanda.
La crítica a la reforma laboral
Ese razonamiento es también el punto de partida de la crítica de APYME a las reformas laborales impulsadas por el Gobierno nacional.
“Cuando se promocionó la reforma laboral, decían que era en favor de las pymes y en realidad era todo cuento”, afirmó Moreno.
Para el dirigente, reducir regulaciones o flexibilizar relaciones laborales no genera automáticamente nuevas contrataciones si las empresas no tienen ventas que justifiquen producir más.
La imagen que utilizó fue gráfica.
“Ninguna va a invertir cuando vos tenés más de la mitad de las máquinas con una bolsa arriba, porque el mercado no tracciona nada”, sostuvo.
La prioridad, según esa mirada, no pasa solamente por discutir cuánto cuesta incorporar un trabajador, sino por responder una pregunta anterior: para qué una empresa contrataría más personal si buena parte de su capacidad productiva permanece ociosa.
Moreno sostuvo además que, desde la reforma, APYME observa una pérdida y no una creación de puestos de trabajo.
Su conclusión es que cualquier política laboral destinada a favorecer la contratación debe formar parte de una estrategia más amplia que reactive primero la producción y el mercado.
Ciencia, tecnología y universidades como parte del mismo proyecto
La idea de desarrollo industrial que defiende APYME no termina en las fábricas.
Moreno incorporó al sistema científico, tecnológico y universitario como una pieza indispensable para sostener una economía capaz de agregar valor.
“La destrucción del sistema científico tecnológico nacional, de las universidades, no tiene otro fin que borrarnos hasta ese sueño”, afirmó.
Y profundizó: “No es una cuestión presupuestaria ni nada de eso, es simplemente retirarnos herramientas que supimos construir para poder seguir soñando con un país desarrollado”.
Para APYME, una industria competitiva no se construye solamente con protección comercial o mayor consumo. Necesita investigación, desarrollo tecnológico, profesionales formados, transferencia de conocimiento y capacidad para incorporar innovación dentro de las empresas.
Desde esa mirada, producción y sistema científico pertenecen a una misma arquitectura.
Dejar la catarsis y empezar a discutir un programa
La entrevista tuvo un punto de inflexión cuando Moreno dejó atrás el diagnóstico para entrar en la discusión sobre qué hacer.
APYME, explicó, pretende salir de una etapa dominada por la descripción permanente de la crisis.
“Estamos un poco cansados de la catarsis”, sostuvo, antes de marcar cuál debería ser el paso siguiente: “Tenemos que empezar a hablar de propuestas”.
La entidad impulsa una plataforma que busca discutir no solamente con empresarios, sino también con trabajadores, sindicatos, cooperativas, universidades, científicos y organizaciones de la economía social.
La premisa es construir un programa de producción y trabajo que permita definir una alternativa antes de que llegue un eventual cambio político.
El primer punto es recuperar un Estado con capacidad de orientar el desarrollo, promover inversiones, intervenir sobre sectores estratégicos y regular mercados altamente concentrados.
A partir de allí aparecen otros ejes: reindustrialización, fortalecimiento de economías regionales, políticas específicas para las pymes, soberanía alimentaria, ciencia y tecnología, crédito productivo y una reforma tributaria de carácter progresivo.
Una reforma tributaria que discuta quién paga
Moreno considera que el debate impositivo no debería reducirse al planteo genérico de bajar impuestos.
“Nosotros creemos que hay que hacer una reforma, pero obviamente progresiva”, afirmó.
La discusión, desde la perspectiva de APYME, pasa por determinar cómo se distribuye la carga fiscal entre actores económicos con escalas y capacidades profundamente diferentes.
No es lo mismo una pequeña empresa dependiente del mercado local que una gran corporación con acceso a financiamiento internacional, posibilidad de trasladar costos y una estructura mucho mayor para absorber una caída de la actividad.
El reclamo apunta, entonces, a que la política tributaria reconozca esas asimetrías.
Crédito para producir, no solamente para sobrevivir
Otro punto central es el financiamiento.
APYME reclama recuperar instrumentos de banca de desarrollo y democratizar el acceso al crédito productivo.
Una pyme necesita financiamiento para comprar maquinaria, incorporar tecnología, ampliar instalaciones, sostener capital de trabajo o aumentar su producción. Cuando ese crédito no existe o tiene costos incompatibles con la rentabilidad de la actividad, la posibilidad de invertir queda concentrada en las empresas de mayor escala.

Moreno entiende que un programa industrial requiere necesariamente reconstruir esa herramienta.
La secuencia que plantea es directa: si existe demanda, una empresa puede necesitar producir más; pero para ampliar capacidad también necesita crédito que permita financiar esa expansión.
Sin mercado interno no hay incentivo para invertir. Sin financiamiento, incluso cuando el mercado aparece, muchas pymes tampoco pueden hacerlo.
Concentración, monopolios y costos que las pymes no controlan
La competitividad de una pequeña empresa tampoco depende exclusivamente de sus propias decisiones.
Moreno incorporó al análisis los mercados concentrados que definen el precio de insumos utilizados por miles de industrias.
“Nosotros estamos totalmente en contra de los monopolios”, sostuvo.
Mencionó entre esos insumos a la energía, el acero, el aluminio y los plásticos.
“Necesitamos que sea controlado por el Estado”, afirmó.
El razonamiento es que una pyme puede mejorar su productividad, ordenar costos y administrar eficientemente su estructura, pero tiene muy poco margen frente a proveedores con una posición dominante capaces de determinar precios esenciales para toda una cadena.
Por eso APYME incorpora la regulación económica como parte de su programa productivo.
Recursos naturales: la discusión es cuánto valor queda en el país
Moreno también buscó diferenciar la posición de la entidad de una oposición indiscriminada a la explotación de recursos naturales.
APYME no rechaza minería, petróleo u otras actividades primarias. Lo que discute es cómo se desarrollan y cuánto valor agregado generan dentro del país.
“Nosotros vivimos en un país rico en recursos naturales”, afirmó.
El problema aparece, según su visión, cuando esa riqueza se extrae y exporta sin generar alrededor suyo cadenas industriales, tecnología, proveedores y empleo local.
“Es como ser extranjeros en nuestra patria”, sintetizó.
En esa misma discusión ubicó al RIGI y al RIMI.
Moreno no cuestionó la inversión por el hecho de ser grande. Su planteo es que un régimen favorable para grandes proyectos no reemplaza una política productiva integral si esos capitales funcionan como enclaves con escasa relación con el entramado pyme nacional.
La pregunta, para APYME, no es solamente cuánto se invierte, sino cuánto de esa inversión se transforma en proveedores locales, empleo, conocimiento y valor agregado dentro del país.
El péndulo argentino y una discusión que viene de lejos
Moreno llevó buena parte de ese debate hacia una dimensión histórica.
Recuperó el concepto del “péndulo argentino” de Marcelo Diamand, con el que el economista describió la alternancia entre etapas de expansión basadas en industria y mercado interno y posteriores procesos de ajuste orientados a corregir desequilibrios externos, generalmente con consecuencias regresivas sobre salarios y producción.
Para el presidente de APYME, la discusión actual vuelve a inscribirse dentro de esa tensión.
En su lectura existe un enfrentamiento recurrente entre dos proyectos: uno que apuesta al desarrollo industrial, al empleo y a la ampliación del mercado interno, y otro que desplaza el eje hacia actividades primarias y valorización financiera.
En ese recorrido mencionó como antecedentes la política económica de José Alfredo Martínez de Hoz, las reformas de la década de 1990, el gobierno de Mauricio Macri y la gestión actual de Javier Milei.
No se trata, en su planteo, de afirmar que esos procesos sean idénticos, sino de encontrar una orientación económica que considera común.
Producción, importaciones y el equilibrio financiero
Ese enfoque histórico también atraviesa su crítica a la apertura importadora.
Moreno cuestiona que se facilite el ingreso de bienes terminados en un momento de fuerte debilidad de la demanda interna.
Para una empresa que ya produce por debajo de su capacidad, enfrentar además una competencia externa con estructuras de costos, escalas o políticas de promoción diferentes puede terminar profundizando la pérdida de mercado.
Su posición no es cerrar el comercio exterior, sino discutir bajo qué condiciones compiten las empresas nacionales.
La caída industrial, además, tiene otra consecuencia que Moreno considera central para interpretar algunos indicadores macroeconómicos.
Una economía que produce menos también importa menos insumos, maquinaria, partes y bienes intermedios.
Eso puede ayudar a mejorar el saldo comercial sin que haya aumentado la capacidad productiva del país.
“La balanza comercial le da un saldo suficiente que les permite retroalimentar ese mundo financiero”, sostuvo.
Desde su perspectiva, un superávit externo conseguido en parte porque se redujo la actividad industrial no debería confundirse con una mejora estructural de la economía.
El DNU 70 y una orientación que excede a Milei
Moreno vinculó el rumbo económico con las reformas desplegadas desde el comienzo de la actual gestión, entre ellas el DNU 70/2023.
También mencionó a Federico Sturzenegger y recordó que varias de esas ideas ya habían aparecido previamente dentro de propuestas vinculadas al espacio de Patricia Bullrich.
“Este modelo, lo tenga Bullrich, lo tenga Milei, lo tenga quien sea, nos va a llevar al mismo camino”, afirmó.
La crítica, por lo tanto, no se concentra únicamente en la figura presidencial.
Lo que APYME cuestiona es una concepción económica que Moreno identifica con apertura, retracción del mercado interno, menor intervención estatal y mayor predominio financiero.
Un bloque de producción y trabajo
Frente a ese modelo, Moreno considera insuficiente que cada sector resista de manera aislada.
APYME busca articular empresarios pymes con trabajadores, sindicatos, cooperativas, universidades, científicos, estudiantes y organizaciones de la economía social.
“Somos los que básicamente generamos riqueza fronteras adentro”, sostuvo.
La relación con el movimiento sindical ocupa un lugar especialmente importante dentro de esa estrategia.
“Nosotros estamos muy vinculados con el mundo sindical”, señaló, y mencionó contactos con sectores de la CGT, trabajadores vinculados al INTI y otras organizaciones.
Para Moreno, la fragmentación de los conflictos reduce la capacidad de respuesta colectiva.
“El fraccionamiento de las luchas es lo que el gobierno necesita o prefiere”, afirmó.
La intención de APYME es construir una agenda compartida entre producción y trabajo que no se limite a rechazar medidas, sino que sea capaz de responder qué modelo económico propone en reemplazo.
De resistir a construir una alternativa
Ese fue, finalmente, el hilo político de la entrevista.
“Tenemos que reaccionar ya”, sostuvo Moreno.
Pero la reacción que propone no consiste únicamente en resistir hasta que cambie el escenario electoral.
“Tenemos que lograr que la gente en general, que el trabajador, que el cooperativista, que el intelectual o el estudiante reaccionen a esta realidad”, señaló.
Su preocupación es que una crisis prolongada termine debilitando no solamente empresas e ingresos, sino también las expectativas sociales.
“Vos hablás con cualquiera y nadie ve un futuro alentador y eso es terrible”, advirtió.
Frente a esa sensación, Moreno reivindicó la organización como una forma de reconstruir una perspectiva: “Yo creo que la lucha también hace a que la esperanza esté siempre presente.”
El planteo de APYME termina así donde comenzó: con una urgencia concreta y una discusión de fondo.
En lo inmediato, pretende evitar que sigan desapareciendo empresas que todavía podrían sostenerse mediante una política de emergencia.
Pero Moreno insiste en que eso solamente permitiría ganar tiempo. La verdadera salida, para la entidad, requiere reconstruir un proyecto basado en industria, mercado interno, empleo registrado, ciencia y tecnología, crédito productivo, agregado de valor, desarrollo de proveedores y un Estado con capacidad de intervenir sobre los grandes desequilibrios de la estructura económica.
Esperar una eventual recuperación, sostiene, no alcanza.
Porque mientras esa recuperación no llega, cada cierre reduce las posibilidades del día después.
“La empresa que hoy cierra, después no abre”.





































