El fondo del lago San Roque guarda un registro de más de 120 años de transformaciones ambientales. Un equipo interdisciplinario de la Universidad Nacional de Córdoba analizó sus sedimentos y logró reconstruir cómo la deforestación, la urbanización, los incendios y los vertidos cloacales fueron modificando el embalse hasta conducirlo a su actual estado de hipereutrofización.
La investigación fue difundida por UNCiencia en un artículo de Lucas Gianre, de la Secretaría de Ciencia y Tecnología de la UNC, y reunió a especialistas de Ciencias de la Tierra, Física, Geografía, Arte e Ingeniería Química. El trabajo tuvo como eje el estudio de muestras profundas extraídas del lago.
Los sedimentos funcionan como una suerte de archivo ambiental. A través del tamaño de los granos, la presencia de fósforo y carbono orgánico, los pigmentos fósiles y distintos componentes radiactivos, los investigadores pudieron fechar las capas y relacionarlas con los cambios producidos en la cuenca. La muestra más antigua estudiada corresponde a 1898, pocos años después de la construcción del primer dique.
A partir de esos registros, el equipo distinguió cuatro grandes períodos en la historia ambiental del San Roque.
El primero se extiende desde 1898 hasta 1953 y corresponde al llenado inicial del lago, con fuerte influencia de los ríos. Los sedimentos ya muestran entonces los efectos de la deforestación ocurrida en la cuenca.
Entre 1953 y 1983, después de la construcción del segundo paredón y la ampliación del embalse, se modificaron las características del lago y comenzaron a aparecer las primeras floraciones de cianobacterias.

El cambio más marcado llegó en la etapa comprendida entre 1983 y 2005. Los científicos detectaron un incremento significativo del carbono orgánico y de los pigmentos vinculados con algas y cianobacterias, coincidente con una aceleración del proceso de urbanización.
El estudio relaciona ese deterioro con el avance de desmontes, incendios, urbanizaciones turísticas y residenciales y la disposición de aguas grises y líquidos cloacales en los cursos que desembocan en el embalse.

Joaquín Deon, integrante del equipo desde el área de Geografía, ubicó allí las huellas más evidentes del llamado “Antropoceno”, concepto utilizado para describir la incidencia de la actividad humana sobre el planeta. En el San Roque, esa marca comienza a hacerse especialmente visible desde la década de 1980.
La cuarta etapa llega hasta la actualidad y muestra la profundización del proceso. Los investigadores detectaron incluso liberación de fósforo desde los propios sedimentos, que favorece el desarrollo de algas y las floraciones masivas de cianobacterias.
El resultado es el actual estado de hipereutrofización, sostenido por el ingreso continuo de nutrientes provenientes de las actividades humanas en la cuenca.
La investigación aporta así una perspectiva histórica a un problema que Villa Carlos Paz conoce desde hace años. La degradación del San Roque no aparece como un episodio reciente ni como la consecuencia de una sola causa: el barro acumulado en su fondo conserva la secuencia de transformaciones territoriales y presiones ambientales que se fueron superponiendo durante más de un siglo.
También deja una advertencia hacia adelante. Más allá de las intervenciones destinadas a enfrentar las consecuencias visibles, cualquier recuperación sostenida del lago necesariamente deberá actuar sobre las fuentes que continúan incorporando nutrientes y contaminantes a la cuenca.
Los sedimentos muestran cuánto tiempo llevó llegar hasta el estado actual. Y también advierten que revertir ese proceso difícilmente pueda lograrse sin políticas igualmente sostenidas en el tiempo.
Nota correspondiente a la edición n° 626 del periódico La Jornada, del 26 de agosto de 2026.







































