Un análisis de la Universidad Nacional de Rosario sobre datos de la EPH del INDEC correspondientes al segundo trimestre de 2026 muestra un deterioro de la calidad del empleo. La informalidad trepa al 65,8% entre los cuentapropistas y en el Gran Córdoba llega al 48,5% del total de ocupados.
La informalidad laboral alcanzó al 45% de los trabajadores urbanos de la Argentina durante el segundo trimestre de 2026, en un mercado de trabajo que combina pérdida de empleo registrado, crecimiento del cuentapropismo y fuertes diferencias según actividad y región.
El dato surge de un análisis del Observatorio Económico Social de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) realizado a partir de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del INDEC.
La medición comprende al conjunto de los ocupados y no solamente a los asalariados. Esa distinción resulta central porque permite incorporar la situación de trabajadores por cuenta propia, patrones y trabajadores familiares, además de quienes están en relación de dependencia.
Según el estudio, la informalidad había sido del 41,4% a fines de 2023, por lo que la comparación muestra un incremento de 3,6 puntos porcentuales.
Ese antecedente fue reconstruido por la UNR mediante una serie armonizada para hacer comparables los períodos anteriores con la nueva metodología que el INDEC comenzó a utilizar para medir la informalidad en todo el universo de ocupados.
Casi dos de cada tres cuentapropistas son informales
La principal diferencia aparece al separar las distintas modalidades de trabajo.
Entre quienes trabajan por cuenta propia, la informalidad llegó al 65,8% durante el segundo trimestre.
Entre los asalariados, en cambio, se ubicó en 37,9%.
Al mismo tiempo cambió la composición del empleo.
Entre el último trimestre de 2023 y el segundo trimestre de 2026, la participación de los asalariados sobre el total de ocupados bajó de 73,7% a 70,5%.
El cuentapropismo hizo el recorrido contrario: aumentó del 22,6% al 25,5%.
El crecimiento relativo de una modalidad en la que casi dos tercios de los trabajadores son informales contribuye así a elevar el indicador general.
Servicio doméstico y construcción, los sectores más afectados
La informalidad tampoco se distribuye de manera uniforme entre las distintas actividades económicas.
El nivel más alto aparece en el servicio doméstico, con 77,4%.
Le sigue la construcción, con 76,2%, mientras que en gastronomía y alojamiento alcanza al 63,9% de los trabajadores.
En el comercio, otro sector con fuerte peso sobre el empleo urbano, llega al 54,7%.
En el otro extremo aparecen actividades con mayor grado de formalización.
Los servicios profesionales, científicos y técnicos registran una informalidad del 19,2%, mientras que información y comunicaciones se ubica en 33,9%.
Las diferencias están vinculadas, entre otros factores, con el tamaño de las unidades productivas, los niveles de productividad, la estructura económica de cada actividad y el peso que tiene el trabajo independiente.
Gran Córdoba supera el promedio nacional
Las brechas también son pronunciadas entre los distintos aglomerados urbanos.
En Gran Córdoba, la informalidad alcanza al 48,5% de los trabajadores, por encima del promedio nacional.
En Gran Rosario se ubica en 40,9%.
Entre los aglomerados con mayores niveles generales aparece Gran San Juan, con 60,9%, seguido por Gran Tucumán-Tafí Viejo, con 56,2%, y Santiago del Estero-La Banda, con 55,1%.
La Ciudad de Buenos Aires presenta uno de los registros más bajos, con 26%.
Las diferencias se profundizan todavía más cuando se observa exclusivamente a los cuentapropistas.
En Formosa, el 87,9% trabaja en la informalidad; en Gran Tucumán-Tafí Viejo llega al 87,6%; en Santiago del Estero-La Banda, al 87,5%; en Gran Resistencia, al 84%; y en Gran San Juan, al 83%.
En el conurbano bonaerense, siete de cada diez trabajadores por cuenta propia están en condiciones de informalidad.
Qué significa estar en la informalidad
La nueva metodología del INDEC define al empleo informal como aquel que se desarrolla al margen de las normas que regulan la actividad laboral, tanto entre asalariados como entre trabajadores independientes.
En el caso de quienes están en relación de dependencia, uno de los principales indicadores es la falta de registración en la seguridad social.
Para los trabajadores independientes, la medición incorpora información sobre registración de la actividad, inscripción tributaria y otras características que permiten determinar si el trabajo se realiza dentro o fuera del marco formal.
La ampliación metodológica es importante porque, durante años, las estadísticas de informalidad se concentraron principalmente en el empleo asalariado.
La UNR construyó una serie retrospectiva para extender esa nueva definición y poder analizar la evolución del conjunto de los ocupados durante un período más largo.
La informalidad crece mientras cae el empleo registrado
El avance de la informalidad coincide con otras señales de deterioro del mercado laboral, aunque se trata de indicadores diferentes y no deben sumarse entre sí.
La Secretaría de Trabajo informó que en junio había 12,757 millones de trabajadores registrados, con una caída mensual del 0,1%.
Dentro de ese universo, los asalariados privados sumaban 6,09 millones, también con un retroceso mensual de 0,1%.
La Encuesta de Indicadores Laborales mostró además que en julio el empleo privado de los principales aglomerados cayó 1,1% interanual.
Por otra parte, los registros de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo contabilizaron en julio 480.067 empleadores en unidades productivas, con una baja mensual de 0,2%, y 9.419.562 trabajadores cubiertos.
Entre el cierre de 2025 y julio de este año, esa estadística mostró una reducción neta de 9.682 empleadores y de casi 140.000 trabajadores cubiertos.
La SRT advierte que la baja en la cantidad de empleadores registrados no equivale necesariamente al cierre definitivo de igual número de empresas, ya que también puede responder a cambios administrativos, ausencia temporal de trabajadores declarados u otras situaciones.
Más empleo, pero de menor calidad
El crecimiento de la informalidad no implica necesariamente que haya menos personas trabajando.
El problema central está en qué tipo de empleo se genera y bajo qué condiciones.
La expansión del cuentapropismo, combinada con niveles de informalidad superiores al 65% dentro de ese grupo, muestra que una parte creciente de la población ocupada obtiene ingresos por fuera de relaciones laborales registradas o actividades independientes plenamente formalizadas.
Ese fenómeno convive con la pérdida de puestos registrados y con las dificultades que atraviesan sectores como la industria, la construcción y el comercio.
El resultado es un mercado de trabajo en el que el volumen de ocupación puede sostenerse mientras se deterioran la estabilidad, los aportes previsionales y la cobertura social de una proporción cada vez mayor de trabajadores.































