El indicador de JP Morgan avanzó nuevamente este lunes y llegó a tocar los 642 puntos durante la jornada. La caída de los bonos y las acciones argentinas combina un escenario internacional más adverso con señales locales de menor actividad y dudas sobre el ritmo de acumulación de reservas.
El riesgo país argentino volvió a subir este lunes y terminó la rueda en torno a los 636 puntos básicos, después de haber alcanzado un máximo intradiario de 642, en otra jornada negativa para los activos locales.
El indicador elaborado por JP Morgan había cerrado el viernes en 609 puntos y acumula una fuerte escalada durante septiembre. Con el nuevo avance regresó a niveles máximos desde mayo y quedó nuevamente en la zona más alta del año.
La suba refleja principalmente la caída de los bonos soberanos argentinos en dólares. Durante la jornada, los Bonares registraron pérdidas de hasta alrededor del 2,4%, mientras algunos Globales retrocedieron cerca del 3%.
El deterioro también llegó al mercado accionario. El S&P Merval cayó 3,14% y terminó en torno a los 2,8 millones de puntos, prolongando una racha de bajas que ya se extiende por varias ruedas.
Las acciones argentinas que cotizan en Wall Street también operaron mayoritariamente en terreno negativo.
Una combinación de factores externos y locales
El movimiento no responde a una única causa. Los analistas vienen señalando una combinación entre un contexto financiero internacional menos favorable para los mercados emergentes y nuevas señales de debilidad dentro de la economía argentina.
En el frente externo, uno de los principales factores es la fuerte suba de las tasas de los bonos del Tesoro de Estados Unidos.
El rendimiento de los títulos norteamericanos a diez años se movió durante los últimos días por encima del 5%, en niveles que no se observaban desde hacía casi dos décadas, después del endurecimiento de la política monetaria de la Reserva Federal y ante expectativas de que las tasas puedan permanecer elevadas durante más tiempo.
Para los países emergentes, ese escenario encarece automáticamente el costo de financiamiento: cuanto mayor es la rentabilidad ofrecida por los bonos estadounidenses, mayor debe ser también el rendimiento de los títulos considerados más riesgosos para resultar atractivos.
A ese escenario se suman la volatilidad del precio internacional del petróleo y las tensiones geopolíticas, que aumentaron durante las últimas semanas la cautela de los inversores.
La actividad económica volvió a mostrar señales de debilidad
En el plano local, uno de los datos que comenzó a pesar sobre las expectativas fue la última medición de actividad difundida por el INDEC.
El Estimador Mensual de Actividad Económica registró en julio una caída del 1,4% interanual y una contracción del 2,9% respecto de junio en la medición desestacionalizada.
La magnitud de esa baja volvió a instalar interrogantes sobre el ritmo de la economía durante la segunda mitad del año.
Para los inversores, una actividad más débil puede impactar sobre la recaudación tributaria, los resultados de las empresas y, en última instancia, sobre las perspectivas fiscales y financieras.
Las reservas también están bajo la lupa
Otro de los puntos observados por el mercado es el ritmo de acumulación de reservas del Banco Central.
Aunque las reservas brutas se mantienen en niveles considerablemente superiores a los de comienzos de año, durante agosto y especialmente en septiembre se desaceleraron las compras de divisas realizadas por la autoridad monetaria.
Ese menor ritmo genera atención porque el mercado sigue de cerca la capacidad del país para acumular dólares de cara a los vencimientos de deuda de los próximos años.
También aparecen interrogantes sobre las condiciones que enfrentará el Tesoro para refinanciar sus compromisos y eventualmente regresar con mayor regularidad al mercado internacional de crédito.
El dólar, sin un salto equivalente
A diferencia de lo ocurrido con los bonos y las acciones, la jornada cambiaria mostró movimientos más acotados.
El dólar mayorista se mantuvo alrededor de los $1.525, mientras el minorista llegó durante la rueda a la zona de $1.550. El blue terminó alrededor de $1.565.
La relativa estabilidad del mercado cambiario contrasta así con el deterioro que vienen mostrando los activos financieros.
En poco más de dos meses, el riesgo país pasó desde un mínimo cercano a los 402 puntos, registrado en julio, hasta regresar por encima de 600.
La evolución de las próximas jornadas dependerá en buena medida de lo que ocurra con las tasas internacionales y el apetito global por los activos emergentes, pero también de señales locales que el mercado sigue con especial atención: el nivel de actividad, la acumulación de reservas, el resultado fiscal y las posibilidades de financiamiento para los próximos años.


































