El proyecto del científico Agustín Luna obtuvo $60 millones del Gobierno de Córdoba y una inversión equivalente del sector privado. La tecnología utiliza larvas de mosca soldado negra para convertir descartes orgánicos en biomasa aprovechable para alimentación animal y biofertilizantes.
Una investigación científica que utiliza larvas de mosca soldado negra para transformar residuos alimenticios en productos de valor económico dio un paso importante hacia su aplicación industrial. El proyecto, encabezado por el investigador del CONICET Agustín Luna, consiguió un esquema de financiamiento conjunto de $120 millones, aportados en partes iguales por el Gobierno de Córdoba y el sector privado.
La iniciativa busca aprovechar la capacidad de estos insectos para procesar descartes orgánicos y convertirlos en materias primas que puedan reincorporarse a los circuitos productivos, dentro de un modelo de economía circular.
El acuerdo contempla un subsidio provincial de $60 millones, acompañado por otros $60 millones de inversión privada, destinados a impulsar el desarrollo tecnológico y avanzar desde la investigación de laboratorio hacia una escala de aplicación industrial.
Un insecto capaz de transformar residuos en recursos
La protagonista del proyecto es la Hermetia illucens, conocida como mosca soldado negra, cuyas larvas poseen una notable capacidad para consumir y transformar materia orgánica.
A través de este proceso biológico, residuos provenientes de la actividad alimentaria y agroindustrial pueden ser procesados en aproximadamente dos semanas, generando biomasa rica en proteínas y lípidos.
Esos componentes tienen potencial para utilizarse en la elaboración de alimentos para animales, especialmente en actividades como la piscicultura y la avicultura. El proceso también permite obtener materiales aprovechables como biofertilizantes.
La propuesta aborda así dos necesidades vinculadas: reducir el volumen de residuos orgánicos que deben tratarse o disponerse y recuperar parte de su valor mediante nuevos usos productivos.
Para Luna, el financiamiento representa la posibilidad de trasladar al ámbito industrial conocimientos desarrollados durante años de investigación científica.
“El respaldo del Estado provincial y la confianza depositada por las empresas privadas nos permiten escalar investigaciones que llevan años de trabajo de investigación básica de laboratorio a un nivel de aplicación industrial real”, destacó.
El investigador consideró que el acuerdo demuestra cómo una problemática ambiental puede convertirse en una oportunidad de desarrollo.
En sus palabras, “los residuos alimenticios pueden dejar de ser un pasivo ambiental para transformarse en recursos estratégicos para Córdoba”.
Financiamiento compartido y vinculación con la industria
Uno de los aspectos centrales del proyecto es el esquema de cofinanciamiento, que combina recursos estatales con inversión privada para llevar adelante una investigación orientada a necesidades concretas del sector productivo.
Desde la Secretaría de Ciencia y Tecnología de Córdoba, el director de Vinculación Sectorial, Emilio Iosa, destacó que este tipo de acuerdos permite conectar las capacidades del sistema científico con empresas interesadas en incorporar nuevas tecnologías.
“Cuando logramos que cada peso puesto por el Estado sea acompañado por la inversión del sector privado, estamos multiplicando el impacto del talento de nuestros científicos en el entramado productivo”, sostuvo.
Iosa señaló que la articulación entre investigadores y empresas requiere un trabajo sostenido para identificar problemas, encontrar soluciones tecnológicas y generar las condiciones que permitan desarrollar esas soluciones fuera del laboratorio.
En ese sentido, consideró que la investigación de Luna muestra el potencial de esa vinculación.
“El proyecto de Agustín Luna con la mosca soldado es la prueba tangible de que cuando la ciencia sale del laboratorio y escucha las demandas del sector privado, resolvemos problemas reales y generamos valor agregado, trabajo y sustentabilidad”, afirmó.
El funcionario ubicó el acuerdo dentro de la estrategia provincial de vinculación tecnológica, que busca ampliar la participación de empresas en proyectos científicos con posibilidades de aplicación productiva.
La importancia de acercar la ciencia a la sociedad
El desarrollo también pone sobre la mesa otro desafío: explicar cómo funcionan estas tecnologías y qué posibilidades ofrecen para la vida cotidiana, el ambiente y la producción.
La directora de Divulgación Científica de Córdoba, María José Viola, destacó la necesidad de acercar estas investigaciones a la comunidad y mostrar los resultados concretos que pueden surgir del conocimiento científico.
“La divulgación de las ciencias es la herramienta indispensable para democratizar el conocimiento y acercar la innovación a la comunidad”, expresó.
Para Viola, experiencias como esta permiten mostrar de manera accesible el vínculo entre investigación, ambiente y desarrollo económico.
“Explicar de manera clara y accesible cómo un insecto como la mosca soldado negra puede revolucionar el reciclaje de residuos y generar valor para nuestras economías regionales ayuda a que la sociedad apropie la ciencia”, sostuvo.
Del laboratorio a una posible solución industrial
La combinación de biotecnología, tratamiento de residuos y producción de nuevos insumos convierte al proyecto en una experiencia con aplicaciones potenciales para la industria agroalimentaria.
Su desarrollo a mayor escala permitiría explorar alternativas para el aprovechamiento de descartes que actualmente representan un problema ambiental y un costo para distintas actividades productivas.
Con los $120 millones de financiamiento asegurados, la investigación encabezada por Luna avanza hacia una nueva etapa, en la que el desafío será trasladar el conocimiento científico a procesos de aplicación industrial.
El proyecto constituye, además, un ejemplo concreto de articulación entre el CONICET, el Gobierno provincial y la inversión privada, con la economía circular como punto de encuentro entre ciencia, producción y ambiente.
