domingo, abril 19, 2026
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Residuos que Nutren: una experiencia comunitaria que transforma residuos en soluciones ambientales para Villa Carlos Paz

Con una prueba piloto en Santa Rita, el proyecto impulsado por Pablo Damián Pereyra recuperó 1.139 kilos de residuos orgánicos en un año y generó datos locales para pensar políticas públicas. La propuesta combina compostaje, educación ambiental y economía circular, con articulación comunitaria y apoyo de un vivero aliado.


En un contexto atravesado por el cambio climático, las dificultades para gestionar la basura y la urgencia de repensar cómo se producen y consumen recursos en las ciudades, Villa Carlos Paz empieza a mostrar experiencias locales que transforman problemas ambientales en soluciones concretas. Una de ellas es “Residuos que Nutren”, un proyecto de gestión ambiental y educación comunitaria que promueve la separación en origen de los residuos orgánicos para convertirlos, mediante compostaje y lombricompostaje, en abono natural que vuelve al circuito productivo.

La iniciativa es impulsada por Pablo Damián Pereyra, vecino nacido y criado en la ciudad, médico veterinario, consultor en gestión ambiental público-privada, concejal suplente electo por Juntos por Carlos Paz y actual secretario General de Carlos Paz Despierta.

Una pregunta simple: ¿qué hacemos con lo orgánico?

El proyecto parte de una pregunta cotidiana, pero estructural: qué sucede con los residuos orgánicos que genera un hogar todos los días. En la mayoría de las ciudades argentinas, este tipo de residuos representa cerca del 40% de la basura domiciliaria, pero suele terminar en basurales o rellenos sanitarios, donde su descomposición produce metano, uno de los gases de efecto invernadero con mayor incidencia en el calentamiento global.

Frente a ese escenario, Residuos que Nutren propone una alternativa simple y aplicable: recuperar lo orgánico desde el origen —en la casa— y transformarlo en un recurso útil para el suelo y la producción.

De una prueba piloto a un hábito sostenido

La experiencia comenzó en barrio Santa Rita con una prueba piloto de ocho familias voluntarias. El proceso incluyó entrega de recipientes para separación en origen, capacitaciones ambientales, acompañamiento técnico y articulación con la Fundación La Morera, que participa como vivero aliado para el intercambio del lombricompuesto producido por plantines.

Durante un año, esas familias incorporaron la separación de residuos orgánicos como un hábito cotidiano, mostrando que el cambio cultural ambiental es posible cuando hay herramientas, información y redes que sostengan el proceso.

Resultados medibles: datos locales y menor impacto climático

Uno de los puntos más relevantes del proyecto fue la generación de información concreta sobre la producción real de residuos orgánicos en hogares de Villa Carlos Paz, un insumo clave para diseñar políticas públicas basadas en evidencia.

En los primeros 12 meses, el proyecto recuperó 1.139 kilogramos de residuos orgánicos domiciliarios. Ese volumen equivale a un promedio de 11,8 kilos mensuales por familia dentro del piloto, un dato que permite dimensionar cuánto material orgánico puede separarse y tratarse sin necesidad de enviarlo a disposición final.

El impacto climático también fue cuantificado: si esos residuos hubieran sido enviados a enterramiento, habrían generado aproximadamente 797 kilogramos de dióxido de carbono equivalente. Al ser tratados mediante compostaje y lombricompostaje, las emisiones se redujeron a cerca de 10 kilogramos de dióxido de carbono equivalente, lo que representa una disminución cercana al 99% de los gases de efecto invernadero asociados a ese tratamiento.

“Una Sola Salud”: ambiente, salud humana y ecosistemas

Residuos que Nutren se desarrolla bajo el enfoque de Una Sola Salud, que plantea que la salud humana, la salud animal y la salud de los ecosistemas forman parte de un mismo sistema interdependiente.

Desde esa mirada, la forma en que se gestionan los residuos impacta en la calidad del suelo, el agua y el aire y, por lo tanto, en la salud de las personas y de los animales que habitan el territorio. La gestión responsable de lo orgánico no solo reduce contaminación: también contribuye a la prevención de enfermedades y fortalece los sistemas naturales que sostienen la vida.

Triple impacto: ambiente, comunidad y economía local

La iniciativa se presenta como una experiencia de triple impacto, donde lo ambiental, lo social y lo económico se integran en una misma estrategia:

  • Impacto ambiental: reduce el volumen que va a enterramiento, disminuye emisiones y valoriza la materia orgánica como recurso para regenerar suelos y mitigar el cambio climático.
  • Impacto social: promueve participación vecinal, educación ambiental comunitaria y corresponsabilidad ciudadana mediante cambios sostenidos en hábitos domiciliarios.
  • Impacto económico: disminuye volumen de transporte de residuos, genera insumos productivos (lombricompuesto), articula con viveros locales y abre circuitos de intercambio vinculados a economías sostenibles.

Lo que viene: ampliar el alcance y sumar instituciones

Actualmente, Residuos que Nutren se encuentra en etapa de consolidación, con el objetivo de sumar nuevas familias, ampliar alcance territorial y fortalecer la articulación con escuelas, organizaciones sociales y programas públicos de gestión ambiental.

La validación técnica, el trabajo comunitario y la producción de datos locales posicionan al proyecto como una experiencia piloto con potencial de convertirse en una política pública ambiental sostenible en el tiempo.

Pablo Damián Pereyra.

“Creo profundamente que el desarrollo sostenible no es solo un concepto técnico, sino una construcción colectiva que requiere el compromiso cotidiano de la ciudadanía, acompañado por políticas públicas que potencien estas iniciativas”, sostuvo Pereyra.

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