El ex candidato a defensor del Pueblo Santiago Juliá cuestionó con dureza la decisión de Carlos Paz Unido de frenar en el Concejo la convocatoria al secretario de Turismo Sebastián Boldrini. Sostuvo que el argumento usado por el oficialismo “no resiste ni treinta segundos de análisis” y advirtió que, cuando un gobierno evita dar explicaciones sobre sus números, el problema deja de ser turístico para volverse institucional.
El ex candidato a defensor del Pueblo de Villa Carlos Paz, Santiago Juliá, sumó una nueva voz crítica a la polémica por los datos oficiales de la temporada de verano y apuntó con dureza contra el oficialismo por haber bloqueado en el Concejo de Representantes el pedido de interpelación al secretario de Turismo, Innovación, Cultura y Deportes, Sebastián Boldrini.
En un texto de tono frontal, Juliá sostuvo que “como al oficialismo no le cierra ni el relato ni el ‘blanco’, es entendible que cierren el Concejo a los mecanismos democráticos”, y planteó que la negativa a habilitar la interpelación deja expuesta una decisión política de proteger el discurso oficial antes que someter los números al control público.
Para Juliá, lo ocurrido en la última sesión dejó una conclusión clara: “cuando un gobierno no puede sostener su relato con datos, bloquea los mecanismos de control”. Y agregó: “Eso fue exactamente lo que pasó”.
Una crítica al rechazo de la interpelación
El dirigente recordó que, a partir de los análisis realizados sobre las cifras del balance turístico, un concejal opositor presentó un pedido para que Boldrini explicara las inconsistencias detectadas en los datos oficiales de la temporada. Según señaló, se trataba de una herramienta completamente normal dentro de cualquier sistema republicano.
“Un funcionario público debe responder preguntas sobre cifras oficiales frente al cuerpo legislativo y de cara a la ciudadanía”, planteó. Sin embargo, remarcó que el oficialismo “como ha hecho siempre sistemáticamente” optó por rechazar el planteo.
El centro de su crítica estuvo puesto en el argumento elegido por Carlos Paz Unido para evitar la convocatoria: que el concejal autor del proyecto no había asistido al último Pleno de Gobierno, donde —según dijeron desde el oficialismo— ya se habrían explicado los datos y la metodología utilizada.
Para Juliá, esa defensa es directamente insostenible. “El argumento no resiste ni treinta segundos de análisis”, afirmó.
La línea de tiempo que, según Juliá, derrumba la excusa oficial
En su planteo, Juliá marcó una secuencia temporal que, a su entender, desarma por completo la explicación oficialista. Recordó que el Pleno de Gobierno se realizó el 20 de febrero de 2026, mientras que el informe oficial de temporada y la presentación pública de los datos turísticos se concretaron el 4 de marzo de 2026, es decir, quince días después.
A partir de ese dato, lanzó una pregunta que resume su objeción: “¿Con qué datos habría podido el concejal analizar inconsistencias o formular preguntas en un pleno que ocurrió dos semanas antes de que esos números existieran públicamente?”.
Pero Juliá fue incluso más allá. Sostuvo que, aun si se aceptara —solo por seguir la lógica del oficialismo— que esos datos se hubieran adelantado en ese ámbito como una especie de primicia, la defensa seguiría siendo igual de absurda. En su razonamiento, eso implicaría que el concejal debía en ese mismo momento revisar la metodología, comparar esos números con estadísticas provinciales y nacionales —que además todavía no estaban publicadas— y detectar inconsistencias suficientes como para pedir una interpelación.
“¿Y todo eso en vivo, en medio del pleno? Ese no es un argumento institucional. Es una excusa burda”, disparó.
La referencia a Revello y el contenido real del Pleno
Juliá también tomó un elemento que apareció en el propio debate legislativo y que, según su mirada, terminó de desnudar la inconsistencia del planteo oficialista.
Recordó que el concejal Fernando Revello, quien sí participó de ese Pleno de Gobierno, afirmó durante la sesión que en esa reunión “jamás se expusieron los datos del balance de temporada” y que lo único que se abordó fue lo ocurrido durante el fin de semana de Carnaval.
Para Juliá, ese dato resulta determinante. Porque, según planteó, ni siquiera el mismo espacio que el oficialismo usa como coartada contenía la información que supuestamente justificaba bloquear la interpelación.
“Ni siquiera el pleno que ahora usan como argumento contenía la información que supuestamente justificaba evitar la interpelación”, remarcó.
“Las respuestas son hacia el pueblo, no hacia otro funcionario”
Más allá de la discusión puntual sobre fechas y argumentos, Juliá puso el foco en una cuestión de fondo: la diferencia entre una interpelación formal en el recinto y el llamado Pleno de Gobierno.
Según explicó, la interpelación es un mecanismo público de control, con preguntas estipuladas, respuestas registradas y exposición abierta frente a toda la ciudadanía. “Las respuestas son hacia el pueblo, no hacia otro funcionario”, afirmó.
En contraposición, definió al Pleno de Gobierno como un ámbito meramente informativo, sin peso institucional real en términos de control democrático. Incluso apeló a una descripción deliberadamente rústica y filosa para cuestionarlo: “En la práctica funciona como un desayuno corporativo de la casta política local”, sostuvo, al señalar que se trata de un espacio sin publicidad de sus actos, sin carácter vinculante y con agenda definida por el propio oficialismo.
Con esa comparación, Juliá buscó dejar en claro que no se trata de mecanismos equivalentes y que usar uno para bloquear el otro implica, a su entender, vaciar de contenido el control institucional.
Las dudas sobre las cifras del turismo
En el mismo texto, Juliá volvió sobre el problema que dio origen a toda la controversia: los números difundidos por el municipio sobre la última temporada.
Sostuvo que el gasto promedio por turista por día en Villa Carlos Paz aparece “más del doble por encima de la media nacional” y “más de 600% por encima de los propios datos que el mismo municipio había difundido para la temporada 2024”.
Allí apeló nuevamente a un tono directo, sin demasiados rodeos: “Es imposible en dos años sextuplicar el nivel de consumo”, afirmó. Y completó con una pregunta dirigida al sector privado: “¿Algún comerciante y empresario podría afirmar que de 2024 a 2026 su facturación creció por seis?”.
Para Juliá, un salto de esa magnitud no puede resolverse con slogans ni con conferencias de prensa. “Eso se explica mostrando la metodología utilizada y los datos que llevaron a esas cifras”, planteó. Y remató: “Eso era exactamente lo que buscaba la interpelación, pero el oficialismo decidió bloquear las preguntas”.
El antecedente que trajo al debate
En el tramo final de su planteo, Juliá incorporó una comparación con el antecedente de las estadísticas del INDEC durante los años en que Guillermo Moreno estuvo al frente del área de Comercio en el kirchnerismo.
Recordó que en aquel período también aparecieron inconsistencias en los números oficiales y también se promovieron pedidos de interpelación para que los funcionarios explicaran las cifras, iniciativas que fueron rechazadas por los legisladores oficialistas de entonces.
Aun así, hizo una salvedad explícita: “Nadie dice que hoy ocurra algo parecido en Villa Carlos Paz”. Pero inmediatamente marcó la enseñanza que, según él, debería quedar como lección institucional: “cuando aparecen dudas sobre datos oficiales, la respuesta democrática es explicarlos, no bloquear las preguntas”.
Un problema que, según Juliá, ya excede al turismo
El cierre de su texto sintetiza el corazón de su crítica. Para Juliá, lo que está en discusión ya no es solo el balance de una temporada ni una diferencia entre oficialismo y oposición sobre la lectura de determinadas cifras.
“Cuando un gobierno decide proteger su relato antes que someter sus números al control público, el problema deja de ser turístico. El problema pasa a ser institucional”, concluyó.
Con esa mirada, Juliá se sumó al debate con una postura muy crítica sobre la decisión del oficialismo de frenar la interpelación, poniendo el foco no solo en las inconsistencias que se señalan sobre los datos, sino en el costo político e institucional de negarse a explicarlos en el ámbito que corresponde.

































