Más de 3.000 bailarines pasaron durante una semana por el Teatro Luxor en la 32ª edición del encuentro internacional. En paralelo, el Gran Premio América Latina reunió talentos de distintos países, entregó becas para prestigiosas escuelas del mundo y coronó a sus nuevos ganadores.
Durante una semana, Villa Carlos Paz volvió a hablar el idioma de la danza.
Bailarines, maestros, coreógrafos y delegaciones de distintos puntos de Argentina y de otros países transformaron al Teatro Luxor en el corazón de la 32ª edición de Danzamérica, que cerró este sábado después de una intensa sucesión de competencias, seminarios y cientos de coreografías.
El encuentro, desarrollado entre el 26 de septiembre y el 3 de octubre, reunió a más de 3.000 bailarines y alrededor de 700 coreografías, con propuestas de danza clásica de repertorio, neoclásico, contemporáneo, jazz y otras disciplinas.
La dimensión artística tuvo también su correlato fuera del escenario. Durante esos días, delegaciones completas de bailarines, familias, profesores y acompañantes se instalaron en Villa Carlos Paz, generando movimiento en la hotelería, la gastronomía y el comercio en un período que queda por fuera de los picos tradicionales de la temporada turística.
Después de 32 ediciones, Danzamérica volvió así a mostrar una de sus principales características: haber convertido a Villa Carlos Paz en un punto de encuentro sostenido para escuelas y jóvenes que encuentran en el certamen una posibilidad de medirse, capacitarse y proyectarse profesionalmente.
Danzamérica y GPAL, dos competencias diferentes
Dentro de esa intensa semana tuvo también un capítulo propio el Gran Premio América Latina (GPAL), que este año celebró su décima edición.
Aunque comparten organización, sede y buena parte del universo de la danza, se trata de propuestas diferentes.
Danzamérica es un concurso internacional que abarca distintas disciplinas y categorías, mientras que el GPAL está orientado específicamente a jóvenes talentos del ballet, seleccionados para competir frente a representantes de reconocidas escuelas internacionales y acceder a oportunidades de formación en el exterior.
La competencia se desarrolló del 25 de septiembre al 1º de octubre y reunió a 145 jóvenes de 11 países latinoamericanos. De ellos, 30 llegaron a la gala final, representando a Argentina, Brasil, Colombia, Ecuador, Paraguay, Perú y Uruguay.
Una gala con tres ganadoras y muchas puertas abiertas
El punto culminante llegó el jueves 1º de octubre, con la Gala de Finalistas y Gala Aniversario en el Teatro Luxor.
El máximo reconocimiento fue para Laura Trevisan, de Brasil, que obtuvo la medalla de oro. La medalla de plata quedó en manos de Ariela Jaramillo, de Ecuador, mientras que la colombiana Sara Nicole Cortazar González consiguió la de bronce.
Pero el GPAL tiene una particularidad que va bastante más allá del podio.
Una parte central de la competencia son las becas e invitaciones internacionales, que permiten a los jóvenes continuar su formación en algunas de las principales escuelas de ballet del mundo.
En esta edición, 28 bailarines recibieron una o más oportunidades de capacitación, con destinos que incluyeron instituciones como Miami City Ballet School, Houston Ballet Academy, The School of the Hamburg Ballet, Dutch National Ballet Academy, Brussels International Ballet School, Nacho Duato Academy y el Conservatorio Internacional de Ballet Anarella Sánchez, entre otras.
Las propias ganadoras del podio estuvieron entre las más reconocidas. Trevisan obtuvo oportunidades en distintas escuelas internacionales; Jaramillo recibió propuestas para continuar su formación en Bélgica, Estados Unidos, Portugal y España; y Cortazar González fue seleccionada por instituciones de varios países europeos y por Houston Ballet Academy.
En ese sentido, el premio puede durar bastante más que una noche: una beca conseguida en Villa Carlos Paz puede convertirse meses después en el comienzo de una experiencia profesional a miles de kilómetros de distancia.
Diez años del Gran Premio y un reconocimiento a Cristina Sánchez
La gala tuvo también un momento especialmente dedicado a Cristina Sánchez, una de las impulsoras históricas de Danzamérica y creadora del Gran Premio América Latina.
Al cumplirse diez años del GPAL, el intendente Esteban Avilés y el secretario de Turismo, Innovación, Cultura y Deportes, Sebastián Boldrini, subieron al escenario para entregarle una placa de reconocimiento.
Avilés destacó el vínculo que el encuentro construyó entre Villa Carlos Paz y el mundo de la danza durante estas décadas, mientras que Boldrini puso el acento en la proyección internacional alcanzada por el certamen y en el movimiento turístico que genera cada edición.
El reconocimiento estuvo dirigido particularmente a Sánchez por la continuidad del Gran Premio durante estos diez años, sin que ello modifique el carácter propio de la organización de Danzamérica y GPAL.
Villa Carlos Paz, escenario de sueños que siguen viaje
La gala aniversario tuvo además una imagen que resumió buena parte de la filosofía del encuentro.
Azul Ardizzone, medalla de oro del GPAL en 2020, regresó al escenario del Luxor junto a Emiliano Torres, ambos actualmente vinculados al Hamburg Ballet, para interpretar fragmentos de Romeo y Julieta y A Cinderella Story, con coreografías de John Neumeier.
Era, de algún modo, el círculo completo: jóvenes que alguna vez llegaron a Villa Carlos Paz buscando una oportunidad regresaban años después convertidos en artistas profesionales para bailar frente a quienes ahora empiezan ese mismo camino.
Con esa postal terminó una semana en la que la ciudad recibió miles de bailarines, cientos de coreografías y acentos llegados desde distintos lugares de América Latina.
Danzamérica cumplió 32 ediciones y el GPAL festejó sus primeros diez años. Dos historias diferentes, pero atravesadas por una misma idea: que para muchos jóvenes, el escenario de Villa Carlos Paz puede ser apenas el primer paso hacia escenarios mucho más lejanos.
