
Por el aparente caso de ‘gatillo fácil’ un efectivo quedó detenido acusado de ‘homicidio calificado’ por la fiscal Jorgelina Gómez, quien quedó a cargo de la investigación del hecho.
La víctima fatal fue identificada como Franco Amaya. Tenía 19 años.
Su primo Agustín, que se trasladaba con él en la moto, relató lo sucedido: “Veníamos por el puente Los Gigantes, sale el policía de repente, nos hace señas y saca el arma. Mi primo quiere frenar, pero la moto no tenía muchos frenos, quiso empezar a hacer los rebajes y el policía disparó de una, directamente”.
“Yo le hacía señas que no disparara, que no teníamos frenos. Mi primo estaba al lado. No vi donde le pegó, pero le empezó a faltar el aire, y empezó a agonizar”, contó.
El joven señaló que, “escuché dos tiros y nos caímos al piso. El policía nos decía ‘no le pegué, no le pegué’, pero mi primo estaba desangrándose”.
Contó, además, que con el joven herido tirado en el piso, “el policía le decía a los taxis y a la gente que no nos trajera al hospital, que ya venía la ambulancia. Hasta que se paró a un amigo mío, lo cargué yo solo y me trajo hasta el hospital. Y después me fui a buscar a mi familia a decirle lo que había pasado”.
“El policía disparó sin ninguna razón, sin pensar en nada”, insistió.
Según su relato, “veníamos de mi casa (La Quinta) y nos íbamos hasta la casa de él (Playas de Oro), a buscar una camisa porque no íbamos a ir a ver a Ulises Bueno”.
“Llegó al hospital sin signos vitales”
Judith Barrera, directora del hospital Gumersindo Sayago confirmó que el joven ingresó a las 2,20 de la madrugada “con una herida de arma de fuego en el tórax, con orificio de entrada y salida, y ya en paro cardiorrespiratorio, sin signos vitales”.
“Los médicos comienzan a hacer tareas de reanimación, pero el paciendo no logra sobreponerse y fallece”, dijo.
El cuerpo fue trasladado por la Policía Forense a la morgue de la ciudad de Córdoba donde se le hará la autopsia correspondiente.