En el Día de la Industria, la entidad advirtió por la caída de la producción y la pérdida de 90.000 puestos de trabajo desde 2023. Martín Rappallini pidió medidas para sostener la actividad y competir con las importaciones, mientras Guillermo Moretti endureció las críticas y habló de una política de “desindustrialización”.
La Unión Industrial Argentina (UIA) aprovechó este miércoles la celebración del Día de la Industria para lanzar un fuerte reclamo al Gobierno nacional por la situación que atraviesa el sector fabril y advirtió que la desaceleración de la inflación no alcanza para evaluar la marcha de la economía.
“La estabilización es fundamental para la Argentina. Pero la economía no puede medirse solamente por la evolución de la inflación. Tenemos que mirar la actividad”, planteó el presidente de la entidad, Martín Rappallini, ante más de 200 empresarios reunidos en la planta de Laboratorio Elea, en Malvinas Argentinas.
La UIA llevó al encuentro un diagnóstico marcado por la caída de la producción, la pérdida de puestos de trabajo, la baja utilización de la capacidad instalada y las dificultades para competir con productos importados mientras persisten elevados costos internos.
Según las cifras expuestas por Rappallini, la producción industrial se encuentra actualmente alrededor de un 10% por debajo de los niveles de 2022, con ramas que acumulan retrocesos de entre 25% y 30%.
El dirigente aseguró además que desde agosto de 2023 se perdieron unos 90.000 puestos de trabajo asalariados registrados en la industria.
“La industria pide un puente”
Rappallini resumió el planteo empresario alrededor de una idea central.
“El sector industrial, la UIA, pide un puente. Un puente entre la economía que estamos dejando atrás y la economía competitiva que queremos construir”, afirmó.
La entidad reconoce como necesaria la estabilización macroeconómica y no cuestionó la apertura de la economía en sí misma, pero reclamó condiciones para que las empresas argentinas puedan enfrentar esa competencia sin quedar expuestas a una estructura de costos internos muy superior.
La UIA planteó siete ejes para atravesar esa transición: reconstruir el crédito, reducir el denominado costo argentino, combatir la competencia desleal y el contrabando, garantizar energía a precios competitivos, disminuir la morosidad, desarrollar infraestructura para exportar y avanzar con la modernización laboral.
“Si es la industria la que enfrenta la exigencia de la apertura, también es la industria la que necesita las condiciones y las herramientas para atravesar la transformación”, sostuvo Rappallini.
Uno de los reclamos históricos volvió a ser la presión tributaria, junto con los costos logísticos, financieros y energéticos que condicionan la competitividad de las fábricas argentinas.
Un pedido de respeto al Gobierno
El discurso también tuvo un contenido político más explícito.
Rappallini reclamó terminar con las descalificaciones hacia los empresarios industriales, después de distintos cruces que marcaron la relación entre la UIA y el Gobierno de Javier Milei.
“Debemos dejar atrás las descalificaciones y las agresiones hacia quienes producen”, afirmó.
El dirigente sostuvo que pueden existir diferencias respecto de las políticas económicas, pero planteó que el debate debe desarrollarse en un marco de respeto.
La UIA también reclamó que la actividad industrial forme parte explícita de una estrategia de desarrollo y cuestionó que los incentivos para las inversiones terminen concentrándose únicamente en determinados sectores.
Moretti fue mucho más duro: habló de “desindustrialización”
Las declaraciones más fuertes llegaron de parte del vicepresidente de la UIA Guillermo Moretti, quien cuestionó directamente la política económica antes del acto.
“Esta gente no conoce el país, no sabe lo que es una fábrica”, afirmó.
Moretti apuntó especialmente contra el ministro de Economía, Luis Caputo, a quien definió como “un trader que no sabe lo que es un torno”.
El dirigente industrial sostuvo además que “todo lo que se está haciendo es una política de desindustrialización” y vinculó el desarrollo fabril con la continuidad de escuelas técnicas, universidades, el Conicet y el INTI.
Sus declaraciones fueron considerablemente más confrontativas que el discurso institucional de Rappallini, pero reflejaron el creciente malestar de una parte de la dirigencia industrial frente al rumbo económico.
Escasa presencia del Gobierno
El acto estuvo marcado también por la reducida representación del Poder Ejecutivo.
Ni Javier Milei ni Luis Caputo participaron del encuentro. El principal representante nacional presente fue el secretario de Coordinación de Producción y Comercio, Pablo Lavigne, acompañado por integrantes de su equipo.
Tras el evento, Rappallini confirmó que la UIA busca mantener abierto el diálogo y reveló que pidió una reunión con Caputo para analizar la situación de la actividad industrial, pero que todavía no obtuvo respuesta.
“Nosotros queremos dialogar. Estoy convencido que hay que construir soluciones”, señaló.
Actividad, empleo y apertura
El reclamo empresario aparece en un escenario en el que la industria sigue mostrando dificultades para consolidar una recuperación.
Según el Centro de Estudios de la UIA, la producción fabril acumuló durante el primer semestre de 2026 una caída interanual del 2,2%.
La entidad advierte además que el aumento de las importaciones genera una presión adicional sobre empresas que todavía trabajan con capacidad ociosa y enfrentan una demanda interna debilitada.
La discusión que planteó la UIA este miércoles no estuvo enfocada, por lo tanto, en cuestionar únicamente la apertura económica, sino en las condiciones bajo las cuales la industria argentina debe competir durante ese proceso.
El mensaje hacia el Gobierno quedó sintetizado en el reclamo de Rappallini: sostener la estabilización, pero incorporar a la evaluación económica variables como producción, empleo, crédito y competitividad.
