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Festival de la Peperina: Cabalango cerró una edición histórica con doble jornada y fuerte apoyo del público

La 17ª edición del Gran Festival de la Peperina completó este fin de semana su primera experiencia en dos noches consecutivas, con entrada libre y gratuita, grilla local y artistas consagrados. En diálogo con La Jornada, la presidenta comunal Carla Bruno destacó el “éxito rotundo” y el impacto en la economía local; y el titular de la Agencia Córdoba Turismo, Darío Capitani, valoró el evento como parte del ADN de la “Córdoba festivalera”.


El Gran Festival de la Peperina ya no es solo una fecha marcada en el calendario serrano: este año se animó a crecer. Cabalango celebró la 17ª edición con un formato que dejó huella: por primera vez, en doble jornada, con dos noches de música, danza y encuentro en el predio de la Capilla San Cayetano, sobre la Ruta S-429. Y el balance, puertas adentro y también en la calle, fue claro: la apuesta salió bien.

Con entrada libre y gratuita —una decisión que desde la Comuna reivindican como parte de la identidad del evento—, el festival combinó artistas locales y regionales, academias de danza, grupos folclóricos y un predio que se transformó en paseo completo: artesanos, food trucks y puestos gastronómicos, en una postal familiar que se repitió durante ambas noches.

La “primera vez” de la doble jornada y una decisión que se sostiene

En diálogo con La Jornada, Carla Bruno resumió el clima del festival: “La verdad que muy bien, muy feliz, porque por primera vez lo hacemos en doble jornada. Es uno de los pocos festivales que queda con entrada libre y gratuita. Es un esfuerzo muy grande que hacemos desde la comuna, desde el vecino que confía”.

Bruno también puso en valor el acompañamiento institucional y el trabajo en equipo para sostener una propuesta gratuita, en un contexto donde la mayoría de los eventos ajustan entradas o reducen costos: “Fue una apuesta muy grande, una decisión muy importante, como también es una decisión política que el festival siga siendo gratuito. Eso es sumamente político: un esfuerzo, una organización, un equipo increíble también que forma parte de la comuna”.

La pregunta, inevitable, fue si esta doble jornada llegó para quedarse. Y la respuesta de la presidenta comunal fue directa: “Sí, se va a sostener, porque la verdad es un éxito rotundo. Todos están felices: tanto los gastronómicos, los artesanos, los microemprendedores… están todos felices. Los vecinos también”.

En esa lectura, el festival no es solo un escenario: es trabajo, circulación de dinero y movimiento para la localidad y la región. Bruno lo sintetizó así: “Son puestos de trabajo, es economía local la que se activa, economía regional”.

Una primera noche con protagonismo local y un público que respondió

Uno de los puntos que la jefa comunal subrayó fue la decisión de abrir la edición con una grilla orientada a talentos locales, algo que —según explicó— tiene un peso simbólico y concreto: “El día viernes lo hicimos con grilla de artistas locales. Eso también pone una apuesta en valor muy importante, por el reconocimiento a ellos: que tengan un escenario grande, que tengan un público increíble —más de 4.000 personas— y a su vez un sonido increíble”.

Esa primera jornada incluyó sobre el escenario a Samka, Juanma Gómez, La Embrujada, Lau Cora, Guille Tondo, La Guestal Cumbia, Dúo Cactus, La Kumbata, Nicolás Villa, Ema Orona, Comadres, Grupo Amstad y las Academias Pasión y Danza.

Aporte provincial y recorrido por stands comunitarios

Durante el arranque del festival, además, se concretó un respaldo económico importante: autoridades provinciales entregaron un aporte de $10.000.000 del Gobierno de la Provincia de Córdoba para acompañar y fortalecer el evento.

En la visita estuvieron Marcelo Rodio, presidente de la Agencia Córdoba Cultura; Natalio Graglia, subsecretario de Municipios del Ministerio de Gobierno provincial; y Mariana Caserio, vicepresidenta del ERSeP. Junto a Bruno recorrieron propuestas y stands comunitarios como el del CAPS Ignacio Minoldo, el Taller Tejiendo Redes (Punto Mujer), el espacio de Ambiente y el programa Ojos en Alerta, además del corredor de artesanos y el sector gastronómico.

La segunda noche, con nombres consagrados y el espíritu “Córdoba festivalera”

Para el cierre del fin de semana, la grilla del sábado reunió a Aymara, Ohana, Pachi Herrera, Los Pampas, Dos Lunas, Chamameceros Yaraví, Ángel Martín, las Academias Chacay Manta y Amancay y el Taller de Folklore de Cabalango AtuQ.

En ese marco, el presidente de la Agencia Córdoba Turismo, Darío Capitani, destacó el salto que significa sumar una segunda jornada y el valor cultural y turístico de estos encuentros: “Ese es un punto clave a señalar: no solo por la cantidad de gente, sino también por esta edición especial. Dos jornadas en torno a seguir desarrollando este evento, Peperina, que tiene una identidad cada vez más representativa, más grande”.

Capitani felicitó a la organización comunal por “animarse” a ampliar el formato y hacerlo con convicción, y lo vinculó con una estrategia más amplia: “Estos tipos de encuentros culturales y sociales nos permiten desplegar estrategias de crecimiento. Y qué mejor también en términos turísticos: desarrollo que no solo involucra a la comunidad, sino a muchos turistas, visitantes, que en definitiva es la esencia de lo que es Córdoba”.

También dejó una idea que funciona como marco para entender por qué estos festivales siguen creciendo, incluso cuando aparecen nuevas propuestas año tras año: “La concurrencia a este tipo de festivales —desde el más grande hasta el más pequeño de Córdoba— hace a la identidad, al crecimiento y a la contribución del relato de Córdoba como esa cosa de la Córdoba festivalera”.

Un festival que se siente propio

En la voz de Bruno, el cierre del balance tuvo un tono de pertenencia: Cabalango, dijo, “defiende la cultura” y apuesta a crecer “de forma organizada, paulatina y con el consenso de la comunidad”. Y sumó una imagen simple, muy de esta fiesta: el turista que pasa el día en el río y después sube al predio con el mate para disfrutar el espectáculo.

Con su primera edición en doble jornada ya concretada, el Festival de la Peperina confirmó algo que se notó en el predio, arriba y abajo del escenario: cuando la propuesta es cercana, familiar y con identidad, la comunidad responde. Y la fiesta —la que huele a peperina y a sierras— encuentra cómo sostenerse.

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