El avance de la inteligencia artificial trae beneficios y también desafíos invisibles. Uno de ellos es el alto consumo de agua que implica entrenar y mantener estas tecnologías, un aspecto poco conocido que empieza a generar preocupación ambiental.
La inteligencia artificial está en todas partes: en los celulares, en los autos, en los buscadores de internet, y hasta en el servicio al cliente de empresas. Sin embargo, pocas personas saben que detrás de cada respuesta que da una IA hay un costo ambiental importante. Y uno de los más sorprendentes es el consumo de agua.
Sí, agua. Esa misma que escasea en tantas regiones del mundo y que ahora también es utilizada en enormes cantidades para enfriar los centros de datos donde se alojan los sistemas de inteligencia artificial.
¿Cómo y por qué consume agua una IA?
El funcionamiento de los modelos de IA, como los que escriben textos o generan imágenes, depende de gigantescos servidores que están en constante operación. Esos servidores generan mucho calor, y para evitar el sobrecalentamiento se usan sistemas de refrigeración. Uno de los métodos más comunes para enfriar esos equipos es el uso de agua: se extrae, se utiliza para enfriar, y luego se libera a una temperatura más alta, lo que también puede afectar el medio ambiente si no se maneja adecuadamente.
Según un estudio de la Universidad de Colorado, entrenar un solo modelo de inteligencia artificial de gran escala puede consumir más de 5 millones de litros de agua, el equivalente a llenar dos piletas olímpicas. Y eso es solo el entrenamiento: también hay un consumo constante cada vez que se utiliza la IA para responder preguntas o procesar datos.
¿Cuánta agua se usa por cada respuesta?
Un informe publicado por la revista MIT Technology Review estima que generar entre 20 y 50 respuestas mediante una IA avanzada puede implicar el uso de aproximadamente medio litro de agua, considerando el proceso completo en los centros de datos. Esto puede parecer poco, pero si se multiplica por millones de usuarios y millones de consultas diarias, el impacto se vuelve muy significativo.
¿Qué están haciendo las empresas?
Frente a esta preocupación, algunas compañías tecnológicas afirman estar trabajando en formas más sostenibles de refrigeración y en sistemas que reduzcan el consumo hídrico. Sin embargo, aún hay poca transparencia sobre el uso real de agua, y muchos expertos señalan que es necesario incluir este aspecto en el debate ambiental.
Un consumo invisible, pero real
Así como en los últimos años se empezó a hablar del impacto energético de la tecnología digital, ahora empieza a surgir la discusión sobre su huella hídrica. Y es importante que como sociedad sepamos que, detrás de cada clic o cada respuesta automática, también hay recursos naturales involucrados.
La inteligencia artificial seguirá creciendo, pero quizás sea tiempo de preguntarnos cómo hacerlo sin secar el planeta.
