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Colapinto hizo vibrar Buenos Aires en un Road Show multitudinario y reavivó el sueño de la Fórmula 1

El piloto argentino encabezó este domingo una exhibición histórica en Palermo ante una multitud estimada entre 500.000 y 600.000 personas. Manejó un Lotus E20 con motor V8, homenajeó a Juan Manuel Fangio con la Flecha de Plata y cerró la jornada con un mensaje que volvió a encender la ilusión de que la máxima categoría regrese al país.


Franco Colapinto convirtió este domingo a Palermo en una fiesta del automovilismo. Desde temprano, miles de personas coparon la zona de avenida del Libertador y avenida Sarmiento para seguir de cerca el Road Show organizado junto a Alpine y con apoyo institucional del Gobierno porteño. La convocatoria fue masiva: Associated Press habló de unas 500.000 personas y la Ciudad elevó la cifra a 600.000, en una jornada que marcó el regreso de una actividad oficial de la Fórmula 1 a Buenos Aires después de 14 años.

La postal empezó a tomar forma desde la mañana, con accesos habilitados desde las 8.30, pantallas gigantes, escenarios, familias enteras, banderas argentinas y fanáticos repartidos entre gradas, veredas y hasta balcones de edificios. El operativo incluyó cortes de tránsito, despliegue policial y largos ingresos al circuito, mientras el clima de espera se fue llenando de shows musicales y actividades para el público.

La previa tuvo formato de espectáculo grande. Según la Ciudad, hubo presentaciones de Soledad Pastorutti, DJs y la Orquesta Sinfónica de la Ciudad; además, Patricio Sardelli interpretó el Himno Nacional con guitarra eléctrica antes de la salida a pista, en una apertura acompañada por el sobrevuelo de tres aviones de la Fuerza Aérea. Ese combo terminó de darle al evento tono de celebración popular más que de simple exhibición.

El primer gran momento llegó a las 12.45, cuando Colapinto salió con el Lotus E20 de 2012, con motor Renault V8 y los colores de BWT Alpine. El piloto aceleró en las rectas, hizo trompos y donas, y dejó en el aire el ruido seco de los viejos motores aspirados y el olor a caucho quemado. Fue la escena que más buscaban los fanáticos: ver y escuchar un Fórmula 1 en plena calle porteña, con un argentino al volante.

La segunda salida, prevista para las 14.30, tuvo un tono más emotivo. Colapinto se subió a la Flecha de Plata, la réplica del Mercedes-Benz W196 con el que Juan Manuel Fangio se consagró campeón, y recorrió el circuito con una bandera argentina. La ovación fue inmediata y el homenaje a Fangio le dio a la jornada una conexión directa con la historia grande del automovilismo argentino. Más tarde, a las 15.15, volvió a girar con el Lotus E20, y el cierre fue a las 15.55 sobre un bus descapotable desde el que saludó al público.

Después de bajar del auto, el piloto resumió la dimensión de lo vivido. “Estoy muy feliz de haber venido acá porque es algo que quería hacer hace mucho tiempo, verlos a todos acá en mi país, es un orgullo enorme”, dijo durante la jornada. Más tarde, ya con el evento terminado, insistió con el deseo que sobrevoló todo el día: “Ojalá que dentro de muy poquito tengamos un Gran Premio de Fórmula 1 en Argentina”.

Ese fue, en el fondo, el sentido político y deportivo del Road Show. El Gobierno porteño y los organizadores lo presentaron como una vidriera para mostrar la capacidad de Buenos Aires de montar un evento de este tipo y reforzar la aspiración de recuperar una fecha del calendario mundial. Jorge Macri habló de “mostrarle al mundo la pasión” local por los fierros y de avanzar para que el sueño de la Fórmula 1 en el Autódromo se concrete, mientras desde el entorno del evento remarcaron que fue pensado como una experiencia internacional de alto impacto. Argentina no recibe un Gran Premio desde 1998, y la exhibición de Colapinto volvió a poner esa ilusión en primer plano.

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