Fuente: Télam


Pesa unas tres toneladas y mide más de dos metros de altura. Es uno de los emblemas paradigmáticos del nazismo y, en consecuencia, de sus crímenes. Fue extraída del barco, que permanece hundido, pero la justicia uruguaya ordenó al Estado enajenar la pieza. El dilema que se presenta tras la decisión es qué hacer con ella. 

La mayor parte de las organizaciones de Derechos Humanos que entienden en el tema, así como Alemania (que tiene expresamente prohibida la comercialización de esta clase de elementos) como las entidades judías en el mundo, advierten que hay un riesgo de que el símbolo vaya a una subasta y circule entre fanáticos vivificando el culto al genocidio.

Un tribunal de apelaciones de Uruguay ratificó el 24 de diciembre un fallo que ordena al Estado vender la escultura y entregar la mitad del dinero obtenido a los rescatistas privados, en base al contrato entre las partes. Pero ¿cómo venderlo sin caer en la referida ofensa a las víctimas del Holocausto? 

La posición del gobierno es garantizar por todos los medios que de ninguna forma pueda derivar en algún tipo de culto, según explican quienes conocen el caso. Se dice también que en una subasta internacional con distintos oferentes por el águila podrían obtener unos US$50 millones.

Ariel Gelblung, director para América Latina del Centro Simon Wiesenthal, una organización judía global de derechos humanos que investiga el Holocausto y el odio en contextos históricos y contemporáneos, señaló la peligrosidad de lanzar el armatoste al mercado. 

Momentáneamente, la escultura nazi fue llevada a un recinto militar uruguayo mientras se decide su destino.

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