Por Daniel Díaz Romero | Fuente: Sala de Prensa AmbientalACNoticias


La Organización Mundial de la Salud (OMS) identifica al plomo como uno de los 10 productos químicos que causan mayor preocupación para la sanidad pública, por lo que requiere la intervención de los Estados para proteger la salud de los trabajadores, los niños y las mujeres en edad reproductiva.

Sala de Prensa Ambiental pudo establecer que este temido veneno, tal como lo definen sin eufemismos los especialistas, contamina el embalse del San Roque, silenciosamente y desde hace décadas. El trabajo de una Fundación del valle de Punilla es la punta del iceberg de una situación hasta ahora ignorada por los cordobeses y esquivada por las autoridades.

Si bien la contaminación ambiental con plomo está asociada a la actividad industrial, en este caso la insólita causa es el abandono de las plomadas utilizadas para la pesca que terminan en las costas del lago y también en sus profundidades.

Desde hace 5 años integrantes de la Fundación ECOSOAM vienen recogiendo -anualmente- de 100 a 300 kg de plomo en las playas del San Roque. El metal pesado está contaminando el embalse, principal abastecedor de agua de la capital cordobesa y otras ciudades del Gran Córdoba.

Fuentes pertenecientes a la empresa Aguas Cordobesas -que abastece de agua al 70% de la capital cordobesa- consultadas por Sala de Prensa Ambiental afirmaron que incluyen el plomo en sus análisis de rutina. Sin embargo, los resultados no son informados públicamente ni figuran en los estudios realizados durante el último mes.

Hasta ahora, la preocupación por el estado del embalse más emblemático de los cordobeses giraba en torno a la comprobada contaminación con cianobacterias y neurotoxinas producto de la eutrofización. Pero ahora, se suma una nueva preocupación: el plomo.

Este metal pesado es catalogado sin rodeos: un veneno que intoxica a todos, pero con mayor severidad a bebés, niños y embarazadas. Por eso, a nivel mundial su utilización fue prohibida en las naftas y desde hace décadas dejó de utilizarse como material para las cañerías y en las pinturas de las viviendas.

Mario Mora, integrante de la Fundación ECOSOAM (Ecosistema, Sociedad y Ambiente) es el director del proyecto “Limpieza de metales pesados del lago San Roque” y explica que por iniciativa de la Fundación -y sin apoyo oficial- desde hace años realizan un “barrido” con detectores para extraer las plomadas de las costas del lago.

El integrante de ECOSOAM, cuenta que “hace 5 años empezamos a caminar con los detectores por las costas del lago recogiendo más de 5 kilos de plomo por metro cuadrado: una locura. Creemos que hay miles de toneladas de este metal pesado en el lago San Roque porque desde que se creó hasta la actualidad, el espejo de agua acumula una carga impensada de metales; a la biodiversidad le está haciendo un daño tremendo y la gente está consumiendo peces con alto contenido tóxico”, alerta Mora y agrega que “queremos que no avance más la contaminación que está produciendo el plomo en el agua y en la tierra. Trabajamos para mitigar y alertar sobre este problema porque las plomadas utilizadas para la pesca se vienen acumulando en este embalse desde hace más de 100 años. Este año detectamos cerca de media tonelada de plomo”, advierte.

En una publicación oficial del CONICET, la investigadora Miriam Virgolini del Instituto de Farmacología Experimental de Córdoba (IFEC, UNC-CONICET) declaró que los efectos de la exposición al plomo “constituyen una epidemia silenciosa que no se manifiesta en el comportamiento hasta la edad escolar, cuando se evidencia en niños hiperactivos, con problemas de atención y disminución del coeficiente intelectual. Son todas alteraciones neuroconductuales que se originan por exposición a largo plazo a bajos niveles de plomo en organismos en desarrollo”, agregando que «su acumulación puede causar desde problemas en el sistema nervioso hasta la muerte, según los niveles que alcance en sangre. Los niños son la población más vulnerable ya que están en etapa de desarrollo, tienen mayor absorción y menor excreción de plomo que los adultos».

“La gente está consumiendo peces con alto contenido de plomo”, aseguran desde ECOSOAM, mientras dan cuenta que el proceso de acumulación de este metal pesado es muy antiguo: “hemos registrado trazas de este tóxico en balas que datan de 1829 -vestigios de la batalla del San Roque- mucho antes de que se construyera el dique”. Mario Mora señala: “de cada 100 kilos de plomo que recogemos, unos 50 gramos corresponden a estas municiones de hace 192 años” y agrega que “cuando el lago baja, caminamos sobre las orillas con los detectores para recolectar las plomadas: las que quedan expuestas se oxidan aumentando su toxicidad y los riesgos para organismos vivos.”

Malvina Gassmann es ingeniera química, magister en ingeniería ambiental de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) y docente en la Universidad Blas Pascal. En diálogo con Sala de Prensa Ambiental, explica que “el plomo es un metal que se encuentra en forma natural en la corteza terrestre y puede ser extraído de minerales como la galena para utilizarlo como materia prima e insumo en gran variedad de procesos industriales metalúrgicos, producción de baterías y productos químicos, entre otros.”

La experta agrega que “también se caracteriza por ser bioacumulable dentro de los organismos vivos, no biodegradable y en las personas puede generar una enfermedad conocida como plumbosis. El plomo puede contaminar de forma directa o indirecta un medio y a las personas que toman contacto con ese recurso contaminado” y puntualiza: “hay que tener en cuenta que los efectos negativos en la salud de las personas ocasionados por la ingestión de agua o alimentos contaminados con este metal tóxico -como el caso de los peces- dependerá de la duración y la frecuencia de su exposición”, indica la ingeniera química.

UN SALVAVIDAS DE PLOMO

“Es habitual que los vecinos se reúnan para limpiar las costas -retoma Mora- pero hay tóxicos que están pasando desapercibidos en las orillas y en el interior del lago; es la contaminación que está por debajo de la alfombra y no se ve”, expresa el integrante de ECOSOAM y agrega: “no lo quieren visibilizar pero el problema que tiene el lago -con la cantidad de plomo que hay en su interior- es mucho más serio de lo que puedo comentar.”

La ing. química Malvina Gassmann da cuenta que “los peces, al estar en un medio contaminado como el lago San Roque, pueden acumular este metal pesado en sus tejidos grasos. Luego, si una persona consume ese alimento el contaminante se trasmite a lo largo de la cadena trófica y puede tener un impacto negativo en su salud. El problema del plomo -explica Malvina Gassmann- es que si se disuelve en un medio acuoso lo contamina.”

Hace 10 años, la Dra. en Ciencias Biológicas e investigadora del IDEA (Instituto de Diversidad y Ecología Animal-CONICET/FCEFyN) Paola Garnero, fue la primera en medir la concentración de metales pesados en el lago San Roque: “En el periodo 2011-2012 cuando realizamos el estudio detectamos -entre otros metales- la presencia de plomo en el agua y en sedimentos. También, en el plancton, camarones y pejerreyes. En agua, el plomo superaba las concentraciones permitidas para la vida acuática pero no teníamos sospechas que las plomadas podrían ser las causantes”, explica la especialista.

LOS PEJERREYES DEL SAN ROQUE

El pejerrey es una especie de importancia deportiva en la región y el consumo por parte de los pobladores es frecuente. La investigación de la Dra. Garnero, desde hace una década, alerta sobre la importancia de considerar el estado sanitario del ecosistema acuático conformado por las 1051 hectáreas que ocupa el espejo de agua del San Roque en el valle de Punilla cordobés.

La investigadora del IDEA-CONICET, advierte que el plomo puede acceder fácilmente al sistema nervioso central de la fauna acuática: “Según nuestro estudio, este metal pesado está presente en las branquias, hígado, gónadas, músculo y cerebro (en la época húmeda considerada) de los peces” y explica que “en el caso del cerebro, este hecho resulta alarmante ya que el sistema nervioso es uno de los órganos más vulnerables del cuerpo de un animal y las lesiones producidas por tóxicos pueden afectar el comportamiento y la supervivencia del organismo.”

Garnero completa diciendo que “ciertos metales -entre ellos el plomo- son considerados neurotoxinas importantes debido a su capacidad de atravesar la barrera hematoencefálica y acumularse en el cerebro por lo que constituye uno de los elementos más tóxicos que pueden presentarse en este órgano”, remarca la especialista.

RECICLAJE PESADO

El director del proyecto de ECOSOAM explica a Sala de Prensa Ambiental que “en la actualidad, el reciclaje es una práctica que gana terreno pero, en nuestro caso, el plomo que sacamos no podemos venderlo a alguien para que lo funda con la intención de convertirlo nuevamente en plomada porque, de esa manera, nuestro trabajo no tendría sentido.”

Cuenta Mario Mora que “el año pasado desde una empresa dedicada al diseño de portones levadizos nos contactaron porque utilizan este metal -recubierto con una grasa que impide que contamine- como contrapeso en sus compuertas. De esa manera, en conjunto evitamos alentar la producción minera y desarrollamos una especie de minería urbana sustentable con la idea que este metal pesado no vuelva a producir contaminación”, explica Mora y agrega que “a la vez, estamos estudiando qué tipo de elemento se podría usar de acá en adelante para disminuir el uso del plomo.”

Desde ECOSOAM señalan su preocupación por la situación contaminante del San Roque ya que “además de la contaminación de los peces, creemos que también está afectando a las aves acuáticas porque, a simple vista, estamos observando que el grosor de las cáscaras de los huevos son cada vez más delgadas y frágiles. Posiblemente, el estrés que están teniendo las aves al no poder asimilar el plomo sea la causa.”

CAZADORES DE PLOMO

Mario Mora explica que “desde que comenzamos con este proyecto -desde julio a noviembre- salimos todos los días a trabajar aprovechando la bajante del lago, cada jornada en una costa diferente. Una vez que rastrillamos una playa, volvemos días después porque siempre aparecen nuevas plomadas. Por día caminamos unos 12 kilómetros mientras recogemos el plomo”.

El integrante de ECOSOAM explica que “nuestros detectores están calibrados para localizar solamente este metal pesado y nos indican a qué profundidad se encuentra; lo que recolectamos está entre los 15 o 20 cm de profundidad: el detector los localiza y avisa mediante una señal sonora. Entonces, utilizamos otro detector más pequeño denominado Pin Pointer que demarca con mayor precisión el radio de localización del metal contaminante», detalla Mora.

Desde ECOSOAM remarcan que no buscan la prohibición de la pesca en el embalse del lago, sino estudiar alternativas al uso de plomo por parte de los pescadores: “Habría que legislar para evitar el uso de este metal pesado tan utilizado para la pesca y, paralelamente, sacar el plomo que existe en el lago, eso llevaría 20 o 30 años de trabajo diario”, explican desde la Fundación.

EL ESTADO AUSENTE

Para la ingeniera química Malvina Gassmann “es sumamente importante que el Estado realice monitoreos de metales pesados en el lago a fin de evaluar su grado de contaminación porque esto permitiría definir acciones de prevención, alerta y concientización en la población sobre los daños en la salud que pueden ser generados por el consumo de peces contaminados o baños recreativos en las aguas del San Roque” y agrega que “además, esta problemática es importante porque el agua del lago es la fuente de abastecimiento de las plantas potabilizadoras que proveen a la población de Córdoba, Carlos Paz y otras ciudades cordobesas”.

Gassmann, aporta un dato importante: “La tecnología para el tratamiento de potabilización utilizada para consumo humano debe ser definida en función de la caracterización fisicoquímica del agua que ingresa; ya que hay contaminantes que no pueden ser eliminados con tecnologías convencionales de potabilización”, tras lo cual indica: “La información sobre esta temática tiene que ser un disparador de acción para los gobiernos con el objetivo de prevenir enfermedades e intoxicaciones en la población, y también para concientizar a la ciudadanía sobre el estado de contaminación del lago”.

A su turno, la investigadora del IDEA-CONICET, Paola Garnero, indica que “hemos registrado que el plomo en agua superó los límites permitidos para la biota acuática. Se sabe que los metales pesados pueden transferirse de los peces a los seres humanos y comprobamos que en el lago San Roque hay transferencia del material plomizo del plancton y de los camarones al pejerrey. Por eso, es posible que se traslade al hombre cuando lo consume, siempre teniendo en cuenta la periodicidad y la cantidad del consumo. El plomo fue uno de los metales que superó los límites permitidos para la protección de biota acuática”.

La Dra. Garnero agrega además que “por los antecedentes que hay, considero que hoy las evaluaciones de calidad del agua para consumo humano deberían incorporar el análisis de todos los metales posibles y del arsénico también, para asegurarnos que estamos tomando agua libre de estos contaminantes”.

Finalmente, Paola Garnero, investigadora del IDEA CONICET remarcó a Sala de Prensa Ambiental que “debe controlarse claramente la contaminación de los peces por metales. De acuerdo con estos resultados advertimos que el consumo de pescado es una cuestión de riesgo para la población.”

MENTIME QUE ME GUSTA: SANEA MIENTO

¿Se puede sanear el contaminado lago San Roque? Por lo pronto, desde hace muchos años, está expresamente prohibido sumergirse en el agua del embalse: no se puede nadar ni tener ningún tipo de contacto con las aguas. Toda una señal.

Por lo pronto, desde ECOSOAM extienden su advertencia: “Nosotros queremos que Parques Nacionales tome nuestra experiencia y la instaure en las costas del futuro Parque Nacional Ansenuza porque ahí también hay una gran cantidad de plomadas, al igual que en otros embalses de la provincia.”

  • Al cierre de esta nota, aguardábamos la respuesta oficial de la empresa Aguas Cordobesas acerca de si, en sus análisis y procesos de potabilización, contemplaban la presencia del plomo en el agua que luego es utilizada para abastecer a un millón y medio de cordobeses.

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