La administración estadounidense retoma una política que no se aplicaba hace 16 años, en contra de la tendencia global.

El Departamento de Justicia de Estados Unidos retomó la pena de muerte a nivel federal al ordenar la pena capital para cinco presos en el “corredor de la muerte” por asesinato.

Los cinco casos fueron llevados por la justicia federal estadounidense y esperaron la ejecución de la sentencia por cerca de veinte años. El fiscal general William Barr ordenó que se llevara a cabo la pena a través de la inyección letal con pentobarbital, empleado en más de 200 ejecuciones desde 2010.

La última vez que se había ordenado una ejecución similar fue en 2003. Posteriormente, Barack Obama inició una revisión de los protocolos de aplicación de ese sistema de ejecución en 2014 por una ejecución fallida en Oklahoma. En la práctica, comenzó una demora en las ejecuciones a nivel federal que se extendió por casi dos décadas, hasta hoy.

La pena de muerte no se aplica en todos los estados del país norteamericano. Cada estado tiene su legislación propia: en algunos está prohibida, en otros está vigente pero no se utiliza hace años, y en otros está aprobada y en uso, tal el caso de Georgia, Missouri y Texas. Como estos casos se llevaron adelante por la justicia federal, y no estatal, no tenían una resolución concreta.

El fiscal general Barr indicó a la prensa estadounidense que, con la aplicación de la pena de muerte, se “llevará la justicia a las víctimas de los crímenes más horribles”. El funcionario adujo que los condenados “torturaron y violaron” a niños y ancianos, y que fueron declarados culpables por un jurado en un juicio justo. “Se lo debemos a las víctimas y a los familiares”, expresó.

Además, desde el Departamento de Justicia remarcaron que están autorizados por las dos Cámaras del Congreso para utilizar la pena de muerte y recordaron que la legislación penal está firmada por los presidentes de Estados Unidos.

Los condenados

Los reclusos que recibirán la pena de muerte en Indiana entre diciembre de 2019 y enero de 2020 fueron hallados culpables de haber cometido crímenes aberrantes.

El supremacista blanco Daniel Lewis Lee mató a los tres miembros de una familia, incluida una niña de ocho años. Lezmond Mitchell, que asesinó a una anciana y a su nieta. Wesley Ira Purkey violó y mató a una adolescente antes de desmembrar su cuerpo y quemarlo.

Alfred Bourgeois torturó física y mentalmente a su hija de dos años y abusó sexualmente de ella antes de matarla a golpes. Por último, Dustin Lee Honken acabó con la vida de cinco personas, incluidas dos niñas, de 10 y seis años de edad.

Cba24n

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