Por Valeria Flesia

Entre sus papeles guardados de comisión tras comisión figuran datos que lo señalan como el primer Centro Vecinal de Villa Carlos Paz.

Creado en los primeros años de la década del ´60 como Centro Vecinal Villa Domínguez, sus cuadras guardan algunos tesoros de la primera villa, cruzada por canales y amojonada por bonitos tanques, verdaderas almenas con formas medievales.

El Centro Vecinal renovó hace pocos meses sus autoridades y la intención de los miembros es poner en valor estos monumentos, por lo menos uno que aún permanece en espacio público.

Entre los vecinos, Villa Domínguez es descripta como un barrio de crecimiento sostenido hasta llegar a lo que es hoy. Silvana, que llegó al barrio en la década del 70, recuerda: “Yo nací aquí sobre calle Azopardo, en esta misma casa donde hoy vivo. Recuerdo de mis primeros años que, desde aquí veíamos el lago, y más lejos desde el primer piso. Cuando tenía unos meses de vida tengo fotos con mi familia bañándonos en el balneario conocido como El Ancla, en el Lago San Roque, como muchos vecinos que conocieron y disfrutaron las playas sobre el lago en aguas que después fueron cambiando con la cantidad sostenida de gente que llegaba a vivir.

“En este entonces no había el tráfico que hay hoy, había baldíos por todos lados, por cuadra, en el ´85, ´86, había cuatro casas y todo lo demás era terreno. Fui al IES (Instituto de Enseñanza Secundaria en ese tiempo) como todos los chicos del barrio y el colegio fue como un reflejo de la ciudad. Se lo veía crecer, como a la ciudad y, para mí, la vida era así, crecer, progresar. Había cada vez más casas, más gente pero se vivía muy bien, mucho mejor que ahora con todos estos edificios. Era otra cosa y era maravilloso, permanentemente venían amigas nuevas, y el IES siempre cambiando: aulas nuevas, cuando salieron los ventiladores, pusieron ventiladores, techaron, todo un crecimiento”.

“Y cuando salí a otros lugares, a otras provincias, a países limítrofes y me di cuenta de que este crecimiento permanente que vivíamos acá no era lo normal, empecé a mirarlo de otra manera. Por eso, no me veo viviendo en otro lado, yo siento que mi barrio es mi ciudad, mi provincia y mi país”.

Villa Domínguez es un barrio que se autoabastece comercialmente desde hace mucho tiempo. La arteria principal, Irigoyen, tiene comercios históricos y también nuevos emprendimientos que van completando una oferta variada que implica para sus habitantes la posibilidad de comprar ahí mismo. “Sólo nos falta un banco”, dice una vecina y otra le retruca que eso puede salvarse fácilmente y es lo único para lo que tienen que salir.

El barrio es, también, sede de importantes instituciones. En efecto, en sus calles se encuentra el IESS ya mencionado y el IPEM 359 Dr. Arturo Illia y el Instituto Superior del mismo nombre. El IPEM, próximamente, de acuerdo a lo avanzado de su nuevo edificio, se trasladará a otro barrio pero el Instituto Superior quedará allí, en el mismo edificio y en el sector que continúa conteniendo a dos importantes ofertas académicas superiores de la ciudad: la formación docente y los Guías Superiores de Turismo. Por otra parte, Villa Domínguez contiene a los sindicatos de Luz y Fuerza y de empleados de Casino, a importantes hoteles y hosterías históricos, entre ellos a la mítica Hostería El Ciervo de Oro, “14 habitaciones suites de neto estilo centro europeo”, como rezaba su publicidad. Acodado en la piscina de “El ciervo de Oro”, un visitante italiano supo decir que no había nada para envidiarle a Capri, al contrario, le parecía que el aire era más puro.

La concentración urbana e institucional pareció darse en torno a los íconos históricos constituidos por los dos tanques que aún señorean en la geografía de Villa Domínguez.

Es común, según se consigna dentro de los estudios urbanísticos, observar núcleos satélites que coincidan con pequeños núcleos históricos dentro de la metrópolis.

La historia está presente a través de los antiguos tanques y algunos restos del final del canal creado por Carlos Nicandro Paz para dar agua a pobladores y fincas. Próximamente, según cuenta Luis Tórtolo, se conocerá un material audiovisual con importantes testimonios elaborado junto a su inefable compañero de ‘EncuentroS’, Eldor “Piti” Bertorello, que relata el devenir del canal, el derrotero del agua en Carlos Paz, y asoma a la construcción de los tanques de almacenamiento.

El tanque de agua de calle Curros Enríquez en la foto del recuerdo del vecino Alcides Beistegui. El tanque estaba en el parque de la casa que hoy es el colegio Arturo Illia. Tenía 8 hectáreas y llegaba hasta el lago. La foto de enero de 1968.
El tanque de agua de calle Curros Enríquez en la foto del recuerdo del vecino Alcides Beistegui. El tanque estaba en el parque de la casa que hoy es el colegio Arturo Illia. Tenía 8 hectáreas y llegaba hasta el lago. La foto de enero de 1968.

La novel comisión del Centro Vecinal Villa Domínguez, a través de su presidente, Orlando Carolio, comentó que, entre los proyectos discutidos con los vecinos, está la puesta en valor del tanque ubicado en la calle Curros Enríquez y Picasso. El tanque, del que se desconoce prácticamente todo dato, fue cuidado por mucho tiempo por el vecino de enfrente, como se relata en la fotografía que acompaña esta nota.

Sin embargo, con la partida del cuidador, los vecinos dicen que el pequeño espacio verde que rodea a la construcción se usa muchas veces para tirar basura y las paredes del tanque para indescifrables grafitis: “Quisiéramos recuperarlo porque es un símbolo del barrio y aún está en un espacio que nos pertenece a todos, al que tenemos acceso. Hemos presentado un proyecto en el programa provincial para Centros Vecinales para poder remozarlo, pintarlo, iluminarlo de otra manera. No descartamos otras posibilidades, como por ejemplo, intervenirlo artísticamente, siempre respetando la idiosincrasia de los vecinos y del barrio. Además, vamos a remodelar la placita con plantas y bancos para que sea un pulmón del barrio y un lugar de encuentro donde se pueda descansar y respirar con el protagonismo del antiguo tanque”.

 

El misterio de la sede

El Centro Vecinal Villa Domínguez se presenta como el más antiguo de la ciudad, tiene casi 70 años de existencia, nació cuando espacio era lo que sobraba y sin embargo, hoy, no cuenta con un espacio propio donde desarrollar sus actividades. Esta curiosidad despierta airadas respuestas en algunos vecinos y resignación en otros.

Entre los airados están los vecinos más antiguos que recuerdan haber aportado dinero para la construcción de la sede que señalan en el lugar que pertenece al Club Villa Domínguez, calle Hipólito Irigoyen al fondo, un codiciado lugar compuesto por dos lotes con construcciones, una de ellas ubicada sobre la costa, y un espacio verde en la esquina de Irigoyen e Illia, la costanera. En efecto, el Centro Vecinal nació como tal pero tiempo después se unió, por decirlo de alguna manera, al Club Villa Domínguez y allí funcionó algo denominado Sub Comisión Vecinal dejando de lado la denominación de Centro Vecinal. Bajo esa figura, se pidió a la municipalidad la expropiación del terreno colindante a las construcciones, el que da a la costanera, para espacio verde que fuera disfrutado por propios y visitantes. Cuál de estas construcciones, espacio verde, salones y demás pertenecía efectivamente al Centro Vecinal queda en la nebulosa, el tema es que hoy no tiene ninguna ni tampoco lo unen lazos con el Club Villa Domínguez. Muy por el contrario, existen documentos entre las cajas y carpetas que componen el archivo de la Comisión Directiva del Centro Vecinal, que van pasando de generación en generación, en los que se da cuenta de una disputa en la que tercia el municipio intentando acercar a las partes para que continúen sus actividades conjuntas.

Hay relatos que recuerdan una última avanzada para “recuperar” la sede que supuestamente se había perdido en manos del Club Villa Domínguez hace unos siete años, mientras tanto, otros, dicen que hay papeles que dan cuenta de que, de alguna manera, eso ya pertenece al Club y no se podrá recuperar.

También es un misterio cómo el Centro Vecinal paga la cuenta de agua del espacio verde de la esquina pero no es el dueño sino que figura a nombre de una S.R.L.

La comisión actual, con gran presencia de ánimo, propone construir otro espacio donde puedan desarrollar las múltiples actividades que sueñan. El lugar está, piensan en un espacio verde que podrían gestionar entre las calles Descote y Urquiza, lo que está alejado es el presupuesto y la respuesta de quienes dicen que por qué van a construir otra sede si ellos ya pusieron plata para una.

Toneladas de papeles e historias orales componen la materia del transcurrir del tiempo en uno de los barrios más característicos de Villa Carlos Paz. Desde el Centro Vecinal dicen que, por ahora, se están reuniendo en la casa de la secretaria de la Comisión, Silvana, sobre Azopardo al 900 frente a la plaza Ecuador. Allí está funcionando provisionalmente su sede y los vecinos que quieran acercarse a proponer y participar tienen las puertas abiertas.

Quieren rescatar, también, la relación con el resto de las instituciones del barrio que se enfrió con el paso del tiempo. Las plazas y los espacios verdes son los primeros beneficiados por una gestión que quiere reencontrarse con aquel empuje que caracterizó a los originales vecinos que soñaron con que unidos llegaban más lejos.

 

Nota correspondiente a la edición n° 434 del semanario La Jornada, del 18 de setiembre de 2016.