Por Alejando Gómez


Títere. Marioneta. Mandadero.

Lo que comenzó siendo un susurro, allá por 2018 cuando Esteban Avilés ‘ungió’ como ‘el heredero’ a Daniel Gómez Gesteira para expandir la hegemonía política de Carlos Paz Unido, ya es una sentencia que se grita a los cuatro vientos. Sin eufemismos.

Y hay que decir que ni Esteban Avilés ni mucho menos Gómez Gesteira han hecho nada para cambiar esa sensación. Todo lo contrario.

La cosa no sería tan grave sino fuera porque, en poco más de un año y medio, ha encaminado la gestión como firme candidata a la peor desde el regreso de la democracia, en 1983. Con diferencia.

Solo hay que repasar algunos momentos históricos de conflictos (incluyendo la crisis social y económica de 2001-2002) para notar las diferencias con el actual gobierno.

La autodenominada Gestión Comunitaria, con GG a la cabeza, se esconde. Convoca discrecionalmente a ‘conferencias de prensa’ guionadas y cuando se logra romper ese cerco y alguien hace alguna pregunta por fuera de lo pautado, la respuesta es un balbuceo insuficiente. Gobiernan a través de spots, videos, e historias en Instagram. Descalifican, aprietan, presionan, mienten, se victimizan y buscan, a costa de cientos de miles de pesos por mes, convencer a la población de una realidad que poco y nada tiene que ver con la cotidianeidad.

Y cuentan para ello con la complicidad de gran parte de los medios de comunicación locales que se entregaron, mansamente, al proyecto político que les asegura una generosa pauta.

Resulta bastante penoso que comunicadores y periodistas que por lo bajo insultan y ridiculizan al mandatario, con cámaras y micrófonos encendidos se muestran completamente alineados.

Algo parecido sucede puertas adentro del Palacio 16 de Julio.

En la intimidad, y en la comunicación entre los funcionarios, es bastante común que cuenten que cuando hay que tomar una decisión sobre una situación complicada hay que consultar con ‘el 1’. El 1 no es otro que Esteban Avilés. GG sería el 2, o el 3, depende el tema.

Nunca pudo, el actual intendente, construir algún liderazgo propio. Y quedó atrapado en ser el ‘títere’ de Avilés con la tarea de cuidar el sillón del Palacio 16 de Julio ante un eventual regreso, si fracasa la aventura política provincial-nacional de su mentor.

Hay que decir, también, que el único mérito de GG –y suficiente, parece- ha sido ser un incondicional de Avilés. Su ‘carrera’ política siempre estuvo a la sombra, desde aquellos primeros años en el Concejo Deliberante cuando era secretario del entonces ascendente edil y su mayor preocupación era mantener constante la provisión de criollitos en la reducida oficina para atender a los invitados.

Luego ocupó por dos períodos la presidencia del Tribunal de Cuentas, hasta que le inventaron un cargo de ‘Coordinador de Gabinete’, como excusa para poder levantar su imagen y hacer campaña con los fondos del municipio para las elecciones de 2019.

Y no les tembló el pulso para realizarlo.

Con esa incapacidad manifiesta de construir liderazgo profundizó los rasgos autoritarios que ya son marca registrada de la Gestión Comunitaria.

‘Es bravo el Dani. Cuando se enoja, agarrate’, dicen.

La excusa del carácter no hizo más que exponer la debilidad de quien se sabe no respetado, ni por los ajenos ni por los propios.

Entonces todo parece muy forzado.

La realidad indica que en lo que va del período de gobierno, se las ingenió para no solo no resolver ninguno de los problemas de la ciudad, sino para crear otros.

En las siguientes páginas se abordará, profusamente, lo que tiene que ver con el servicio de agua y el demencial ataque contra la Coopi, que pone en riesgo una prestación reconocida a todo nivel, más de 200 fuentes de trabajo dignas, y la existencia misma de una institución señera con 57 años de historia.

Respecto al gas natural, y tras el fallido anuncio de una nueva sociedad con la Cooperativa San Roque (GG la presentó como una institución impecable, pero lo cierto es que toda la propuesta era tan mamarracho que ni siquiera pudieron tratarla en el cuerpo legislativo), uno de los servicios que hoy está en manos del municipio (a través de una SA con la Coopi) está cerca de volver a ser privatizado.

El desmantelamiento en el área de Salud no resiste ni el más mínimo análisis. Ajustar el área y echar profesionales, en tiempos de pandemia, es increíble.

Hay que darle mérito a GG en el desembarco de ATE en Villa Carlos Paz. Caricaturizó de tal modo al Sindicato de Trabajadores Municipales, que el personal de salud debió acudir a otro gremio para que defienda sus derechos.

Y mientras los trabajadores de la salud marchan por la ciudad al intendente lo mandan a sacarse fotos con un foquito nuevo destacando que se lo compró ‘con fondos propios’ (parece que el presupuesto de casi 4 mil millones de pesos alcanza justito).

La pandemia del Covid-19 sorprendió a todos los gobiernos, en sus distintos niveles, pero en Villa Carlos Paz dejó al descubierto la ineficiencia y la mezquindad de las autoridades.

Solo vale recordar la denuncia penal contra vecinos que intentaron tejer redes de solidaridad para ayudar a los más golpeados por la crisis.

Un aspecto clave a la hora de analizar esta Gestión Comunitaria es la precarización laboral. Sobre más de 1700 personas vinculadas al municipio, apenas unos 300 integran la planta permanente. El resto tiene contratos de 3 o 6 meses, becas y locaciones de servicios. Con salarios bajísimos.

Pero esto no es casualidad. En 2012, el primer año de gobierno de CPU, el presupuesto tenía incorporados 341 cargos en planta permanente. En 2021 la cifra es de 349. Apenas 8 nuevos cargos en 9 años de gobierno.

Es decir, la precarización deriva en clientelismo y financia la militancia rentada de un partido (CPU) que solo existe como eventual sello en una elección.

Párrafo aparte para la suma del poder público. La Gestión Comunitaria redujo al Concejo de Representantes, el ámbito donde están todos los espacios políticos, a un ring de pelea donde el oficialismo impone sistemáticamente su mayoría automática en medio de descalificaciones permanentes a quienes piensan diferente.

Ni hablar de la defensoría del Pueblo. ¿Daniel Mowszet sigue en ese cargo? La ciudad está incendiada de conflictos y solo hay silencio.

Soberbia. Intolerancia. Discriminación. Incapacidad. Autoritarismo.

Esas son algunas de sus características. Eso es la Gestión Comunitaria. Y Gómez Gesteira es su fiel exponente.

Nota correspondiente a la edición n° 561 del periódico La Jornada, del 27 de enero de 2021.

1 COMMENT

  1. Excelente diagnóstico de un pueblo y su in- tendente, ambos moribundos. Pareciera el Macondo de Garcia Marquez,después de la hojarasca..

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