Por Agustina Sosa

Sin duda alguna, tener la posibilidad de conversar con una eminencia como Pedro Cahn es un gran regalo que te otorga esta profesión. Médico especializado en infectología, fundador de la Fundación Huésped con una amplia trayectoria en la lucha contra el VIH-Sida en nuestro país, es hoy uno de los principales asesores y pilares técnicos del presidente Alberto Fernández para afrontar la pandemia por Covid-19.

Pero, además, con una gran paciencia trasciende a su labor de médico y se toma el tiempo de discutir y desmentir muchos mitos, prejuicios y chicanas que abundan en los medios de comunicación. Tal vez esto se deba a que -mucho más allá que un infectólogo y asesor presidencial- Pedro Cahn sea uno de los grandes referentes por la lucha contra la discriminación que asoma en momentos de crisis humanitaria.

En diálogo con La Jornada, Cahn abordó distintos aspectos relacionados a la pandemia del coronavirus y sus consecuencias, entre ellos, la posibilidad de hallar una vacuna.

“Para otros virus respiratorios se han encontrado vacunas, de modo que no sería imposible que la podamos encontrar para éste. Lo que pasa es que recién el 7 de junio se cumplieron seis meses del descubrimiento del virus. En un tiempo tan corto nunca en la historia de la medicina apareció una vacuna. La vacuna tiene primero que mostrar que es segura, luego tiene que mostrar que es inmunogénica, es decir, que genera la producción de anticuerpos, luego hay que demostrar que esa porción de anticuerpos es duradera porque una vacuna puede ser de una dosis, o puede ser -por ejemplo- como la vacuna antigripal que hay que repetirla todos los años, o puede ser una vacuna que usted la aplica en tres dosis como la de la Hepatitis B que sirve para toda la vida, o pueden ser vacunas que se aplican cada diez años como la vacuna doble adultos antitetánica y antidiftérica, de modo que no sabemos todas esas cosas y tenemos que ir viéndolas sobre la marcha. Yo lo que sé es que hay muchos proyectos de vacunas trabajando, algunos desde ya se están ensayando en seres humanos, y seguramente más tarde de lo que la gente quisiera, pero más temprano de lo que la gente cree vamos a tener probablemente la vacuna”, afirmó.

Respecto al crecimiento de los contagios en las villas o en los lugares más vulnerables de, por ejemplo, Buenos Aires, sostuvo que allí, “al igual que los geriátricos, al igual que las cárceles, al igual que los paradores donde duerme la gente que está en situación de calle, existe una dificultad grande que es la capacidad de mantener el distanciamiento social que es la clave para abordar esta epidemia”.

“En esos lugares no se puede hacer el distanciamiento social, y una vez que el virus se mete, es como tirar un fósforo en una pradera seca y evidentemente se produce un crecimiento importante”, señaló.

De todos modos aclaró, en respuesta al discurso discriminatorio que baja de los medios hegemónicos principalmente, que la enfermedad “llegó a la Villa 31 después de haber aterrizado en Ezeiza”.

“La enfermedad entró por los sectores más altos de la sociedad que son los que de alguna manera tienen o tenemos la posibilidad de viajar de vez en cuando al exterior. Pero, a partir de ahí, la gente que hace trabajos para esa gente más acomodada, que vuelve a vivir después en la villa, llevó la enfermedad para allá”, precisó.

Durante la charla también opinó sobre cómo viene gestionando la crisis sanitaria el presidente Alberto Fernández, y el rol de los infectólogos en el equipo asesor.

“Me impresiona mucho la sobriedad que tiene, la firmeza de sus conceptos. Él, muchas veces va más allá de lo que inclusive algunos de sus colaboradores le plantean, no se crea que como dicen muchos comunicadores -creo que con mala intención- que los infectólogos gobernamos el país o algo por el estilo… eso la verdad me parece un despropósito y creo que tiende a minar la autoridad presidencial. Nosotros damos opiniones acerca de cómo son las cosas, no qué cosas hacer. Nosotros no decimos: “Abra la actividad”; nosotros decimos: ‘Presidente, si usted quiere abrir la actividad, tiene que hacerlo de esta manera, cuidando que en el transporte público no abunde la gente, que en la medida de lo posible más gente no use el transporte público y que vayan caminando, o en bicicleta, o en automóvil. Y que la gente que no tiene ninguna de esas posibilidades, que las empresas les provean algo para transportarse’. Eso es lo que hacemos nosotros los infectólogos. Nosotros no tenemos ni conocimiento ni autoridad para decir ‘abran la industria automotriz pero no la industria petroquímica’. ¿Yo qué entiendo de eso? ¡No! Yo lo que le digo es: ‘Abra la industria que a usted le parezca, pero hágalo en estas condiciones’. Entonces me parece que es una persona muy reflexiva, que toma nota de cada cosa que nosotros le decimos y después nos pregunta si nosotros le recomendamos hacer tal o cual cosa y nos pide que le expliquemos el por qué, diciéndonos: ‘tengo que poder explicárselo a la gente y yo soy abogado, y si no lo entiendo, entonces no lo puedo recomendar’. Así que me parece que es una persona de mentalidad bastante abierta en ese sentido”, evaluó.

Nota correspondiente a la edición n° 554 del periódico La Jornada, del 24 de junio de 2020.

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