Desde Mestizxs entendemos que la danza es un elemento vital de nuestra existencia. No sólo es una forma de expresión lúdica.

También es una herramienta para manifestarnos, de decir lo que oralmente no podemos, de conexión con lo ancestral y lo ritual, de vincularnos con la tierra y nuestra cultura.

Para que en esta coyuntura nadie se quede sin dejarse atravesar por esa bella sensación que es bailar, y que además consideramos necesaria, te vamos a dejar la coreo de un gato.

Va con un poco de su historia. A correr la mesa y las sillas entonces……

Esta danza criolla se bailó en todas las provincias argentinas, desde antes de 1820. Actualmente se baila espontáneamente, por lo que pertenece al folklore vivo.

El origen de su nombre quizás se deba a alguna de las más típicas coplas, donde se aludía en las rimas cantadas:

“Salta la perdiz madre,

salta la infeliz,

que se la lleva el gato.

El gato mis mis”.

Esta danza de galanteo, posiblemente llegó del Perú a principios del 1800, se bailó también en Chile, Uruguay y Paraguay.

En nuestra tierra se arraigó y según  Ventura Lynch (1883) dice “creo no existirá un gaucho que no sepa por lo menos rascar un gato”.

Se trata de un baile alegre y ágil, de pareja suelta, ritmo vivo y picaresca expresividad. La pareja describe un juego amoroso, en el que el hombre persigue a la dama con elegancia y prudencia. Es bailado por todas las clases sociales y en todos los ambientes.

Pero, ¿cómo se baila?

Introducción. 8 compases

Vuelta entera, con castañetas. 8 compases

Giro con castañetas. 4 compases

Zapateo y zarandeo. 8 compases

Media vuelta. Con castañetas. 4 compases

Zapateo y zarandeo. 8 compases

Giro final. 4 compases La segunda parte se baila igual.

Nota correspondiente a la edición n° 552 del periódico La Jornada, del 29 de abril de 2020.

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