Seguramente el primer viaje imaginario nos lleve como una lanza hacia alguna de las festividades más difundidas en nuestro territorio: el famoso carnaval norteño, el litoral con sus pomposas comparsas y, por qué no, incluso fantasear con la posibilidad de un viaje a Brasil como la meca estandarizada del show carnavalesco.

Sin embargo, hay otra fiesta que se celebra no muy lejos del territorio cordobés. Un encuentro tradicional, en el más amplio sentido, donde no se pierde la genuina participación popular y su posibilidad de ir mutando en el tiempo como un elemento dinámico de la cultura ancestral. Hablamos de la Chaya riojana.

Chaya proviene de la voz quechua, que significa ¨rociar¨ o ¨mojar¨. Una festividad que mixtura el sincretismo de influencia europea, de adoración al dios romano Baco, con una fiesta agraria de lxs diaguitas que ya habitaban la América precolombina. Así se combinan elementos del catolicismo, de abstinencia previa a las cuaresmas, donde antes de hacernos santxs nos reunimos con aires libertarios a endiablarnos por un rato. Pero donde también se agradece a la Pachamama su época de cosecha, maduración de los frutos nativos (fundamentalmente aquellos que pueden conservarse, como la algarroba) y su abundancia.

¨Esta es la fiesta del pueblo
Bombo guitarra y cantor
Y unas cajas vidaleras
Y un ansia chayera en el corazón¨

Durante todo el mes de Febrero, buenas son las excusas para que riojanxs se junten, cada unx con su caja desempolvada, para animarse a cantar. El latir de las ¨chirleras¨ vibrando como un gran corazón, nos conecta de manera inmediata con nuestra ancestralidad, para que una ronda de 30 cajas vidaleando nos resuene como un mantra pegadizo en algún patio de tierra.

Durante el comienzo de la festividad, tiene lugar el desentierro del ¨pujllay¨ (ritual similar al de otros lugares con marcada influencia de nuestros pueblos originarios), para luego volver a enterrarlo hasta el próximo año. La aloja y la añapa, utilizadas en ceremonias diaguitas y calchaquíes, siguen siendo las bebidas que acompañan éste juego lúdico con la harina, el barro y el agua.

Otras de sus características vigentes que podemos encontrar son el compadrazgo (donde dos amigxs se regalan un ¨amicho¨ de frutas gemelas que los hermana de por vida), el coronamiento (intercambiando coronas de albahaca, quesilos, flores) y el famoso topamiento. Este último consiste en juntarse, amontonarse y toparse dos bandos: los cumpas por un lado, y las cumpas por el otro. Todo bajo un arco de ofrendas y flores.

Si bien la Chaya no tiene coreografía para bailarla, su conexión con la danza es muy fuerte. Es un encuentro musical con cajas, guitarrerxs y cantorxs. También es muy común que luego de los topamientos, se baile alguna cueca o gato. Es sin dudas, además, una comunión entre hermanxs que nos renueva e iguala en una lluvia de harina durante ese tiempo que parece estar en un limbo, latiendo todo febrero en las casas de los diferentes barrios riojanos.

Columna escrita en base a la entrevista de Ramiro González el 5/8/19 en Villanos Radio.

Nota correspondiente a la edición n° 550 del periódico La Jornada, del 26 de febrero de 2020.

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