Por Evelina Ramírez

“Hola hijo. Acá estamos por vos, en esta plaza que ya es tuya”. Con estas palabras, mirando hacia el cielo y con la voz quebrada por la emoción, Laura Cortez, mamá de Franco Amaya, renovó el reclamo de justicia por su hijo.

Franco tenía 18 años y estaba a punto de recibirse de peluquero. En la madrugada del 22 de febrero de 2017 estaba preparándose para ir a ver a Ulises Bueno en el boliche Molino Rojo. Con su primo Agustín salieron en moto a buscar una camisa.

Cuando circulaban por calle Los Gigantes casi en la intersección con Alem, se encontraron con un control policial. La moto tenía pocos frenos y Franco intentó detenerse utilizando los cambios. Allí es cuando el policía Rodrigo Maximiliano Velardo Bustos le disparó a quemarropa por considerar que estaban evadiendo el control policial.

Su compañero, el agente Oficial Ayudante José Ezequiel Villagra, era el responsable del control vehicular y sólo atinó a darle aviso a un superior cuando ocurrió el hecho, negándose a brindarle ayuda a Franco, que agonizaba. Ambos policías estaban alcoholizados al momento del hecho. Franco fue una de las 11 personas que en 2017 fue asesinada por la policía de la provincia de Córdoba.

“No puedo creer que ya hayan pasado tres años. Es muy triste y doloroso porque tengo ganas de ver a mi hijo, de tocarlo, de abrazarlo. Se me aparece en mis sueños. Siempre viene, siempre está. Lo veo sonriendo. Viene y me abraza. Son tan reales los sueños que eso me reconforta un poquito y me da fuerza para seguir. Todos los días lo tengo en mis pensamientos. Todos los días lo quiero ver. A veces me parece que en cualquier momento va a llegar en la moto o que me lo voy a cruzar en la calle”, expresó Laura en diálogo con VillaNos Radio.

En mayo del 2018 la Cámara 11 del Crimen llevó adelante el juicio. Allí, el policía Bustos fue condenado a 12 años de prisión; mientras que Villagra fue absuelto. La presencia de alcohol en sangre de ambos policías fue considerada un atenuante de la condena.

La mujer insistió en la necesidad de que se lleve adelante un nuevo juicio. Vale recordar que, una vez conocida la sentencia, la familia presentó la apelación. Desde esa fecha y hasta el presente, el recurso de casación se encuentra en la sala penal del Tribunal Superior de Justicia a la espera de una resolución.

“Quiero que se abra un nuevo juicio y que los policías sean condenados como se merecen. 12 años me parece una burla; y la libertad para Villagra, es otra burla. La sentencia no nos dejó conformes. Esperábamos más. Pedíamos cadena perpetua, pero el fiscal se dio vuelta un día antes”, dijo Laura en alusión al fiscal de Cámara, Diego Albornoz, quien pidió la reducción de pena a Bustos y la absolución de Villagra.

“Velardo Bustos no debe responder por la función de funcionario público, sino por la figura básica del homicidio agravado por el uso de arma de fuego (…). Obró incorrectamente pero no abusando de su función”, dijo en el juicio durante los alegatos.

Nada ha cambiado demasiado

A tres años del asesinato de Franco, Laura reconoce que la policía sigue siendo violenta con los jóvenes. “Siguen igual y los chicos le tienen miedo. Cada intervención o juntada que hacemos en los aniversarios de Franco es para llevar el mensaje a los chicos de que no tengan miedo, que hablen, que cuenten lo que les pasa. A los padres también, que escuchen, que estén atentos. Es importante hacer algo antes de que pase lo mismo que le pasó a Franco. Lamentablemente le tocó a mi hijo, pero podría hacer sido cualquier otro chico”, advirtió.

E insistió: “Si son maltratados por la policía, que los chicos les cuenten a sus padres, a sus tíos o a alguna persona de su confianza. Hay que hacer eso para que se busque a ese policía, se lo investigue y se pueda intervenir antes de que ese policía violento mate a otro chico. Evitar otra muerte sería lo mejor”.

Convertir el dolor en lucha

La primera marcha de la que participó Laura Cortez fue a un mes y días de que le arrebataran a su hijo de la manera más atroz. Fue en el día de la Memoria, por la Verdad y la Justicia. Marchó en Córdoba, al lado de Sonia Torres, la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo que aún sigue buscando a su nieto, robado por la dictadura cívico militar.

El camino de justicia la llevó a encontrar a otras madres. Así dio con la Coordinadora de Familiares de Víctimas de Gatillo Fácil. Conoció sus historias y los vericuetos judiciales en las que están empantanadas otras causas de gatillo fácil. 

“No hay peor dolor que la muerte de un hijo. Pero ver como está cada causa judicial, lastima mucho también. Lo que le sucedió a Viviana Alegre, es horroroso. No tener la sepultura de su hijo ni saber que sucedió con él, es mucho peor. A mí me resulta difícil entender porqué mataron a mi hijo, imagínate por lo que debe pasar esa mujer que nunca encontró el cuerpo de su hijo y que no sabe qué pasó con él”, señaló en alusión a Facundo Rivera Alegre, “el rubio del pasaje”, que se encuentra desaparecido desde el 19 de febrero de 2012.

“Yo las acompaño y ellas me acompañan. Son unas leonas, como yo”, destacó Laura.

Somos parte de una sociedad que sigue reclamando justicia para el que crimen de Franco no sea olvidado y no se repita NUNCA MÁS. Con toda la fuerza que tiene el NUNCA MÁS en nuestro país. Porque dijimos nunca más a los asesinatos cometidos desde el Estado. Y a Franco Amaya, no olvidamos, lo mató el Estado.

“Tu memoria sigue viva en esta plaza”

Familiares, amigos y organizaciones sociales llevaron adelante, una vez más, acciones conmemorativas para seguir reclamando justicia. Como todos los años, el lugar donde ocurrió el crimen de Franco-la esquina de Los Gigantes y Alem- quedó señalizado. Su nombre fue plasmando en el cordón cuneta para seguir interpelando, para seguir recordando lo que pasó allí hace tres años. Esa intervención estuvo en manos, una vez más, de Analía Córdoba.

El resto de las acciones conmemorativas se centralizaron en la plazoleta de Av. Perón y Los Gigantes, uno de los espacios públicos que se busca que lleve el nombre de Franco Amaya. 

En el lugar hubo música en vivo, intervenciones fotográficas y muraleada. Los artistas plásticos Fernando Brozincevic y Daniela “Luva” Luvatti (Luva) plasmaron en la pared el deseo colectivo de que ese espacio público lleve el nombre del joven asesinado por la policía. Vale mencionar que entre los músicos intervinientes estuvo el DJ Luciano Amaya, hermano de Franco.

En el lugar se dejó plantado un árbol como símbolo de vida y de memoria activa. La especie elegida fue caesalpinia gilliesii, más conocida como “plumerillo de oro”, “lagaña de perro” o “barba de chivo”, una planta nativa que además ha sido declarada flor típica de nuestra ciudad por ordenanza 2479.

“Tu memoria sigue viva en esta plaza. Y será así por muchos años”, dijo Laura desde el escenario y agregó: “Quiero decirles a los que no quieren que esta sea la plaza de Franco, que igual será de él. Guste a quien le guste, esta será su plaza. Por la memoria de Franco Amaya y por la lucha de tantas madres de toda Córdoba y de toda Argentina, que como yo han perdido un hijo por una bala policial”.

Nota correspondiente a la edición n° 550 del periódico La Jornada, del 26 de febrero de 2020.

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