El contundente show que ofreció el pasado domingo el rapero Wos ante un público de perfil rockero; las multitudes que se concentraron frente a los escenarios en donde actuaban representantes de los nuevos ritmos urbanos y la invitación de bandas tradicionales a esos artistas en sus sets dieron la pauta de que el tradicional festival Cosquín Rock comenzó a acusar recibo de los cambios que se están produciendo a nivel artístico en la escena local.

Estos fenómenos visibilizados con fuerza en la 20° edición del festival que se celebró el fin de semana en el aeródromo Santa María de Punilla, en Córdoba, toman mayor relieve si se tiene en cuenta que la organización siguió apostando, en algunos casos adrede y en otros de manera más solapada, a la distribución de escenarios de acuerdo a los estilos musicales.

En este sentido, el principal escenario Norte concentró a las bandas tradicionales, tal el caso de Divididos, Las Pelotas, Los Ratones Paranoicos, Ciro y Los Persas, la banda de Charly García, Skay y Los Fakires, Guasones, Los Auténticos Decadentes, Los Caballeros de la Quema y Las Pastillas del Abuelo, por citar algunos.

Sin embargo, en este caso, el show de Wos, una excepción a la regla, ante un público que despedía a Los Gardelitos y esperaba a La Vela Puerca, dos bandas que representan en cierta forma el llamado rock barrial, provocó un sacudón.

Acaso por su energía, sus letras contestatarias, y la calidad y versatilidad de su banda, ni siquiera el rockero más extremo, que podría llegar a aislarse en su submundo musical, ignoró esta irrupción, para luego quedar cautivado por esa performance.

Por otra parte, el escenario Sur, ubicado en el otro extremo del predio, tanto a nivel físico como estilístico, concentró a representantes de un sonido más alternativo y a estos nuevos ritmos urbanos, tal el caso de Duki, Cazzu, Ca7riel y Paco Amoroso, Emanero, Nathy Peluso, Louta, la chilena Mon Laferte, Él Mató a un Policía Motorizado y Babasónicos, como único caso de banda consagrada.

Pero los más de 500 metros que había que atravesar para llegar de un escenario a otro resultó sólo material, porque hubo invitaciones cruzadas y un público que iba y venía de un lado a otro para poder disfrutar de las distintas propuestas.

Los Gardelitos y Cazzu fueron dos de los artistas que tendieron un puente entre ambos estilos, del mismo modo que Ciro abrió el juego cuando tuvo a Wos desgranando sus rimas en medio de una versión de “Pistolas”, de la que además participó el hijo de 10 años del ex líder de Los Piojos, acaso otro gran símbolo de lo que se viene.

Del mismo modo, el homenaje a Charly García, ideado a último momento ante la ausencia de la máxima estrella del rock argentino por un problema de salud, contó con su habitual banda y representantes de la vieja guardia como León Gieco, Nito Mestre, Celeste Carballo e Hilda Lizarazu, por citar algunos nombres; pero también incluyó a Louta, miembros de Bándalos Chinos y Nathy Peluso, entre otros.

Una oferta musical para todos los gustos
Si bien es cierto que las 120.000 personas que circularon por el predio en los dos días del festival representan un número que permite shows masivos de cualquier género, incluso en horarios simultáneos, como ocurrió al momento que coincidieron Babasónicos y Ciro, también es real que esa misma gente osciló entre los escenarios Norte y Sur, visitó carpas alternativas, pasó por La Casita del Blues o colmó el espacio donde se desarrolló el concierto acústico de los mexicanos de Molotov.

Este panorama no impidió que se mantuvieran algunos públicos cautivos que hicieron que los focos del festival estuvieran puestos en aquellas bandas tradicionales mencionadas al principio, pero más allá del imán que puede representar la música de Charly García, la potencia inoxidable de Divididos, la fidelidad a un estilo que representa Skay o la certeza que dejaron Los Ratones Paranoicos que no hay copia que supere al original, algunos propuestas sonaron reiterativas y pidieron a gritos una renovación.

En tal sentido, muchas de las bandas tradicionales, en especial aquellas que se inscribieron en su momento en el llamado rock barrial o que se ubicaron en la cima de las preferencias y no innovaron su sonido desde entonces, ofrecieron sets opacos, carentes de sorpresas y sólo animaron a los fans que aún agitan banderas.

Pero así como el alarde que puede hacer la organización de este encuentro de la variedad estilística, choca la insistencia en distribuir los shows en escenarios veladamente temáticos; lo mismo podría decirse de la presencia de artistas femeninas, una cuestión que le generó más de un dolor de cabeza al empresario José Palazzo, máximo responsable del Cosquín Rock.

Es que si bien los fríos números afirman que se cumplió y hasta se superó el cupo exigido, también es cierto que las artistas femeninas, salvo excepciones, no ocuparon horarios centrales ni fueron parte del escenario principal.

La alta expectativa de la gente por ver a Mon Laferte, Nathy Peluso y Cazzu, por citar algunos nombres, o el talento demostrado por Natasha Iurcovich, bajista de Wos, piden a gritos colar estos números entre los nombres históricos a la hora de organizar la grilla.

Los 20 años de este encuentro provocó además que se anuncie una edición especial prevista por única vez en la Ciudad de Buenos Aires para el próximo 10 y 11 de octubre, en un predio a definir.

Télam

Compartí esta nota y seguinos en las redes

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here