Una investigación recientemente publicada por el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) permite definir, mediante una escala numérica que va del cero al diez, cuán bien viven las personas según su lugar de residencia en el país.

El proyecto, que en sus comienzos se centró especialmente en la región pampeana y en el conurbano bonaerense, se fue expandiendo hasta abarcar toda la Argentina a través de la colaboración de una red nacional de más de cincuenta investigadores.

En este contexto se desarrolló un mapa interactivo que permite conocer el nivel de calidad de vida en los más de 52 mil radios censales en lo que se divide la Argentina. Cuanto mayor es el índice en determinado lugar, más verde se lo verá en el mapa, mientras que el rojo indica lo contrario.

Para definir qué tan bien vive la gente que reside en un área determinada se tomaron dos grandes grupos de indicadores: los socioeconómicos y los ambientales.

Actualmente la ecuación que utilizan los investigadores para calcular el índice de calidad de vida (ICV) en diferentes puntos del país atribuye un 60 por ciento del peso a los diversos componentes socioeconómicos y un 40 por ciento a los ambientales.

Si uno ‘navega’ por el mapa interactivo puede ver, gráficamente, que la región donde está incluida Villa Carlos Paz está pintada de verde oscuro. Esto quiere decir que, en general, nuestra ciudad está entre los lugares con mejor calidad de vida.

Pero decimos ‘en general’ porque si hacemos zoom en el mapa, acercándonos a los distintos barrios, se podrán apreciar ‘manchones’ que si bien no llegan al color rojo que caracteriza a los sitios con peor calidad de vida, dejan ver que existen necesidades (socioeconómicas y ambientales) insatisfechas.

En este sentido, los lugares más ‘críticos’ de Villa Carlos Paz se encuentran al sur (Miguel Muñoz B) y al oeste (Carlos Paz Sierras y Colinas).

“En cualquier localidad es notable la cuestión de centro periferia”

Guillermo Velázquez es investigador superior del Conicet en el Instituto de Geografía Historia y Ciencias Sociales y desde hace más de veinte años trabaja en el estudio de la calidad de vida desde una perspectiva geográfica.

“La calidad de vida es un concepto relacionado con el bienestar de las personas. En ese sentido, depende de ciertas bases materiales, pero está lejos de reducirse a ellas. Si la calidad de vida se redujera meramente al consumo o a algunos indicadores socioeconómicos básicos, sería mucho más sencillo estimarla, pero sabemos que se trata de un fenómeno más complejo en el que también entran en juego variables de otro tipo, que tienen que ver con la escala de valores de la sociedad y las expectativas de progreso histórico”, reflexionó.

En diálogo con VillaNos Radio repasó que, “hace ocho años nos propusimos aumentar la escala de análisis y llegar a los radios censales. En cada una de estas unidades hay 300 casas como máximo, alrededor de 1000 personas. En estos territorios muy finitos aplicamos el mismo índice que veníamos aplicando a escala nacional para los departamentos”.

El mapa se creó en un trabajo interdisciplinario en colaboración con el grupo que dirige Alejandro Zunino, investigador principal del Conicet en el Instituto Superior de Ingeniería de Software Tandil (ISISTAN, CONICET-UNCPBA).

Velázquez precisó que se tomaron “unos 40 indicadores para cada lugar” y que, “la cuestión ambiental tiene una complejidad que vamos trabajando de forma creciente”.

“Dentro de lo ambiental incluimos, en un sentido amplio, la presencia de asentamientos precarios, basurales, inundabilidad, terremotos, disconfort climático, contaminación. También, si hay relieves, espejos de agua, ríos, playas, termas. Todo eso lo llevamos a una escala numérica y lo analizamos para todo el territorio desde Tierra del Fuego a Jujuy”, detalló. Y aclaró que la información se revisa, “desde el punto de vista de los residentes, los que viven en Carlos paz, Bariloche y Mar del Plata y las diferencias que tienen entre sí, más allá de que sean lugares lindos para el turismo”.

En cuanto a los resultados, el investigador destacó que, “uno no tan conocido permite pensar la relación entre el tamaño de las ciudades y la calidad de vida”.

“Cuando las ciudades pasan del millón de habitantes, por diversas razones que tienen que ver sobre todo con lo ambiental, la calidad de vida empieza a bajar. Empieza a haber problemas de congestionamiento, contaminación, suministro de agua, evacuación de residuos, conflictividad social, siniestrialidad…

Por otro lado, en ciudades chicas por debajo de los 50 mil habitantes no hay oferta educativa universitaria, centros de salud de alta complejidad, en general hay escasa oferta cultural. El resultado es que entre 50 mil y 1 millón de habitantes tenés la mejor situación en términos genéricos de calidad de vida. Las ciudades intermedias dan un escenario más favorable en cuanto a la calidad de vida”, sostuvo.

Velázquez apuntó también que en cualquier localidad “es notable la cuestión de centro periferia, en algunos casos es suave y en otros es muy fuerte”.

“En algunas ciudades salís del centro y en un radio de 10 kilómetros bajás entre 4 y hasta 5 puntos la calidad de vida. Es impresionante que en tan poco territorio haya una diferencia tan abismal, no sólo en ciudades grandes sino en ciudades intermedias también”, remarcó.

Nota correspondiente a la edición n° 546 del periódico La Jornada, del 30 de octubre de 2019.

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