Por Felipe Etkin

Polvareda de chacareras, los camalotes del litoral, la lítica de los trovadores populares y la bohemia de un guitarrero que se encierra en el sonido de sus propias canciones son algunas de las entidades que habitan en la mágica garganta de Liliana Herrero. Una raíz que se vuelve cartografía de canciones y envuelve bajo un mismo pañuelo a los fundamentales de la música popular argentina.

La cantante nació en 1948 en la localidad entrerriana de Villaguay y en 1966 se radicó en Rosario para habitar las aulas -primero como estudiante, luego como docente- de la carrera universitaria de Filosofía. En retrospectiva diría años más tarde que la forma de encarar y convidar un texto filosófico no es una operación tan diferente de la de tomar por las astas una canción, intervenirla y convidarla al público.

Durante el 2018, las puertas del estudio de grabación se abrieron para recibirla con un manojo de canciones y un sexteto que va acompasando sus fraseos irreverentes. Fue hace pocos meses que “Canción sobre canción” vio la luz. Se trata de un trabajo discográfico que reúne 11 canciones compuestas por Fito Páez entre los años 1984 y 2000 y que la cantante decidió versionar para celebrar su amistad con el músico rosarino. Fruto de un proceso de financiamiento colectivo, el disco producido por producido por IICES y editado bajo el sello Elefante En La Habitación, ya fue galardonado con el Premio Gardel al Mejor Disco conceptual del año.

Ante el lanzamiento del álbum, el ex director de la Biblioteca Nacional, Horacio González expresó en breves palabras su esencia: “Liliana Herrero cumplió a su vez su propio ciclo musical, como un hilo testimonial paralelo, que sostenido por una lejana amistad rosarina, vio que había llegado el momento de unir las puntas del mismo lazo. Consecuencia de ese deseo de conjunción, tomó un puñado de canciones de Fito para sacudirlas por dentro con una delicadeza que solo una larga fraternidad podría explicar”.

Sucede que el vínculo cercano entre los dos artistas comenzó en los inicios de la carrera de la cantante; y, de hecho, Páez cumplió un rol central como productor en el lanzamiento de su primer disco homónimo en 1987.

Desde aquel puntapié su carrera no tuvo freno, gracias a lo cual hoy tenemos un testimonio sonoro que recrea de forma atrevida una parte de las músicas elementales que acompañaron nuestra cultura e historia reciente.

Liliana Herrero presentará su último álbum en la ciudad de Córdoba los días 13 y 14 de septiembre a las 21 en el salón Agustín Tosco del Sindicato Luz y Fuerza ubicado en la calle Deán Funes 672 de la capital provincial. Las entradas pueden adquirirse de manera on-line a un valor de $400 en Alternativa Teatral.

– ¿Preferís separarte de la idea de disco tributo?

– La verdad que esto no es un homenaje ni un tributo. Se trata de una celebración a una antigua amistad que mantenemos al día de hoy con Fito. A su vez, está presente también la intensión de que funcione como una acción de espejo con lo que él hizo conmigo muchos años atrás. Para mí siempre fue algo pendiente grabar un disco con canciones de él; muchas veces pasa que una nunca sabe cuándo será el momento justo para hacerlo pero de pronto se sorprende grabándolo y realizando toda la producción que implica esta gran celebración.

– ¿Cómo planteas tu intervención musical para crear algo innovador sin romper con la raíz original?

– Siembre hay una tensión permanente entre la composición original y mi intervención sobre esas sonoridades; y esto ocurre por la forma en la que yo busco y quiero intervenir en las canciones. Justamente tiene que ser eso: crear una tensión que señala que las obras pueden ser visitadas nuevamente, cualquiera sean ellas. No deben perder el pañuelo, como decía el Cuchi Leguizamón, pero al mismo tiempo llegar a ser una nueva entidad. Esas tensiones estéticas son extraordinarias.

– En otras oportunidades has comparado las canciones con los textos que enseñabas en un aula, ¿podrías decir que tus interpretaciones son lecturas o más bien un género ensayístico?

– En los textos tanto la lectura como el género ensayístico se superponen. En las canciones también pasa esto mismo. Intento que lo mío sea una intervención artística buscando otros paisajes musicales, con otros instrumentos y otras músicas que susciten otras maneras de percibir una obra. Se trata más de un diálogo que de otra cosa. A su vez, intento interrogarme sobre qué es lo que quiero decir y qué no quiero decir. De la misma forma que a veces sucede que al sustraerle una palabra o una frase a un texto todo el sentido cambia, con las canciones acontece algo similar.

– Lo que también modifica la recepción que tiene el público de eso…

– Pienso que sí, además las canciones de Fito son muy conocidas. Tal vez suceden otras experiencias cuando son composiciones no tan conocidas y la intervención mía no queda tan a la vista. Pero nunca dejo de hacer eso, yo no estoy dispuesta a realizar las versiones originales. Ninguna canción pide que la modifiques o la versiones, pero cuando me dispongo a cantarlas y grabarlas hay una acción de intervención que mi propio corazón me lo pide para buscar otros horizontes sonoros.

– ¿Por lo tanto se ponen en juego dimensiones colectivas y también individuales?

– Es algo que fui eligiendo y se fue amasando en mucho tiempo; nada sucedió de entrada. Cuando grabé el primer disco hubo una intervención muy clara de mi parte y se armó un lío bárbaro, sobre todo en el ámbito del folklore que en aquellos años era muy cerrado. Pero es algo inevitable, yo necesito realizar esa práctica estética.

– ¿Cómo te llevas con el contexto musical de la actualidad?

– Hay muchas propuestas interesantes. En la televisión la música casi que no existe más, hay pocas alternativas. Lo que se escucha por la radio es muy pobre también, ¡ya ni ponen Spinetta! En los medios reproducen un circuito chico, conocen poco y no saben qué es lo que está sucediendo artísticamente en el país. Existen un montón de músicos maravillosos que en este momento están creando contenido, realizan sus conciertos y lanzan discos pero los medios masivos les dan la espalda.

– En estos tiempos de adversidad política y económica, ¿existe también una adversidad cultural?

– Absolutamente, todo esto es el resultado de una banalización de la imagen y el lenguaje. Todo se dirige a restarle complejidad a las cosas. Vivimos en un mundo de cosas complejas a las que los medios les despojan esa complejidad a todo lo que cruzan a su paso. Eso genera un desastre cultural enorme. Si alguna vez llegamos a la tan proclamada “batalla cultural” será muy intensa; sobre todo porque se forma un sentido común muy acotado. Nos sometemos a esto diariamente y la gente queda capturada por esa lengua horrible.

– ¿Esto genera una demanda de que lo estético y lo político vayan de la mano?

– No creo que hayan estado separadas nunca. Más allá de que tengan sus especificidades no hay otra alternativa a esa unión; cuando pensás una estética pensás también una política. No es literal ni sencilla esta relación, pero sucede con una complejidad particular de manera permanente. El hecho estético desarma las cosas y le pone una traba a la maquinaria; en ese aspecto hay una dimensión netamente política.

– A pesar de que sos una artista de larga trayectoria, ¿sigue siendo dificultoso concretar el lanzamiento de un disco?

– Por supuesto, es así para quienes no pertenecemos al mainstream ni a las compañías multinacionales. Cada disco es una enorme dificultad, no solo musical y artística sino financiera. Yo siempre me invento algo para poder concretarlo. Este último pudimos hacerlo gracias a un financiamiento colectivo y la respuesta del público fue sumamente positiva. La parte económica es complicada y puede angustiarte un poco en el momento, pero se resuelve; a lo que realmente le temo es a no tener una idea o un acorde.

Canción sobre canción

En la grabación de este disco participaron los músicos Ariel Naón en bajo y contrabajo, Mariano Agustoni en piano y teclados, Mariano Canterio en batería y percusión, Martín Pantyrner en clarinete bajo y saxo soprano, Pedro Rossi en guitarra y Federico Siksnys en bandoneón.

Todas las voces fueron grabadas por Liliana Herrero con la colaboración de Fernando Cabrera y Gustavo Cortés de Sig Ragga en dos temas.

Lista de canciones:

Giros

Mariposa Tecknicolor (feat. Fernando Cabrera)

Del 63

Carabelas Nada

Dejarlas Partir (para Rita y Lino)

Tatuaje Falso

Tres Agujas

Ambar Violeta

Instant Táneas

Abre (feat. Gustavo Cortés de Sig Ragga)

DLG

Nota correspondiente a la edición n° 544 del periódico La Jornada, del 28 de agosto de 2019.

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